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A P C. VIERNES 3 DE AGOSTO DE 1906. PAG. 6. EDICIÓN J Y no le pego a usfed dos estacazos, que es lo que se merece, por salvaje, porque le juzgo á usted tan poca cosa, que, la verdad, no quiero molestarme. ¡Señor mío! Lo dicho! Y si usted quiere lo podré repetir en otra parte. Ante tamaña ofensa, que todo el mundo reputó de grave, terciamos los amigos de uno y otro, porque el insulto aquél pedía sangre. Tras mucho discutir, tras una serie de conferencias por mañana y tarde y de los cabildeos que suelen preceder á todo lance, cuando los adversarios no tienen intenciones de matarse, quedó acordado... levantar un acta, de la cual bien merece que se extracte la parte substancial, ó si se quiere, lo más interesante: a El señor de Fernández reconoce qut ha llamado animal, bruto y salvaje, al señor de Gutiérrez; pero lo ha hecho sin tener intención de molestarle. De lo cual se deduce, H ue cuando uno se enfade ó haya almorzado fuerte, ó tenga gana de insultar á alguien sin correr luego el riesgo de que alguno castigue sus desmanes, puede muy bien llamar á un ciudadano: bruto, animal y cafre, siempre que agregue luego que lo ha dicho sin tener intención de molestarle. MANUEL SOR 1 ANO grandes privilegios en ío que á su colocación se refiere. Si hay un rincón privado de corrientes de aire, para ellas es aquel rincón. Si en el casino exi ten unas cuantas mecedoras, ellas las ocupan. Si en los jardines hay butacas de mimbre, para ellas son. Lo importante es que estas señoras, perfectamente instaladas, estén siempre y en todas partes. Su misión es augusta, pues tienen á su cuidado el honor de Hs jóvenes doncellas. Yo creo que estos femeninos cancerberos exageran un poco su solicitud. El mundo no está continuamente en acecho para arrebatarles su tesoro. Si descuidan algo su enojosa vigilancia, todos iríamos ganando, y más que nadie las muchachas que viven esclavizadas por estas señoras tripudas de humor agrio y falda parda. Y esto es lo que más indigna á los pollos veraneantes. Toda iniciativa de sus febriles cerebros, se estrella ante la tiranía de las damas graves. Si aquellos organizan una ascensión en burro á algún elevado pico, la voz de la señora formal se alza para decir: No cuenten ustedes TIPOS DEL VERANEO I AS SEÑORAS FORMALES En las -colonias veraniegas el grupo de señoras formales es muy característico. K lado de la juventud que ambula existe la madurez que vigila. Toda alegre muchacha de esbelto talie, rubia guedeja y vaporoso atavío, Eupone una señora de rostro severo, cabeza ana, cuerpo atalegado y obscura toilette. Esto del traje obscuro es inherente á las seioras formales. Sus falda son casi siempre negras, y aunque en blusas y malinées suelen permitirse alguna fantasía, nunca pasan, en sus confecciones, de la seda gris perla ó del satín azul marino con Junares blancos... Un pechero cíe encuje ó una cadena de oro con medallón y retrato del difunto, son atrevimientos sólo tolerables los días que repican gordo. Esta sombría entonación de los vestidos hace que el grupo de señoras formales se distinga á pttmera vhttt en los paseos, casinos, villas, playas y en cuantos sitios la colonia se reúne. Una mancha negruzca se extiende en semicírculo pariero, ya sea en un ángulo del salón de baile, y 1 s? a baio la m s tupida sombra délos árbo es. P i. u- OJ la ssñoias forma es goza. i J con mi Loliia para esas locuras. Mi Lolita no va donde no pueda ir su madre y yo no estoy para esos trotes... Inútil convencer con argumentos á la señora. No hay más remedio que hallar el modo de que pueda ella subir á la montaña. Y aquí viene lo de buscar una burra mansa y lo de ponerla jamugas y lo de cargar, entre todos, sobre la caballería el pesado fardo. Si la juerga organizada es nocturna, la oposición materna se traduce en avisos verbales del tenor siguiente: (L o l i t a que son las once... Lolita: que mañana tenemos que madrugar... Vamos á la cama, Lolin... y Y aunque la chica proteste diciendo con voz suplicante: Mamá: déjame otro ratito... Y aunque los pollos intercedan con lógicos argumentos, la señora formal se va á dormir muy contenta y con cierta vanidosa satisfacción, como si con su conducta dijese á los que se quedan: ¿En, qué tal... ¿Han visto ustedes que bien educo á mi hija... No sé que tendrá que ver la educación con la hora de irse á! a cama, pero hay quien cree que trasnochar es sinónimo de vicio y perversión. Yo, sin embargo, he conocido personas muy finas y muy buenas que jamás se han acostado á las once. Pero cualquiera convence á las señoras formales. Sus principios son rancios, pero firmes, y como sus madres hicieron eso mismo con ellas, ellas hacen igual con sus hijas, y así nos vamos á estar siglos y siglos sin que se enteren de que no corre peligro, á cada paso, la virtud de sus pimpollos, y de que más ofenden á sus hijas con esta tirana vigilancia, que confiando en ellas. Y por no entenderlo asi, la vida de estas pobres señoras, no es vida. Gracias á que siempre se reúnen en la colonia veinte ó treinta formales dispuestas á charlar de todo lo humano y Jo divino, que si no, era cosa de compadecer á ¡as fúnebres v sobresaltadas guardonas. ¡Vio, en grupo, estas obscuras señoras se di- vierten. Cada dama de estas trae al veraneo dos labores: una muy complicada y difícil, que suele ser una colcha empezada hace años, ó ure enmarañado encaje para un entredós que nunca se acaba, y otra más difícij aún, que es la delicada labor de casar á la niña. En ambas ocupaciones trabajan sin levantar cabeza. Mientras la aguja de gancho se mueve veloz, lat lengua se agita cantando las buenas cualidades que adornan á la nena Con esto hacen propaganda de las envidiables dotes de su hija, y las demás señoras, que suelen tener hijos jóvenes, escuchan, y quién sabe si anotan en su meollo las ponderadas bondades de la que pudiera ser un día querida nuera. El crochet y la conversación son, pues, labores de gancho. Y en esos tranquilos corros veraniegos están mil veces creando nuevas familias las señoras formales. Por eso interrumpen con frecuencia su trabajo para llamar á la hija y arreglarla algún descuidado detalle de su indumentaria ó par decirla: Pasea con Fulanita, que es muy simpática... Callando este final de la frase: Y además tiene un hermano en brillante posición... Cuando no gira la labor por este lado, pó nése sobre el tapete el siempre discutido tema) del servicio doméstico. ¡Cómo están las criadas hoy día... En mis tiempos ganaban tres duros y podía usted mandarlas rodar; pero hoy, ya, y ¡buenas se han puesto las cosas! Otras veces la conversación es de enferme dades. El reúma hace el gasto, y las curas maravillosas y los casos teiribles corren de lengua en lengua por aquel círculo de cucarachas. ¡Pobres señoras formales! Ellas son las que esperan largas horas en los salones de baile; ellas las que observan los muchachos que se acercan á su hija; ellas las que tapan en las playas, con la nítida sábana, las mojadas carnes de sus ni ñas, evitando así indiscretas curiosidades; ellas, en fin, las que siguen trabajosamente por montes y vericuetos el ligero ir y venir de sus juveniles retoños, siempre atentas á evitar las caídas y los malos pasos. ¡Pobres señoras formales! Sois dignas de respeto, pero sois tri- stes, y sobre todo, pesadas, Vuestra tiranía es odiosa, y en muchos casos, inútil. Dejad á la juventud que goce libremente, que en ello no hay peligro. No gritéis siera- pre: Que no bebas agua. Que te aorigues mucho... Que no saltes... Que no corras... Que son las once. e t c e t c Abandonad el látigo y seréis más simpáticas. Y digo simpáticas, porque no soy de los que participan de la leyenda de vuestra antigua belleza. ¿No habéis observado, queridos lectores, que siempre que una de estas señoras formales no es un coco, se dice de ella que ha sido muy guapa... No lo creáis. Estas damas obscuras, nunca han valido gran cosa. Lis que son guapas, á veces, son las hijas. En esas no cabe engaño, A la vista está A mí me gustan mucho más las niñas sin formalidad que las mamas severas. ¡Pobres señoras formales! Luis DE TAPIA El Escorial, Angosto J JO 6.