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i fl- ÁIIM 5 s l! sr s f I 1 V -i f. iW ¿g Fot. Lacoste 7 VISTA GENERAL PANORÁMICA DE LA d U D A E Trenes domingueros duque de los U nos 3oo competidores del pasado dominAbruzzos se decidieron el go á atravesar las extensas planicies del Senegal manchego, con el proposito de aprovechar los billetes especiales de ¡da y vuelta á Toledo, ciudad en que hay tanto bueno que ver y, en esta época, no poco que sudar. Y como no había sido previamente organi zada tan arriesgada expedición, nos resultó el convoy un verdadero tren- estufa, que dio motivo á la primera aventura: la de tomar por asalto el único coche moderno, de segunda clase, que figuraba en el tren, y que constituía un verdadero oasis en aquel desiei to ferrocarrilero. A las ocho y quince minutos salimos de la estación, y antes de atravesar la famosa cuenca del Mazanares, ya se había establecido entre los viajeros tan espontanea y fraternal confianza, que en las rejillas fueron democráticamente depositados juntos el saqué de irreprochable corte ingles, la entablada guayabera, adquirida en modesto comercio de la: calle de Toledo, y la humilde americana del bazar de San Antonio. Así, aligeradlos de ropa, utilizando como ventiladores sombreros, periódicos y pañuelos, los excursionistas vieron pasar ante su vista caldeados rastrojos, mustios viñedos y lacios olivares, y disfrutar del extraño concierto campestre que resultaba del estridente rechinar de las carretas cargadas de mies y del monótono chirrido de grillos y chicharras. El paso de cada estación se señaiaDa con ansiosas caricias á las jarrillas de agua que ofrecían aldeanas y rapaces, sin más variante que la del asalto de la cantina de Algodor, donde glandes y chicos jóvenes y viejos, apreciaron como licor de los dioses la refrescante cerveza y el bautizado vinillo del país. Aun cuando en sentido refrigerante, nadie lo había notado, desde Yillaseca, el Tajo, for 11- T r- EN LA PLAZA DE ZOCODOVER. LAS AGUADORAS fot Garces mando recodos, era vecino del camino de hie- do Chindasvinto, rey pétreo del paseo de la Rosa, víctima constante de las iras infantiles, y rro; pero la cristalina superficie reflejando los rayos solares, ofrecía más caliginosos destellos apurar nuevas botellas de cerveza ó de gaseosa en el ventorro de San Servando. que frescos efluvios. Se atravesó con demasiada rapidez el puenLa llegada á la estación de Toledo constituyó una nueva aventura El asalto de los óm- te de Alcántara, sin que el calor dejara gana nibus para subir á la ciudad, delicia que sólo de contemplarlos pintorescos panoramas de la disfrutaron los más audaces, mirados con en- vega de Safont y de los Ciga rales, á cuyas vidia por los que tuvieron que subir á pie las faldas juguetea el río, quebrándose en rugienempinadas cuestas, pudiendo saludar al invali- tes cascadas, y se realizó la ascensión al moderno paseo del M u adero, por la escalinata de 190 peldaños y de construcción reciente, que agota las energías del turista y resulta una censurable profanación del arte por haber manchado la soberbia vista del atrevido murallón con un feo caminillo de escalones recochos y de tramos empedrados Los excursionistas llegan rendidos a Zocodover, el famoso mercado árabe, que va perdiendo paulatinamente su típico aspecto, merced á las desdichadas reformas que en compe- w tencia hacen corporaciones y particulares, olvidándose de que la destrucción del arte antiguo en Toledo supone para la ciudad un verdadera caso de suicidio. Toledo, que ha sido, y algo esencial de ese carácter conserva, el Museo patrio de riquezas arquitectónicas, podría satisfacer sus anhe 1 1 los modernistas extendiéndola nueva vida social fuera del recinto murado, donde tendrían apropiado campo de acción determinados adelantos, á los cuales facilitarían espacio la hermosa vega y energía industrial el caudaloso Tajo; y así, la población moderna rodearía á la vieja toleilola como el lujoso estuche gualda las alhajas. EXCURSIONISTAS EN EL PEÑÓN DEL BAÑO DE LA CAVA Fct Cerezo. V v v