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A B C MIÉRCOLES i. DE AGOSTO DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN dos matrimonios, que se inscribieron en el registro con ¡os nombres de Mrs. Fournier y Mrs. David; ¡as señoras eran muy guapas y jnuy elegantes; uno de los matrimonios hablaba un poco español. Nada sabía de si una de las damas era ó no la princesa Alicia; lo único que podía afirmar era que un sacerdote, llegado hacía poco, creía reconocer en la más ioven á la hija de D Carlos. El sacerdote estab en la terriza Le hablé. Era un viejecito muy campechano y comunicativo; Sué coronel del ejército carlista, y aunque se llama Maceos Souto, se le conocía en la guerra por el sobrenombre de capitán Chiqui; sufrió tres heridas: una de granada, otra de bala y otra de bayoneta; perdió toda su fortuna por defender á D Carlos, y tiene bonos del Gobierno carlista por valor de 75.000 duros. Todo esto me lo contó él mismo, y agregó que con sus setenta y dos años y todo, sigue siendo fidelísimo partidario de la causa del Señor. ¿Pero usted ha conocido á la orincesa Alicia? -le pregunté. -La he conocido de niña y juraría que es ella; pero pronto voy á salir de dudas, porque cuando se siente á almorzar voy á gritar á su lado: ¡Viva la hija de D Carlosl á ver aué hace ella. Una camarera con quien yo había hablado antes, se me acercó y me dijo discretamente: -Esas señoras van á salir. Y salieron, efectivamente, dos elegantísimas famas, ninguna menor de treinta años, alta, gruesa, rubia la una, que pidió el desayuno á ía camarera; más baja, delgada, morena, de íjos obscuros la otra, y las dos de porte distinguido y vestidas como dos figurines. Asenjo preparó la máquina; ellas lo advirtieron y decididamente se propusieron no dejarse retratar. Tomaron café con leche muy de prisa y se encaminaron silenciosamente, mirándonos de reojo, á la estación de Bilbao. Asenjo cortó el camino y cuando llegaron al andén, ya el fotógrafo, sin que ellas lo advirtieran, había recogido su imagen en el objetivo dz su máquina. Montaron en el tren y partieron. Entretanto los dos caballeros habían salido a terraza. M e presenté, pidiendo mil perdoRes por mi indiscreción, al supuesto secretario, de quien rae habían dicho en el hotel que fotblaba español, y en español, aunque con acento extranjero, me contestó que algo hablaisa nuestro idioma; pero que no podía expresarse fáciimente en el, por lo que me rogaba que ¡e habíase en francés. Le expuse mi curiosidad, le traduje el suelto de Liberal, y sin extrañarse ni hacer ningún comentario, me ¿ijo que se trataba de una confusión. Somos dos matrimonios amigos que venimos á España haciendo turismo. Desembarcamos la semana pasada en Burdeos; el sábade llegamos á Jrún y el domingo Esquí. Conocemos S princesa Alicia, y no niego que madante a Fournier, ¡a señora de mi compañero, se parece bastante á ella; por lo cual cabe la confusión. Mi señora habla un poco el español, y aunque se le ha adjudicado el papel de dama de la Princesa, puedo asegurarle que no lo es. Mr. David rehuyó cortésmente seguir hablando de la familia Borbón. M e invitó á tomar un refresco que le servían; rehusé agradecido y me despedí de él. No podrá usted interrogar á la Princesa- -me dijo al tenderme la mano, subrayando la palabra Princesa y sonriendo un poco, única vez que le vi sonreír en e! curso de la conversación- -porque ha ido á Bilbao y tardará en volver. M e separé de aquel hombre que, sabiendo indudablemente hablar español, no quiso hablar más que francés, y me quedé pensando: ¿Será la Princesa? ¿No lo será? El buen Padre Souto y ex capitán Chiqui, á quien comuniqué mis impresiones, insistió en que Mad. Fournier es la Princesa, y prometió escudados con el nombre de una de las fuerí zas vivas del país cuando al amparo de altas abstracciones se cometen otros atentados que el Jurado disculpa previo el elocuente discurso del ilustre criminalista... Y luego estos impuros comerciantes, qu duermen tranquilos después de despachar el tósigo, caro además y falto de peso generalmente, suelen permitirse el lujo de increpar á ÁNGEL MARÍA CASTELL ios políticos porque no realizan sus ideas, y á los periodistas porque no defienden la verdad... HECLARACJONES DE LEÓN Y No es raro oír cómo se queja de que le estafó un periódico, que cuesta cinco céntimos, por CASTILLO que publica un día media página de anuncios POR TELÉGRAFO más de lo acostumbrado, al tendero que acaba París, 3 i 1 t. En sus Propos diplomátide despachar como pimienta unos residuos de ques reproduce Le Temps algunas declaraciopan quemado, y que recarga en un 8o por 100 nes del embajador de España en París, señor un artículo de primera necesidad, que estuvo León y Castillo, sobre la actual situación nolien su cueva ó en su escaparate... No es raro tica de su país. tampoco oirle trinar contra el articulista, supoAl examinar el marqués del Muni las opinioniéndole vendido al Gobierno, porque no emnes de los individuos que forman el nuevo Mi- pleó para censurar una disposición cualquiera nisterio español, dijo que la política del Gabi- las mismas palabras que detrás del mostrado nete López Domínguez no es, en manera algu- tienen su justo decoroso empleo. na, menos progresiva que la del anterior y que En verdad que no son menores ni msnos pe sus miembros representan al mismo partido con igual orientación y sólo una mera diferencia de íigrosas las intoxicaciones intelectuales producidas por el consumo de artículos con ideas ó táctica. De acuerdo con las Cortes realizarán, terminó diciendo el intervievado, reformas de juicios en malas condiciones. Pero los que somos autores de estos hechos, más ó menos verdadero espíritu democrático. inconscientemente, tenemos como disculpa la legendaria frase de Poncio Pilato: ¿Qué cosa es la verdad? ¡Todos creemos defenderla y todos nos suponemos en posesión de sus enseA yer relataron los periódicos el siguiente ñanzas! He aquí la única ventaja del mundo es crimen, para cuyo autor, hasta el lyn- piritual donde radica nuestro comercio. En él chamiento resultaría un castigo demasiado sua- todas las mercancías son igualmente buenas, ve... Un pobre niño de siete años fue condu- aunque luego resulten malas. No así en e mundo material que nos suministra lo necesa cido intoxicado á la Casa de Socorro, víctima rio para la conservación y lustre de la materia. de un dulce que le entregó en la calle un svjeto desconocido. El dulce era una castilla ve- La verdad de un küo de carne para el comprador será siempre un kilo de carne fresca y apenenosa. titosa, sin que toda ¡a filosofía del carnicero No es posible mayor perversidad del alma disculpe la falta de una sola de las condiciones humana. Porque, ¿cómodisculpar, ni compren- que se piden. der siquiera, que se engañe á una criatura con Después de todo, estos crímenes subterrá. engaño que le ha de costar la vida... neos- -si vale la palabra- -estas intoxicaciones Pero al querer expresar toda la indignación de todas clases forman parte de nuestra vida que merece ese crimen, la pluma periodística, acostumbrada al simple relato ó al sencillo co- y no hay manera de terminar con ellas... Y mentario de los sucesos del día, siente atenuar as! estamos de endebles por dentro y por sus bríos y amenguar sus ímpetus condenato- fuera, de cuerpo y de espíritu. Los industriales nos despachan sus géneros estropeados, y rios... Como el continuo trato con el dolor embota á los más sensibles corazones, la insis- los Gobiernos radicales nos sirven la libertad tsncia de esa perversión moral en nuestras cos- en malas condiciones para el consumo... Lo que nos produce las iníox cachones, correspontumbres hace impasibles á sus cronistas. Un día y otro, en todas partes, y particularmente dientes. AKIOMO PALOMERO en Madrid, capital culta de una nación civilizada, ocurre el mismo crimen con k s naturales variaciones de autor, víctimas y armas empleadas para realizarlos. EL CAPITÁN GÁSTELO Cierto que no es á diario cuando un sujeto OP TELÉGRAFO desconocido entrega á cualquier inocente criaádiz, 3 J i! n. en el tren correo ha lie tura una pastilla venenosa, diciéndole que es gado, procedente de Ecija, el c? pitán de un dulce; mas no pasa día sin que algunos ciuArtillería Sr. Gástelo. dadanos se intoxiquen con leche, vendida en Interrogado por los periodistas, se ha nega malas condiciones, ó con un alimento de disdo á hacer declaraciones de ninguna clase res tinta especie que el industrial aleve despacha pecto de cual pudiera ser el origen de la noli como bueno, á sabiendas de aue comete una cía del famoso duelo en el que se suponía ha criminal superchería. bía intervenido dicho señor. Cuantas protestas surgen de todas partes, Cónstame que en un círculo de amigos del se pierden en esa extensa región de las reclaCasino gaditano se ha limitado á negar toda maciones inútiles que ocupa todo el mapa de España. Las enérgicas disposiciones de la au- participación en ningún lance. toridad competente, se embotan apenas salidas de los augustos labios. Y los aprovechados vendedores continúan en su tarea malthusiana, tal Entierro del príncipe Murat vez seguros de que hacen un favor, v no un POR TELÉGRAFO perjuicio, á la humanidad doliente... arís, 3 i 4 t. Esta mañana se ha verifica En estos casos de alevosa impunidad, se do el entierro del príncipe Eugenio de echa de menos á un tirano que fusilase sin piedad á esos industriales desaprensivos. Mas este Murat, que falleció días pasados á consecuennecesario y saludable ejemplo no puede darse cia de un accidente de automóvil. Al fúnebre acto ha asistido numerosa y aris jamás entre nosotros, porque aquí se carece del santo respeto que la vida del prójimo me- tocrática concurrencia. El príncipe Joaquín de Murat representaba rece... Fuera, en verdad, un poco injusto peren la ceremonia á la emperatriz Eugenia. seguir á los ue atentan contra sus semejantes. dar el consabido viva! en cuanto la viese cerca. Será ó no será ia hija de D Carlos; pero la gente que busca el fresco de la playa y la que forma corros bajo el arbolado de los hotelitos, todo el mundo en Las Arenas cree, como el Padre Souto, que la dama que fuma cigarrillos rusos y se acompaña de otra danta que también los fuma, es la divorciada princesa de Borbón. INTOXICACIONES C P