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A B C VIERNES 10 DE AGOSTO DE 9 ¿6: PAG, n EDICIÓN i LA CATÁSTROFE DE CARTAGENA 1 MPRES 1O NES DE Un particular y querido amigo nuestro, UN PASAJERO cuyo hermano político se dirigía á Buenos Aires á bordo del Sirio, nos autoriza para publicar los siguientes fragmentos de una carta recibida ayer, que tienen el inestimable valor de relatar la catástrofe con la sinceridad de un testigo presencial que, al transcribir sus impresiones, no pensaba en darlas á la estampa. Sofocado por el calor y no sabiendo cómo luchar contra la modorra que me invadía, bajé á mi camarote, serían las tres y media de la tarde, y allí medio desnudo- -detalle que luego me permitió ganar tiempo- -me puse á escribiros á ti y mi hermana. De pronto una fuerte sacudida, como un bandazo, me tiró al suelo, y un griterío lejano y un ruido extraño me hicieron comprender que ocurría algo grave. Subí no sé cómo, saltando escalones á cubierta, y lo que vi no se me olvidará nunca aunque viva cien años. El buque se sumergía por la popa rápidamente y los pasajeros corrían de un lado para otro enloquecidos, sin que nadie, ni un oficial, ni un marinero tomase la menor disposición. Todos gritábamos sin saber lo que decíamos, por el ansia acaso de oir nuestra voz en aquel terrible instante. Unos Uorab, an, otros blasfemaban; todos estábamos aterrados, do- minados por la brutal sorpresa de lo inesperado. Cuando reflexiono ahora y recuerdo lo pasado, comprendo que precisamente lo imprevisto de la catástrofe aumentó su gravedad. Si hubiera habido temporal ó hubiésemos navegado por un paraje peligroso, no nos habría sorprendido aquello; pero en aquel sitio, con h, costa á la vista y con una mar tan llana y un día tan espléndido, ¿quién podía figurarse aue íbamos á naufragar? E 1 pánico se apoderó de la tripulación y del pasaje instantáneamente y las escenas de feorror y de salvaje lucha por la vida fueron terribles é imposibles de enumerar. Yo recuerdo aquella espantosa visión como si fuera tino de esos malos sueños que nos acongojan. Hombres y mujeres peleaban á golpes, á puntapiés y á mordiscos. Junto á mí, un hombre alto y fornido derribó al suelo de una patada en el vientre á una jcven, casi una niña, para quitarla un salvavidas... Delante de la chimenea, apoyándose en ella, un hombre bien portado se disparó un revólver en el cráneo... Otro joven, un muchacho de unos veinte años, forcejeando con un sacerdote que asido á una cuerda descendía al mar, logró quitarle un cinturón de salvamento y se alejó flotando, mientras el sacerdote anciano se hundía en el agua para siempre. Nadie desataba los cabestrantes de los botes invadidos por la multitud. Vi cortar unas cuerdas con tan poca destreza, que uno de los botes quedó colgando y asidos á él unas cuantas mujeres y un niño. Todos cayeron al mar. EI agua seguía subiendo y el barco hundiéndose por momentos. Además, como la proa estaba en alto, era imposible andar. Arrastrándonos á gatas, peleábamos unos con otros con rabia feroz. Allí no había hombres ni mujeres, sino una manada de lobos acometiéndose á dentelladas para ganar una pulgada de terreno, para pasar los unos por encima de los otros, para conseguir lanzarse sobre las lanchas que acudían en nuestro socorro. ...Cuanto se diga contra la impericia de 1 a tripulación y el punible incumplimiento del más elemental deber por parte de la oficialidad, será pálido. Ci n o e diga en elogio de los que desde Palos finieron á, socorrernos y en particular del heroico Bohigues, patrón de Un laúd, que saltó á bordo del Sino y que con un revólver en la mano, que luego se supo estaba descargado, se impuso á todos nosotros, organizando el salvamento de más de 3oo personas, sería poco. No puedo contarte cómo me vi en saívo y cómo nos vimos otros tantos. Fue aquel último momento el más terrible de todos. Caí al agua varias veces. Otras tantas subí á flote. Me golpearon, golpeé y cuando empecé á darme cuenta de mi situación me encontré lleno de cardenales, heridas y con una oreja desgarrada por otro náufrago que se ahogaba y que se asió á mí, mirándome con unos ojos que no olvidaré jamás. Entonces me desprendí de él sin sentir el dolor de mi carne lacerada, y vi estremecido de espanto hundirse á una pobre mujer que levantaba en alto á un niño crispado ya y muerto... ¡Cuánto horror... No puedo contarlo. Cartagena, y Mgosto. POR TELÉGRAFO legada del Jldria. Cartagena, 9, 12 m. Ha llegado á este puerto, procedente de Genova, el vapor Adria, de la Compañía general italiana de Navegación. Tan pronto como fondeó, subió á bordo el cónsul general de Italia, dictando disposiciones, en virtud de las cuales, esta tarde embarcarán en el Jldria todos los náufragos y allí comerán y se proveerán de rocas los que aún carezcan de ellas. El Adria permanecerá aquí hasta la llegada del vapor Jlalia, que es esperado el sábado próximo. Esta mañana y por orden del cónsul, numerosos náufragos de todas las naciones, se proveyeron de ropas interiores en el establecimiento de la Aduane Se ha recibido un telegrama anunciando que en breve llegará otro vapor italiano con material para intentar el salvamento del buque náufrago. JP 1 Sirio se hunde. El Sino sigue inclinándose progresivamente sobre la banda de estribor. Anoche se sumergió un metro más, cubriendo ya el agua las chimeneas. Corografías interesantes. Momentos antes de observarse en el Sirio ese movimiento de inmersión, el redactor artístico de A B C Sr. Haro, que se encontraba en un remolcador á corta distancia de aquél, obtuvo una de las más interesantes fotografías que se han sacado del buque náufrago. El Sr. Haro, como otros muchos corresponsales artísticos, venía realizando grandes esfuerzos para obtener una fotografía del comandante Piccone; pero sus buenos deseos se estrellaban ante la invencible resistencia que oponía el viejo marino á ser retratado. Ayer, nuestro compañero, que no cejaba en su empeño, logró sorprender- á Piccone, retratándole en una posición que revela su inmensa tristeza. Muchas fotografías han sido ya enviadas por correo á la redacción de A B C. C n e l Adria Cartagena, 9, 8 Kegreso de mí excursión á bordo del vaoor Jldria, adonde fui para adquirir noticias. El Adria es un buque de 1.157 toneladas, lo manda el capitán D. Alberto Muzión y S U tripulación se compone de 53 hombres. bordo de dicho buque ha venido el repres- ntante de la Compañía de Navegación, señor Gaviño, trayendo instrucciones concretas déla casa armadora sobre todo lo que ha de hacerse para intentar el salvamento del Sitio y repatriar á los náufragos. J ctitud levantisca de los supervivientes. Cartagena, 9, i o n En las últimas horas de esta tarde fueron conducidos á bordo del Jldria, en varias barcazas, cerca de 3oo náufragos. Los 200 restantes se negaron resueltamente á embarcar, desoyendo las exortaciones del cónsul general de Italia y situándose en actitud levantisca frente al viceconsuíado italiano. Las autoridades solucionaron el conflicto por el momento, accediendo á que los náufragos no embarcasen, y disponiendo que se les preparase la comida en la posada de La Rosa. De los que ya habían embarcado, algunos regresaron á tierra al conocer la actitud de sus compañeros. Algunos formulan unas peticiones que ver daderamente no se explican, dada su p reczna situación. Esta tarde, por ejemplo, al servirse la comí da, muchos pidieron que se les sirviera hielo café helado y otras cosas á este tenor. No quiere decir esto que estén descontentos del trato que aquí han recibido. Por el contrario, me consta que la resistencia que oponen á embarcarse se debe principalmente al temor que abrigan de no tener á bordo del Adria la esmerada y solícita asistencia de que han disfrutado en esta población. Los náufragos, de natural pacífico, protestan indignados de la actitud de los demás com pañeros. Es probable que, en vista del giro que toma el conflicto, las autoridades se vean precisada á adoptar medidas para mantener el orden. TM tro barco italiano. Cartagena, 9, i o n Un telegrama re cibido de Genova anuncia que esta noche zarpa con rumbo á este puerto el trasatlántico Orion, del mismo tonelaje y tipo del Sitio. Dicho buque viene con objeto de auxiliar ej transporte de los náufragos. Se cree que la llegada del Orion contribuirá á que depongan su actitud los que se negaban á embarcarse, pues además de las razones antes expuestas, alegaban las pequeñas dimensiones y la vetustez del Adtia. I os cadáveres. Cartagena, 9, 9 n. Mañana á primers hora irá al lugar del siniestro e médico de Sa nidad Marítima D. José Puig, que lleva la misión de dictar las disposiciones necesarias para el enterramiento de Jos cadáveres que están flotando, produciendo un hedor insoportable y peligroso. I os equipajes. -J También va autorizado el Sr. Roig por el cónsul general de Italia, para permitir que recobren su equipaje los náufragos que lo deseen. En el equipaje del comerciante romano Augusto Fioretti, que reside habitual mente en el Brasil, figura un ejemplar de La Divina C t tro donativo. Cartagena, 9, j í. El rico propietario D. Pedro Casciaro ha enviado al vicecónsul de Italia un donativo de 100 pesetas, acompañado de una sentida carta de pésame. media. Declamaciones. El arzobispo de Para y el Dr. Franca han presentado una declaración en la Compañía naviera, renunciando á continuar el viaje