Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C LUNES 20 DE AGOSTO DE 1906. PAG 7. EDICIÓN 1 el btien acuerdo de facilitar la edificación cediendo lotes gratuitos á ios albañiles que allí construyeran sus viviendas; como lo hizo el primero Sabino Alcalde, siguiéndole Carabella, Magalet, la Aragonesa y Juan el Montañés, fundadores del barrio como edificadores y habitantes de casas de un solo piso. El caserío fuá en aumento, y las dos sendas de comunicación con la ciudad, que entonces eran la del parador de las Ventas del Espíritu Santo y la de Canillas, resultaron pronto insuficientes para el tráfico del vecindario, y fue necesario abrir el primer camino de herradura, directo, por el mismo sitio que hoy ocupa la calle de Diego de León, afluyente á laxle Serrano. Aquel puñado de trabajadores madrileños allí agrupados, no tenían tiempo de venir hasta la corte á cumplir las prácticas religiosas, y se congregaban los días de precepto en el portal de la casa de la Aragonesa, orando al pie de una escultura de la Virgen del Pilar que la baturrica tenía colocada en una rústica hornacina, siempre adornada con ramos de las mejores rosas de los huertos. Pero llegó el momento en que los fieles no cabían en tan reducido oratorio, y se pensó en construir, por suscripción vecinal, una ermita para su Virgen predilecta, análogamente á lo que proyectaban los de la Prosperidad para su patrona, la Virgen del Carmen, y uniendo á lo recaudado el producto de algunas corridas dé toretes y bailes campestres, pronto vieron satisfechos sus deseos y acabada la diminuta iglesia en la pintoresca plazoleta que hoy lleva el nombre de plaza del Pilar. Recientemente se inauguró un templo en la calle de Cartagena, destinado á parroquia de los dos barrios, y al cual fueron trasladadas sus respectivas Patronas, que anualmente festejan con gran entusiasmo, sin olvidar nunca los de la Prosperidad la casa de la calle de Luis Cabrera, donde una devota guardaba á la Virgen del Monte Carmelo, ni los de la Guindalera la casita de la callé de Ferter del Río, esquina á la de Ardemahs, donde la zaragozana hizo popular el cuito de su PÜarica. La transformación del, caserío se va realizando rápidamente, tal vez con demasiada celeridad; pues la fanega de tierra, que hace treinta años valía 15o pesetas, hoy se paga á seis reales el pie cuadrado; y al lado de las campestres casitas de un solo cuerpo, han sido levantados, no sólo lindos hotelitos, sino edificios de varios pisos, parecidos á las modernas casas de vecindad del casco de Madrid, y tales como la del núm. 12 de la calle de Juan de la Hoz, donde hay 32 cuartos, habitados por 15o individuos. Este inexplicable aprovechamiento de espacio, tal vez obligado por las industrias establecidas, hacen que la Guindalera se asemeje más al suburbio de la ciudad comercial inglesa que al caserío de la pintoresca población suiza. Y por eso, seguramente, las calles se delinearon con exagerada estrechura, resultando la expansión vecinal más de fuera á dentro, que de dentro á fuera. A pesar de todo, su ambiente es muy semejante al que se disfruta en la Prosperidad. Y como en este barrio, en la Guindalera la epidemia colérica no pudo contaminar las salutíferas ráfagas de viento, que satura los pulmones, fertíiiza los jardines y conserva la salud de aquel vecindario. La vida allí se hace tranquila y apacible, y dentro del propio hogar abundan las inocentes distracciones que prestan el cultivo de ios jardines y el cuidado de las aves de corral, industria casera tan atendida, que alguno, como el peritísimo profesor de primera enseñanza, en los ratos que le dejan libre sus horas de colegio, ha ideado y construido una incubadora de rústico aspecto, pero de sororendentes resultados. Todas estas reformas que hermosean el barrio, donde tienen su residencia, por temporadas, aristocráticas familias, se han implantado recientemente; pero no por eso dejan de causar asombro á los antiguos habitantes, que como el popular Juan el Montañés, desde su casita, una de las primeramente construidas, ve cubrirse las explanadas de hoteles, contempla los cables eléctricos que pasan apoyados en los caballetes del vetusto tejado de aguilón, y se admira de que un hilito metálico, horadando tabiques, penetre llenando de luz el moderno restaurant, ayer obscuro mesón en el cual chisporroteaba la oscilante llama del pestilente reverbero de Lucena. RÓMULO MURO UNA CAPITAL DESTRUIDA POR EL TERREMOTO VALPARAÍSO. VÍSTA GENERAL DE LA POBLACIÓN