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A B C LUN ES 3o DE J HIJO DE 19- 6 PAG. 7. EDICIÓN 1. LOS BARRIOS DE MADRID Una vez en la calle del Pacífico, siguiendo en linea paraiti las soberbias edificaciones de la Compañía de M Z A. y vislumbrando más alia los amplios talleies de la Gasificadora Industrial, llegamos á un taller de canetería que hay más alia de los cuarteles y del fielato y nos encaminamos, á través de un yermo desolador, hacia el popular barrio de l as Californias. Queda á la izquierda el puente de Vallecas; á la derecha, la linea del ferrocarril, y corre a los pies del barrio susodicho el infecto arroyo que viene por las Ventas arrastrando podredumbres. La bairiada de las Californias se compone de unos cuatrocientos vecinos, que viven en cincuenta o cincuenta y tantas casas, la mayoría de éstas de un solo piso, limpias, nuevecitas y de aspecto agradaba. No hay alumbrado, a menos que merezcan el nombre de tal unos cuantos faroles de petróleo, muy pocos; ni alcantarillado, ni aceras, ni pavimento, ni autoridades, ni serenos. AS CALIFORNIAS t vr? att w LA ENTRADA DEl BARRIO. UN HOTEL bel, donde se halla el Juzgado. Cuentan con cuatro establecimientos propianrente dichos, dos vinarios y otros dos de géneros del reino y ultramarinos. Para las californianas que deseen cuidarse el talle y aumentar así sus encantos naturales (conste que las hay guapas) tiene su tallet una corsetera. Y aun cuando he dicho que no hay colegio, pues el mas cercano de allí se halla en el puente de Vallecas, no por esto carecen de instrucción los pequeños, porque no faltan maestros espontáneos y desinteresados, funcionarios de! ministerio de la Guerra y vecinos de las Cali formas, que por la noche reúnen un grupo de chicos y les enseñan rudimentos de lecturs Gramática y otros conocimientos útiles. Las habitaciones en ese barrio vienen á costar de 14 a i5 pesetas al mes, sin que esto quiera decir que falten hoteles, no muy am phos, que, en competencia con los lugares de la Sierra escogidos por la gente para veranear, cuestan 3o o mas pesetas. Pero jay! que no todo han de ser ñores. Si las casas son de aspecto simpático y de limpieza extenor irreprochable casi, las calles no j se distinguen por su limpieza UN POZO DE AGUA P 01 A B L E Tampoco hay iglesia, ni colegio, ni médicos. A los chicos que nacen en el barrio, y no son pocos, los llevan a bautizar a la iglesia de las Angustias, que esta en el paseo de ¡as Delicias, o como si dijéramos, a tiro de canon de las Californias. Y, como están tan cerca, al gunos van por su pie á lavar el pecado de nuestros primeros padres. Médicos no son muy necesarios; en las Californias se disfruta una salud a prueba de aguas de pozo, las únicas que allí se conocen, y de todo género de incomodidades y molestias, de las cuales no les privan el Estado ni el Ayuntamiento. Verdad es que podían tener agua del Lozoya y alumbrado de gas, pues una y otro van por la calle del Pacífico; pero las Californias son grupos de casas en calles particulares y con estas no tiene nada que ver el Municipio, ni siquiera para exigir á quien construyó esas catas que urbanicen las calles. Tampoco hacen falta las autoridades á los vecinos de las Californias. Sin ellas viven vtda patriarcal; los californianos son gente pacifica, en su mayoría obrero del ferrocarril de Madrid á Zaragoza y Alicante, y de la Gasificadora. Y cuando tienen algo que ver con h leyes necesitan subir hasta la calle de S. u u J í. A PRINOPAL DEL BARF 1O