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A B C. LUNES 6 DE AGOSTO DE r 9 o6. PACi. 9. EDICIÓN 3. a LA CATÁSTROFE DE CARTAGENA POR TELÉGRAFO Vicente Buigues, con admirable serenidad uevo relato del naufragio. Cartagena, 5, 10 m. Acabo de i egre- y sangre fría, sacó su revólver y logró imposar, horrorizado, del Cabo de Palos, adonde nerse á los pasajeros, obligarido á trescientos fu! para adquirir noticias de la terrible ca- de éstos á bajar á las bodegas, con lo cual el tástrofe ocurrida ayer tarde y que tan inmensa pailebot recobró su estabilidad, desapareciendo el peligro de un nuevo naufragio. consternación ha producido aquí. Otros barcos de pesca que se hallaban cerca Es imposible describir las escenas de horror y de tristeza que hemos presenciado quienes del Cabo de Palos acudieron también en auxiacudimos en los primeros momentos al lugar lio de los náufragos, secundando eficazmente á la tripulación del Joven Miguel en los trabaele la catástrofe. Esta ha tenirfo, desgraciadamente, mayor im- jos de salvamento. En esta humanitaria tarea se distinguieron, portancia y más funestas consecuencias de lo además de Vicente Buigues, los patronos José que se creyó en un principio. Salas, Manuel Pardo, Pedro Llorca y otros. El siniestro ocurrió á las cuatro de la tarde. El trasatlántico italiano Sirio, de la Compañía general de Navegación italiana, que prop n la isla de Jas Hormigas y en Cabo Palos. cedente de Genova se dirigía á Cádiz, de paso Cartagena, 5, 11 m. Unos 3o pasajepara Pernambuco y Montevideo, embarrancó ros fueron trasladados en los primeros momenen el bajo de las Hormigas, créese que por efecto de una falsa maniobra ordenada por el tos á la isla de las Hormigas, y á otros 3oo se oficial que á la sazón estaba de guardia en el les condujo al Cabo de Palos. Dichos lugares ofrecen desde la llegada de fuente. El choque de la proa contra el bajo fue vio- los náufragos un aspecto tristísimo. Casi todos iban completamente desnudo lentísimo é inmediatamente la popa se sumergió, invadiendo las aguas todas las. cámaras y La colonia veraniega se apresuró á facilitarles ropas y víveres, prodigándoles todo género de ompartimientos de aquella parte del buque. consuelos y auxilios. Este siguió hundiéndose rápidamente, y en Forman parte de dicha colonia el juez munipocos minutos desapareció bajo las aguas, arrascipal de La Unión, D. Enrique Díaz Arróniz trando consigo á los numerosos pasajeros, que y su hermano D Vicente; el ex alcalde de ño tuvieron tiempo de ponerse á! alvo en el rortisimo plazo que medió entre el choque y La Unión, D Jacinto Conesa, los ilustrados médicos D. Ponciano Maestre, D Juan y don el hundimiento. Repito que sería de todo punto imposible Julián Oliva, D Juan Solé y otras distinguirelatar las escenas de horror que se presencia- das personas, que rivalizaron en arrojo, celo y ron á bordo del buque náufrago, y después, al abnegación. Algunos, como Conesa y Díaz Arróniz, toverificarse los trabajos de salvamento. maron parte personalmente en los trabajos de El relato que hacen los pasajeros supervivientes deja en el ánimo una impresión doloro- salvamento y en la tristísima tarea de extraer cadáveres. sa y tristísima. N Otros dormitan tendidos sobre el suelo? viéndose reflejada en Jos semblantes de todos la horrible impresión que recibieron al ocurrir la catástrofe. A algunos hombres se les ve cubiertos con. vestiduras de mujeres. Otros se tapan con mantas y sábanas. El espectáculo que allí se presencia Impresiona tristemente el ánimo. A ctos de abnegación. Cartagena, S, 1 t. Hablando con los náufragos he oído relatar algunas escenas emocionantes, que merecen ser conocidas. Al ocurrir el naufragio, Jos pasajeros, huérfanos del auxilio de la oficialidad y de la tripulación, lanzáronse sobre uno de los botes y lo arrojaron al agua. Momentos después el bote se hundía a consecuencia del excesivo peso, arrastrando bajo las aguas á todos los que en él intentaron buscar su salvación. Se ha desmentido que al coger los botes se registraran actos de ferocidad, motivados por el instinto de conservación ó por la locura del pánico. Por el contrario, según he podido informarme, abundaron los rasgos de abnegación, siendo muchos los pasajeros que sacrificaron sus vidas por salvar las de sus semejantes. También se dio repetidamente el caso de hallarse algunos pasajeros en lugar seguro y arrojarse a! agua con gran exposición de sus vidas para salvar á otros que estaban en peligro. A una joven que llevaba consigo una ii; ña de un mes, le aconsejaron que abandonase á la criatura para salvarse ella. La madre rechazó indignada el consejo, prefiriendo morir á separarse de su hija. Afortunadamente, ambas fueron salvadas por los pescadores. Algunos de Jos supervivientes lograron sacar del barco los valores que llevaban. Otros, por lo contrario, lo perdieron todo. Entre éstos figura el cónsul de Austria en Río Janeiro, que ha perdido en el naufragio 27.000 francos. á Conducción de náufragos El Cartagena. Cartagena, 5, 1 i. patrón Vicente Llicano condujo anoche unos 100 náufragos á este puerto. Los restantes fueron trasladados por el he roíco patrón Vicente Buigues, utilizando para ello el pailabot Joven Miguel, que vino remolcado por el vapor de k s obras de! puerto. I as autoridades. Cartagena, 5, 2 t. Además de las autoridades que mencioné en mis telegramas de anoche, han marchado al Cabo de Palos varios jefes de la Guardia civil y algunos inspectores de Orden público y de la Guardia municipal de esta población con fuerza á sus ordene? p l buque naufrago. Cartagena, 5, a t. En los parajes próximos al lugar de la horrible catástrofe la noche última fue tristísima, y transcuri ió con desesperante y abrumadora lentitud. Nadie pensó en acostarse. Al amanacer pudimos ver desde la costa el buque náufrago. Únicamente queda fuera del agua una pe quena parte de la proa, y el casco está inclinado del lado de estribor. Créese posible salvar los objetos y valores que quedaron á bordo, si el mar sigue en calma y el oleaje no dificulta los trabajos. En las inmediaciones del buque flotan numerosos cadáveres, en su mayoría de mujeres y niños. -j? El espectáculo es tan horrible, que pone espanto en el ánimo más sereno y esforzado Censurable conducta de la oficialidad. Cartagena, 5, 1 J Se sabe que al ocurrir el siniestro, el comandante del buque, apelidado Piccone, en vez de dictar, como era su íeber. oportunas medidas para ordenar el salsamento, fue de los primeros en ponerse á alvo. La oficialidad y una parte de la tripulación siguieron el ejemplo del comandante y esto contribuyó á hacer más espantosa la situación de los infelices pasajeros, faltos de todo auxilio en tan terrible y apuradísimo trance. A esa incalificable conducta del comandante t oficiales del Sirio, conducta que está siendo objeto de unánimes y durísimas censuras, se debe que fuera mucho mayor el número de las víctimas. 1 os trabajos de salvamento. Cartagena, 5, 11 m. En el momento de ocurrir la catástrofe, pasaban cerca de aquel lugar varios vapores extranjeros y uno español. Todos ellos siguieron su marcha, sin hacer nada absolutamente en favor de los náufragos. En cambio, el patrón y los tripulantes del pailebot Joven Miguel, que, procedente de Valencia, se dirigía á este puerto, al advertir lo que ocurría apresuráronse á acercarse a) Sirio, logrando, con exposición de sus vidas, recoger á bordo de su embarcación á muchos de los náufragos. Vicente Buigues, que así se llama el patrón del ¡oven Miguel, realizó actos de temerario arrojo y de verdadero heroísmo. Al recoger á bordo del pailebot á numerosos náufragos, éstos, enloquecidos por el terror, se amontonaron sobre la cubierta, y hubo momentos en que se creyó inevitable el naufragio de la embarcación. 1 Fn obispo ahogado. Del pasaje del vapor Sirio formaban parte el arzobispo Mons. Marcondes y el obispo de San Pablo, Mons. Barros, que, procedentes de Roma, se dirigían al Brasil. El primero logró salvarse después de larga y desesperada lucha con el mar; el segundo no tuvo igual fortuna y pereció ahogado. Entre los supervivientes figuran también el maestro de ópera Sr. Goberna y el tenor Maristany, que procedían de Barcelona. p 1 pasaje del Sirio. Cartagena, 5, 14 m. Entre los pasajeros del Sirio venían 5o españoles, casi todos catalanes, que habían embarcado en Barcelona. El resto del pasaje se componía casi en su totalidad de italianos. También iban á bordo algunos árabes. En los primeros momentos fueron recogidos los cadáveres de cinco hombres, dos mujeres y una niña. Todos quedaron depositados en la estación de la Sociedad de Salvamento de Náufragos. A los supervivientes se les alojó en los primeros momentos en el Casino y en Jas casas de los bañistas próximas á la playa. scenas desgarradoras. Cartagena, 5, 1 t. En los sitios donde se encuentran los supervivientes de la espantosa hecatombe, regístranse á cada momento desgarradoras escenas Una pobre mujer, que perdió en la catástrofe tres hijos pequeños, ha enloquecido de dolor. Los náufragos pasean meditabundos, muchos de ellos sin más ropa que la que les han facilitado los bañistas