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ABC. MARTES 7 DE AGOSTO DE 1906. PAG, 7. EDICIÓN 1 medor llamado No fumadores Les agradezco esta atención; en España, en donde no se puede fumar es donde se fuma más. Antes de almorzar dice á su madre la muchacha del perro: ¿Vamos ¡I tocador? ¡Ah, sí; un tocador en el extremo del coche, que es tocador y lo otro; mas lo otro que tocador. -elevaremos tamoien a ong- -añade. ¡Dios míol ¿Le habrán enseñado á sentarse? Segovia. No hay más que tres cadetes de Artillería en la estación. Todos los demás habitantes de Segovia estarán esperando el cañonazo de la Academia que les ordene empezar á comer. Pasamos los de ia primera serie al vagón resiaurant para almorzar. ¿Menú? El de siempre. El cocinero del rápido es hombre de ideas- ¡Usted es de la segunda seiiel Suda el viajero, suda la alpaca, suda la botella de champagne, y desaparece todo, exhalando un ¡uff! de ahogo. Concluímos de almorzar y salimos en procesión hacía nuestros departamentos. De pronto se atasca la comitiva; el viajero de la alpaca que obstruye pretendiendo entrar. Levanta la botella de champagne, y dice enérgicamente: ¡Soy de la segunda seriel Nos apretamos contra la pared y pasa cubriéndonos de sudor. ¡Pobrecito, va á beber caldo de champagne! Recobramos nuestros asientos del vagón. M o dorra, siesta. Los hermosos pinares de Coca, tan gratos primero al pobre Blasco y tan des agradables después. Todos los viajeros cabe ceamos disimuladamente. La galería del vagón está desierta. Digo no, de vez en cuando la recorre recelosamente un viajero ó una viajera. ¿Conque a San Sebastián? -Sí, a San Sebastian- -responda tríunfaltnente la muchacha. -Allí vais á tener mucho calor. -Cuando una se divierte no siente el calor. ¿Bailaras mucho en el Casino? -Todo lo que pueda. Y al decir esto relampaguean sus ojos. ¿Por qué tendrá nuestra compañera de viaje tantas ganas de bailar? ¡Ah, cuando las mujeres bailan no bailan los cuerpos, baila la vanidad! (Qué muchacha tan encantadora; lástima que no haya crecido siete centímetros más! En fin, quién sabe si bailando mucho le sentará mejor luego la falda trotteur. Partimos de Villalba. -Después de todo, más elegante es veranear en Yillalba que quedarse en Madrid- -dice la muchacha reflexivamente; el rápido comienza a SEIS MIL KILÓMETROS EN AUTOMÓVIL PARÍS. SALIDA DE LAS TULLERIAS DE LOS AUTOMÓVILES QUE TOMAN PARTE EN LA CARRERA DE LA COPA DE íLE MATJN Fot. L. Trcsca. Van... ai tocador. ¿Por qué nos guardaremos subir con mucho trabajo las estribaciones de la fijas. Si alguna vez descarrila, caerá de punta. ¡Qué traqueteo, qué ruido de vajilla y de cris- todos tanto un secreto tan natural? ¡Cualquiesierra. Resopla, arrastra los pies, vaya un ra diría que no habíamos almorzado juntos! talería, qué calor! rápido! Medina. No hay nadie en la estación. La para Cercedilla, al cabo, con su aspecto ae na- ¡Agua! da impacienta á la madnleñita, que exclama: cimiento! Qué diablura de chicos! Han pues- ¿La quiere usted minera ¡Qué fastidio; así no Uegatemos nunca á to torcidos todos los hoteles; por lo menos- -No, natural; pero fresca. San Sebastián! lo parecen as! vistos desde el tren. M e en- -En seguida va. Arranca el tren y cruzamos los inmensos camcanta Cercedilla; hasta por su nombre tiene al- -Pero hombre, ¿y ese agua? go de candoroso, de infantil. Y Canalejas ve- -En cuanto se sirva en aquella mesa; teñe pos de Castilla, cortados aquí y all por grandes pinares, en los cuales el aire es roma enérranea aquí. ¿Hará de viejo pastor? ¿O de loco, mos muy pocas botellas. frunciendo las temerosas y democráticas cejas? ¿Por qué no tendrán mas botellas de agua gico y vivaz. Las cigarras sobreponen su ro ¿Se las recortará cuando sea presidente del en el rápido? ¿Para que los viajeros perezcan busto chirrido al ruido trepidante del tren, y Consejo? ¡Qué túnel más laigo! ¡Ea, ya se aca- más rápidamente de sed? En la puerta del co- en aquellos amplios panoramas congestionados bó, y el rápido, cuesta abajo, salva el honor de medor aparece un viajero obeso forrado de por el sol, en las bocanadas de salud que sursu nombre! Los camareros del coche restaurant alpaca, con una botella de charn- agne debajo gen de aquellos pinares, en el canto de las cigacomienzan á repartir los vales para el almuerzo. del brazo. Avanza dando tumbos hasta el cen- rras que parece un terco resbalar de acero cotí A mí me encuentran con un cigarro en la boca tro del comedor, y un camarero le dice, indig- acero, como afirmación, mil veces repetida, de brío y de vigor, hay una nota intensa de vida y me dan un vale para el departamento del co- nado: