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A B C V I E R N E S 10 D E A G O S T O D E 1906. PAG. 6. EDICIÓN i. Sie Daganzo para pedir auxilio, pues el fuego ¡adquiría á cada instante mayores proporciones. Inmediatamente salieron fuerzas de Caballearía, que ya se hallaban preparadas para marchar, pues aquí se conocía desde muy temprano la noticia del siniestro. -Miranda. des por organizar un tren especia! que llevase á tanto viajero. Así se pasó el tiempo hasta las once y minutos, en que tomamos por asalto el tren- tranvía reglamentario unos, y el sudexpreso, que sale inmediatamente después, otros, regresando á San Sebastián. En la estación de lrún el espectáculo ha sido monumental, morrocotudo, de los que se ven pocos. En la frontera me entero del fallecimiento de Fernández Duro. En la estación de aquí, al llegar, encuentro á Baüer y Casáis que han salido en el sudexpreso para Madrid y Málaga. Ya en San Sebastián me entero de que durante el día no ha ocurrido nada saliente. La Prensa madrileña trajo el informe de que el presidente del Consejo de ministros califica de infundio la noticia de que el Gobierno haya pensado en el ministro de Fomento para la Embajada del Vaticano. ¡Qué le hemos de hacer! Yo, por mi modesta parte, me permito insistir, con fundamento autorizado, en que en un Consejo de ministros se expuso la idea y fue bien acogida. Que al Sr. García Prieto no le haya hecho gracia la indicación y haya declinado el honor, no quiere decir que se trate de un invento ó de un infundio. La Prensa madrileña ha hecho también hacerse cruces á Canalejas, que no concibe que se telegrafíen noticias tan estupendas como esas de conjuras y propósitos de disolución de Cortes, y de otras zarandajas en las que se le atribuye participación á él, que no se ocupa más que de corregir pruebas y no de programas de Gobierno ni de notas diplomáticas, sino de libros en preparación. Me entero también de que Emilio Carreras está en San Sebastián y de que con su presencia piensa la gente reirse más que con los peces de colores y con los propósitos radicales del Gobierno. ÁNGEL MARÍA CASTELL CRÓNICA TELEFÓNICA C A N S E B A S T I A N Deberes del oficio D Í A o, A L A S 12 N m e ovaronhoy á F r a n c i a y este 840 PALABRAS viaje m e h a hzcho testigo de una escena muy propia de España y que por milagro de Dios ha acabado en bien. El tren que debía salir de Hendaya á las ocho y media de la noche, nos reunió en la estación á 3oo ó 400 españoles, á quienes las Guías oficiales nos ofrecían ponernos en San Sebastián una hora más tarde; pero eso y la falta de formalidad no crean ustedes que son iólo patrimonio de España: también en Franiia se US 3 ese percal. El tren de Bayona llegó con media hora de retraso, precisamente á la en que e! tren español debía partir de lrún. A I t n llegamos á las nueve y veinte minutos, y allí habían de ver ustedes á 3oo ó 400 españoles, burlados, indignados y poniendo el grito en el cielo. Había individuos que confiando en llegar á las nueve y media á San Sebastián, donde les esperaba la cena, protestaban con toda la fuerza de sus estómagos desfallecidos, al saber que hasta las doce menos minutos no estarían en la tierra de promisión; había muchas, muy belias y elegantes señoritas que pensaban bailar esta noche el cotillón en el Gran Casino, y que en la seguridad ya de no bailarlo, enarbolaban furiosas sus blancas sombrillas; había rec. r hras, co no aquí se llama á las mujeres que á cambio de una módica comisión pasan contrabando, que gritaban con el ímpetu que da ¡a certeza del negocio malogrado. El alboroto fue, en verdad, grande, y hubo momentos en que parecía tomar cariz alarmante. El jefe de estación era acosado por los viajeros, que reclamaban desaforadamente. ¿Por qué se había marchado el tren? Porque debía salir á su hora en punto. Porque los trenes franceses tampoco esperan á los españoles en Hendaya. La culpa no era del Norte de Espa ña; era del Midi francés que había enviado con retraso su tren, cosa que desde 1. de Agosto viene sucediendo siete días con el tren rápido, que tiene que salir de lrún sin recoger los viajeros de Francia. Ante este descargo se oían voces femeninas que pedían el patíbulo para el Midi pero así y todo el jefe no lograba hacerse oír ni respetar. La policía, mandada por Peralta, e! popular jefe de Vigilancia de la frontera, rodeaba con sus agentes al apurado jefe, temiendo un grave conflicto; los carabineros, á su vez, observaban á honesta distancia. A todo esto, ¡y esto si que es español puro! el comisario del Gobierno, el que por deber de su cargo debía estar en la estación para recibir las reclamaciones del público, no parecía por parte alguna. El jefe nos llevó á la oficina de Francia, donde muchos hablaban y el jefe de la vía francesa callaba; abrió un libro y en él firmaron muchos, ensañándose al rubricar con la pluma para dar testimonio de rabia humana. El inspector de policía telegrafió al gobernador dándole cuenta de lo que ocurría. La gritería se prolongaba y el buen funcionario francés se encogía de hombros, diciendo poco más ó menos, que se lo contaría al nuncio. El jefe español era el que sufría y callaba, por ser el que menos culpa tenía de todos, aunque es de suponer que la Empresa del N a t te no le habría exigido grandes responsabilida- Visto lo que al buen hombre le ha sucedido, excusado es decirte, lector querido, que al saber las noticias aterradoras del naufragio del Sirio, que en pocas horas ha llenado de angustias á mucha gente, por chocar con un bajo violentamente, no sólo dando el pobre más de un suspiro, dice que no se embarca ni en el Retiro, sino que ya ni en Cádi? ni en la Siberia quiere ser empresario de ópera seria, porque los que se lanzas á ese trabajo no se libran de choques con algún bajo. JUAN PÉREZ ZUÑIGA VERANEO DE LA CORTE TOS TELEFONO fcAN SEBASTIÁN, C 7 T GACET 1 LLAELRIMADA. PRUDENTE HOMBRE Don Leonardo Pérez y Maldonado es un hombre de genio tan apocado que lo malo que ocurre por esos mundos le hace no estar tranquilo ni dos segundos. Leyó en casa del duaue de la Bigornia o de los terremotos de California y renunció á sus viajes exploradores por las tierras que suelen sufrir temblores. Leyó que un automóvil cerca de Mieres estrelló hace unos días á dos chauféres, y sin vacilaciones, acobardado renunció al automóvil que se ha comprado, Leyó un día, viniendo de Valdemoro, que á Posadas le había cogido un toro, y aterrado el pobrete, juró en seguida no asistir ni aun de lejos á una corrida. Leyó que un primo suyo murió en Dolores de una afección cardiaca, de las peores y renunció en seguida don Leonardo á tener afecciones y á comer cardo. J abla Gullón. El ministro de jornada no ha recibido hoy visitas, Tampoco subió á Miramar, por dejar, según dijo, todo el mayor tiempo posible á S. M la Reina para recibir las audiencias que tenía concedidas. Anunció haber enviado anoche á Madrid el aviso para la publicación en la Gaceta del luto de Corte con motivo del fallecimiento de la princesa Mechtllde, sobrina de la Reina madre. El luto durará dieciocho días, la mitad de los cuales será de rigory la otra mitad de alivio. Al preguntarle los periodistas acerca del ofrecimiento que se asegura haber sido hecho al ministro de Fomento de la Embajada de España en el Vaticano, eludió la respuesta, limitándose á decir que pronto se sabría cuanto pudiera decirse acerca de la combinación diplomática. SAN SF 3 3 T 1 AN, 10, 1 í I a familia Real. La Reina madre ha paseado en automóvil por la carretera de Zarauz, regí esando á Miramar á las siete y media. Los infantes doña María Teresa y D. Fernando han paseado en coche por la caí refera de Pasajes. I Tiste noticia. La noticia del fallecimiento del Sr. Fernández Duro, acaecida en San Juan de Luz, ha producido tristísima impresión en esta capital. Muchos sporísmen y aristócratas han marenado á la citada población francesa para ac inpañar el cadáver del ilustre y malogrado joven. Cruz. p L INSTINTO DE CONSERVA C 1O N Y LA SERENIDAD HUMANITARIA MADHJD, 3 AGOSTO J 9 0 S Señor director de A B C: Muy señor mío y de mi consideración má? distinguida: He tenido el gusto de leer en el periódico de su digna dirección el notable artículo que á La ferocidad humana dedica e! conocido escritor D Antonio Palomero. Hasta cierto punto es verdad lo que dice, y que ya el insigne Zola describió en su notab e obra La bestia humana; pero, afortunadamente, como toda regla, también ésta tiene su exceo-