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LA CATÁSTROFE DE FOURNEAUX v- -T- ASPECTO DE LA POBLACIÓN DESPUÉS DE LA AVALANCHA DE AGUA Y CIENO QUE LA INUNDO Fot. Hutin l rampus. ¿Pero cuáles sor. ¡as csusas ds esta epidemia, cuyo microbio no tardará en descubrirse? Según un sabio de laboratorio, las principaíes son dos: En primer lugar, el. hriige reemplaza á la conversación, y no sólo ia reemplaza, sino que a excluye, hasta el punto de que cuando entráis en un salón en que los asistentes se sacrifican á la pasión del momento lo más prudente será imitar á un espiritual cronista parisién, que antes de penetrar en el aboudoir de juego de una ferviente contemporánea se quitó! as botas para saludar á la dueña de la casa. Nada de ruidos. Esta es la consigna... Y hay que convenir que esto es io que más conviene á una época en que se nota la. carencia de ideas y en que ía diversidad de opiniones es tan inmensa. Así, pues, reconozcamos que e! bridge responde admirablemente á la situación. Lo pueden jugar sin peligro hasta los más encarnizados enemigos. Otro motivo de su gran éxito es que hasta las señoras ¡o juegan. E. bridge ha conquistado á las señoras, y ellas son hoy sus más entusiastas propagandistas... Recordemos esta fecha memorable... El juego de amor ha firmado la paz con el juego de azar... F. MORA. CRÓNICA FEMENINA qui, en estas mismas columnas, ha apare- j cido la noticia, y seguramente todos los i corazones femeninos habrán sentido ai leeria n enérgico movimiento de protesta. I En Alicante un hombre v una muier, ambos! jóvenes, distinguidos y bien trajeados, entraron en una posada llevando en su compañía una niña de pocos meses ricamente vestida. Dícese que después de pasar una noche y un día en la posada, la pareja huyó dejando á la criáturita abandonada, y que entre sus ropitas se halló un papel diciendo cómo se llamaba la nena, y añadiende sus padres la abandonan Los ojos se nublan á! llegar á este punto, más aún que por la triste suerte de la niña, por la aflicción que causa saber que haya corazones que, llamándose humanos, femeninos y maternales, sean capaces de semejante ferocidad. Hasta en ios mayores delitos existen gradaciones. Es ciertamente inhumano que una mujer, por ocultar su deshonra, abandone á su hijo al nacer; en tales enormidades la sociedad entera es cómplice, puesto que aún rechaza de su seno á la que tiene la heroicidad de afrontar con todas sus consecuencias la debilidad que significa un momento de amor y de abandono. Pero el pecado es aún mayor, más cruel, más exclusivo, más exento de circunstancias atenuantes cuando se abandona á la criatura que tiene algunas semanas; esto es ya inexplicable. Puede concebirse el que una madre, en e! supremo trance de dar á luz un hijo, cierre los ojos para no verle, y antes de oir su llanto lastimero, antes de contemplar y besar sus carnecítas de color de rosa, antes de sentirle buscar con ansia inconsciente el pecho maternal que debe nutrirle, en un arranque desesperado aparte de sí al ser que no la es permitido llevar con orgullo en sus brazos; pero si eso lo hace después de haberle visto y besado, después de haberse extasiado ante su sueño inocente, sus primeras sonrisas y sus angelicales miradas, el hecho no tiene excusación posible, porque en tal caso sí que el poder de la criatura debe ser más fuerte que todos los problemas sociales. No hay que compadecer á la tierna niña; su misma infelicidad ha llevado sobre la tristísima orfandad un movimiento general de cariño y compasión; una señora la ha recogido; no hay cuidado: entre muchas madres tratarán de compensarla del abandono en que la suya la dejó. Es menester compadecer á la que ha sido capaz de llevar ese acto á cabo. Compasión merece si con figura humana, guarda instintos y corazón de fiera. Compasión infinita debe prodigársela si tiene en su alma siquiera un átomo de bondad. jCuántas lágrimas de sangre le ha de costar entonces, en lo que la reste de vida, el recuerdo de la noche que pasó en la posada de Alicante! MARÍA DB ATOCHA OSSOR 1O Y GALLARDO NUESTROS GRABADOS n desastre en los Alpes. U Un huracán ha destruido la mayor parte del pueblo de Fourneaux (Saboya) situado á un kilómetro de la estación internacional de Modane, entre Francia, Suiza é Italia. Ello ocurrió el z 5 de julio último. A las tres de la tarde se desencadenó una tempestad violentísima de rayos y granizo, que duró media hora. Luego, á las cinco, cayó por la parte alta del arroyo de Charmaix, hasta entonces seco, una espantonsa tromba de agua que bajó impetuosamente por las rápidas vertientes de la montaña. A las seis se oyó un estrépito como de muchísimos formidables truenos que sonaran á un mismo tiempo, y el pueblo se vio