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B C. VIERNES 27 DE JULIO D 6 PAG. 9 EDICIÓN i a EN FUGA D u e i a n los coches levantando nubes de pol vo por la cuesta de San Vicente abajo. Un ropel de carruajes de todas clases: de alqui er de lujo, victorias, landos, familiares, ómnibus grandes y pequeños, atestados de gente y equipajes, que se suceden unos á otros en incesante progresión, saltando sobre el empedrado, rapidísimos, como si sus caballos fuesen aguijoneados por el ansia febril de la gente que portean, de toda aquella gente que huye de Madrid- horno. De los jardines del Palacio Keal suoe un eaho ardiente, de tierra encharcada al sol; las piedras, calcinadas, abrasan los pies de los mozos de lavadero que van al río, y los grandes plátanos de los andenes de la calle inclinan mustios sus arrugadas hojas... En el vestíbulo de la estación del Norte el espectáculo es más pintoresco. Frente á las ventanillas del despacho de billetes, largas filas de hombres que se encogen y se enroscan sobre sí mismas lentamente, renovándose sin tregua; junto á las puertas, abanicándose con furia y produciendo llamaradas de luz y de sombra, alternativamente, giupos de mujeres con LLEGADA A LA ESTACIÓN DEL NORTE. DEL ÓMNIBUS AL ANDEN Un silbido corto de la locomotora de manió bras, domina el vocerío, y los frenos neumáticos funcionan deteniendo el convoy, mientras los empleados, con largos listines en la mano, eolocan sobre las portezuelas letreros distintos y abren los carruajes. Los viajeros se agolpan sobre el tren; suben precipitados. Ha) breves momentos de confusión. Mozos y lacayos amontonan maletas de cuero rojo y sombrereras de mimbre con cierres niquelados, sobre los asientos y en los corredores de los sleeptng. Algún viajero, con impaciente desorden, se deja caer soKre los blandos almohadones; pero inmediatamente se levanta y salta al andén, congestionado y sudoroso. Los coches, expuestos al sol en los Docks durante el día, abrasan, y es imposible permanecer en ellos. Pocos momentos después no se puede circular por los reducidos andenes de la estación, indigna de una capital europea... ¿Pero dónde se va á meter este gentío? Y en efecto, comienza la dificultad de colocarse. Los empleados se multiplican. Surgen vivos altercados, reclamaciones furiosas, el griterío aumenta, y algunos niños lloran y llaman á su madre en español, pateando en inglés sobre las espinillas del vecino. De pronto, un timbre eléctrico re- EN EL ANDEN. EQUIPAJES Y VIAJEROS elegantes trajes claros, con grandes sombreros de paja envueltos en flotantes velos azules y blancos, charlotean á gritos y ríen á carcajadas, mientras unos cuantos niños, correctamente enguantados, interrogan á la estirada mtss en perfecto inglés, curioseando con sus ojillos alegres el ruidoso caer de los equipajes en las vagonetas que pasan rápidas sobre la báscula, cuya larga aguja gira en el cuadrante, se detiene un momento y vuelve á girar... En el andén, el calor de estufa asfixia, el cuido ensordece, y marea el movimiento nervioso de tanta gente que va de un lado á otro sin motivo, entorpeciendo el paso de los empleados, hablándose á voces, registrándose los bolsillos para inventariar su contenido, comprando al mismo tiempo tabaco, cerillas, periódicos y Guías junto al mostrador de los refrescos y las sodas, en donde ancho círculo de muchachas, rodeado de apretada fila de hombres, flirtea coquetón, perfumado, alegre y sonriente. Lentamente retrocede, desde afuera hasta I centro del andén, un tren de lujo formado ya. Apenas produce ruido; se desliza sobre los carriles de ando caer de los engrasadores reb o u i tt. d i b j ttí i J Oc. s neot uzeas. A L SALIR EL TREN. LOS QUE SE QUEDAN Fots. Asenio