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B C. MARTES 24 DE jULICTPE roo 6. PAG. 4. EDICIÓN i. eos, y conírrv. ó! s r. ot: c; s que hsee días publicamos relativa á que, una vez suscriptos los 5o millones de la primera serie de obligaciones del Tesoro, quedará dicha emisión cerrada. Nos dijo también que estudia el medio de oncr término al contrabando del tabaco que en grande escala se viene haciendo, y que perjudica en extremo! a renta; asunto que será objeto de un proyecto de ley que en su día presentará á las Cortes. Y, por último, que ha empezado á recibir ios presupuestos parciales de gastos, y que en cuanto los tenga todos en su poder se dedicará á estudiarlos, con el fin de proceder á la redacción del presupuesto general. do e! trote por e! trole, el tranvía moderno huye veloz, más que la cierva herida... Corre veloz como la fuerza acumulada de que es honroso partícipe y representante... ¡Admirable demostración de que el hombre no debe fiarse de los animales, á no ser de aquéllos á quienes tenga que saludar por obligación ó por compromiso! El tranvía eléctrico ha venido, pues, á colaborar en las delicias del veraneo madrileño. Un viaje en tranvía es cosa verdaderamente admirable para quien no puede hacer otro. Desde que hubo tranvías hubo viajeros más ó menos audaces que recorrían todo el trayecto de ida y vuelta, aunque ¡es csultaba un poco caro. La empresa, imitando el ejemplo de sus afines ferroviarias, ha establecido estos servicios especiales para viajes de recreo, que tanta aceptación han tenido, como se dice en los anuncios comerciales. As! como hay trenes- tranvías, hay también tranvías- trenes, vamos al decir, Y puede asegurarse que estos tranvías de recreo han venido á llenar un vacío Por eso van llenos. ¡Yaya si tienen éxito... Desde las siete de la noche en que empieza el servicio, hasta las Ni los jóvenes de buen humor que fiacen cnrs tes de todo y por todo y asi pa an el rato taj divertidos. H v también quien se sopla tres viajes se guiaos, durmiendo como un bendito, arrull do por el pito del cobrado EL VERANEO EN MADRID I os infelices ciudadanos que por falta de d ñero ó por sobra de ocupaciones tienen que resistir en Madrid las caricias estivales, buscan, como es lógico, la manera de sortearlas, procurando, al par, distraer un poco la monotonía de su existencia. lgunos pequeños capitalistas pueden permitirse el lujo de alquilar una casita fresca en ios pueblos cercanos ó en los alrededores de la villa y corte. Otros, menos adinerados, limítanse á realizar excursiones domingueras, exprimiendo en sólo un día los modestos placeres correspondientes á los siete de la semana. Y otros, los más desventurados, sujetos mañana y tarde á su obligación ó á su miseria, buscan en las nocturnas horas el fresco y la distracción, tan necesarios Dará el cuerpo y para el espíritu. Como en este bajo mundo todo es relativo- -sin excluir la significación democrática del actual Gobierno, -el verano madrileño, asfixiante y hórrido, tiene la relatividad de sus noches claras y serenas, como los ojos alabados por el clásico. Y á gozar de sus encantos se desparrama por calles y paseos el buen vecindario que huye de sus casas en pos del vital aliento de la madre Venus (Céfiro blando, como es sabido) Porque en las noches veraniegas de Madrid suele haber hasta fresco. Un fresco, naturalmente relativo. he aquí cómo todo, hasta! as frases, cambia de valor según el medio en que se produce. La locución ¡vaya usted á tomar el fresco! que se considera como un insulto en momentos de excitación, puede ser estimada como un consejo saludable durante la canícula. Tomar el fresco es la aspiración suprema de todos los mortales que padecen de la gota de sudor, es decir, de todos los mortales. Y para aspirar con delicia el aireciilo que corre benéfico y providente, lo mejor es correr tras él Eodo cuanto se pueda y en pies ajenos mejor que en los propios. Porque aunque sepjmos por el axioma científico que el movimiento es calor, no puede dudarse que el movimiento es fresco. ¡Y ande el movimiento! Esto es ¡o qu: piensa todo veraneante madrileño que monta por la noche en un tranvía, bien seguro de que la velocidad del carruaje hace más veloz el aire, y más agradable por lo tanto. Antiguamente, además de ser dulces todas las aguas del mar era menor esa ventaja refrigerante, pues la tracción animal no fue jamás tan rápida como se quería, á pesar de las blasfemias dei conductor. jNunca se pudo hacer carrera de aquellas pobres muías que marchaban al trote, cuando mucho... Pero sustituí- dos de la maarugaoa, en que saien ios tVtimos coches, un gentío inmenso se agolpa en ia estación central- -Puerta del Sol- -dispuesto á conquistar los respectivos asientos por asalto, como las fortalezas de los melodramas históricos. Movido por ese sentimiento de curiosidad que cuelga en el espíritu del repórter, como la bolsa en el cuerpo del kanguro, he tenido el honor de hacer el recorrido de la serie -sin perjuicio de apurar el alfabeto- -en unión del compañero encargado de trufar esta información con cuatromonos 7 í jajciij horrtdus, Linn) El viaje resulta cómodo, entretenido y agradable de veras. Y además muy económico. Por so céntimos se viaja de Sol á Sol, según reza el billete. Se sale de la Puerta del ídem y se vuelve á ella después de pasar por la estaciones siguientes: Retiro, Santa Bárbara, Bilbao, Arguelles y San Marcial. Como se ve, éste es una especie de tranvía de cintura, ó por lo menos de cinturilla. La vuelta es estimable en su género, y en darla se tai da una hora justa, á velocidad prudencial que permite las naturales expansiones y el disfrute de la temperatura, que es lo que se busca principalmente. Si no todo Madrid, dos sílabas por lo menos se aprovechan de la comodidad y baratura de esos viajes. La mamá con sus niñas casaderas; el matrimonio en sus tres fases- -luna de miel, con cuatro ó cinco crios y en plena jamonez; -el novio que brinda fs; pequeño obsequio á su adorada prenda; e ¡cotorrón que mira á todos los rostros femeninos sonriéndose, como si las mujeres fueran peces de colores; el caballero modesto que tiene fuera la familia; el señor que vive solo en el mundo y se distrae por poco dinero; las hermanas soheronas, la viuda pensionista, con su criada correspondíante ¡Toda esa humanidad, en fin, que vive á sus anchas en la estrechez que por clasificación le corresponde, y que resulta ridicula ó trágica, según el lado por que se la mire. No falta, como es natural, en ninguno de esos tranvías, el señor que se Ice, periódico tras periódico, toda la Prensa cié la noche. Y hay graciosos que se dzspiden a! partit agitando el pañuelo desde la plataforma para dar la impresión de que el viaje es de veras. Quizás en breve se vendan las corespondientea guías y se alquilen las cómodas almohadas. Por lo pronto, ya el tranvía de recreo para un momento en las estaciones, y en la de Arguelles tiene seis minuios de parada y refrescos. El pasaje los aprovecha para libar dei agua de cebada, el rico limón ó la cerveza, en un puesto modestísimo que empezará á hacer su Agosto dentro de ocho días. Al ver estas escenas absolutamente ferroviarias, yo eché de menos en la estación de San Marcial, por ejemplo, una voz que gritara: ¡Un botijo e léchele Puede afirmarse que el respetable público ha acogido con entusiasmo esta ¡dea, de que la Empresa no tiene por q. ié arrepentirse. A! contrario; gracias á la estadística (ciencia de Jos números) sabemos que el resultado crema 1 tístico es excelente. En este trayecto hay em pleados ló coches, cada uno de los cuales ha ce! 1 viajes durante ia noche; lo que da un to tal de 176 viajes, aunquz parezca mentira. Cada coche (con su correspondiente jardinera) produce 20 pesetas por viaje. El total recaudado diariamente, nocturnamente para mejor decir, es, por lo tanto, de 3 5io pesetas, ó mienten las matemáticas... Considerando que en algunos viajes no irá completo el tranvía, pueden descontarse unas pesetas de esa cifra; pero siempre quedará un ingreso substanciosa y reconstituyente. No le chocará á quien haya visto desfilar ma jestuosos á esos coches que remolcan una jardinera, con su indicadora en el farol y en unas banderitas... ¡Todo el mundo quiere montar en ellos! Y algunos se dan una carrera fatigosa para alcanzarlos... El mismo Gedeón la otra noche, por no perder el tranvía de recreo de las once, tomó á Jas diez y media un coche desde su casa para llegar con tiempo á la estación. GIL PARRADO A los seííores íbírtgraíbs d e profesión y á l o s aficionados q u e á i a í e dacción d e A JS 4 J fotografías s S re al g ú n a s u n t o le i n t e r é s y d e palpiiai: t a c t u a l i d a d se les a b o n a r á O ÍES TUSETAS p o r c a d a p r u e b a quo pnblf Al p i é d e c a d a fbtogvalla s e el n o m b r e le su a u t o r