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ABC jUEVFS 3 DF AGOSTO DE 9- 6. PAG 8 EDICIÓN LAS CÉDULAS PERSONALES f o qt e veis en esa fotografía, que ocupan Ja calle formando! a cola tradicional, son los rezagados; los que, como todos los vecinoa de esta urbe, recibieron el padion correspondiente, lo llenaron y... esperaron los acontecimientos. En vez de adqjirir la cédula en el domicilio respectivo y de manos del solicito y amable expendedor, dijeron que ya irían mañana á recogerla al despacho. Y el mañana fue mañaneando, hasta llegar al límite oficial de la prorroga concedida para sacar sin recargo el documento oficial. Muchos de esos rezagados no tuvieron la suerte de recibir la visita del diligente y pacieníisimo expendedor, quien limito su visita a dejar en la portería un papelito con las señas del despacho, las horas y el plazo para adamtir la cédula. Y esos rezagados acuden en montón en estos días, la mayor parte por ignorar que tienen todo el mes de Agosto por delante. -jMire usted que tener que esperar aquí, pasar calor, sufrir molestias y aguantar con calma que le echen á uno á la cola cuando viene uno a soltar dinero. -dice alguno indignado. -Lo mejor sería que nos marchásemos toaos- -añade una moza que se siente brava y dispuesta á cualquier cosa. -No perderíamos mucho, porque ese papel no sirve mas. que pa mudarse de casa- -prosigue un tercero. -En quince años que llevo yo en Madrid no he sacao cédula mas que dos veces- nter viene un señor, que por las señas es profesor de obra prima. -La primera, cuando me ahorqué, y la segunda, pa una vez que tuve JUICIO- -Ni siquiera nos mandan pasar ahí deni o- -murmura una señora de luto desteñido. -Estos del Gobierno abusan de todos, y lo mismo la tratan á una que si llevara delantal y pañuelo á la cabeza. ¿Quiere usté una mecedora -A ver, que le traigan una silla á esta señorona. -t Y un pai- pai, pá que no se sofoaue! ¡Y un jamón con chorrerasl Esta granizada de zumbas se interrumpe con Sa voz del guardia que esta a la puerta de! des pacho y que grita con tono calinoso. LOS CONTRIBUYENTES FORMANDO COLA EN UNO DE LOS DESPACHOS DE CílDULAS PERSONALES- -t A ver, que suban docel Y en cuanto han pasado les doce, contados como candidos borregos por el dulce agente, opone este su cuerpo en la entrada y aparta con las manos al infeliz decimotercio que pensaoa entrar también incluido en la docena. El calor que hace arriba en el vestibu o es delicioso; la aroma corre parejas con el ca or. Otio guardia, tan fino como el de la planta baja, hace pasar a! despacho a los señores del publico de cuatro en cuatro. -Sientensen ustedes todos los demás hasta que les toque el turno. Y se sientan y refunfuñan, pero se resignan, aunque no veis la hena de que les toque. Pero ¡ay del o de la que con artimañas, engaños ó pretextos, o sencillamente porque ha simpatizado con el gviatdia de abajo, entre o trate de entrar en el despacho antes que los demás -A la cola, que nosotios esmeramos tambien -dicen á coro y le dirigen algún concepto de esos que suelen molestai. La moza que en la calle se sentía brava, excita a todos a A lebel oí, a maicharse sin 1? cédula. Por hn, la convencen y la apaciguan. Aquél ó aquella que entro, fue porque ya tenia encargadas las cédulas y va a recogerlas y a pagarlas. Ya en el despacho, un funcionario pregunta la calle donde vive el demandante, si esta empadronado, pues, si no lo esta, ha de extender la hoja conespondiente; busca en el libro del barrio respectivo, y lo entrega a otro funcionario. Este coge las cédulas en blanco las coloca en el libio ya citado a modo de señal, cobra el importe y tras ada el libro a un tetcer empleado, que es el que llena las cédulas, después de preguntar interesado el nombre y los apellidos, como si no constasen uno y otros en la hoja que tiene delante de la v sta. Hay algunos funcionarios, poco expenmentados, que le preguntan al contribuyente la clase de cédula que apetece. Pero ayl son los menos, porque es ciato, justo y razonable que el pagano pida y pague la cédula mas modesta d la escala. Pero suele suceder, y éstas son anomalías del arriendo o descuidos del interesado, cuantío no mala fe y en muchos casos exceso de codicia para recaudar mas, que le cobran a cualquiera, cédula de clase superior a V que ie coa i responde o se encuentra con la sorpresa de que le coloquen varias cédulas. En uno de los despachos de esta capital presencie el primer caso El funcionario encaigado de cobrar, dijo con tono amable a un artista de tanta reputación que anda a leveses y coleas con el hambre. ¿D. Fulano de Tal -Servidor- -contesto el preguntado. -De primera- -repuso el funcionario. ¿De primera Ah, si, muchas gracia Cteyó el artista que aludía a alguna de sus glandes obras, agradeció la lisonja, pero el funcionario le hizo ver el error cuando le dijo que tenia que pagar i ooo pesetas de cedu a. Y es que se habían equivocado: e i luga -de i. a clase, era de i i la que correspondía a! émulo de Apeles. Se habían comido un uno. ROMERO Y OLIVA EL PUBLICO EN EL DESPACHO EL ULTIMO D 3 A DE RECAUDACIÓN rOf ABC