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AÑQ CUATRO NUM. 554. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. DUELOS Y QUEBRANTOS de Sarraut con Pugliesi Conti. Este duelo, duelo magnífico, agrega uno de los comentaristas, fue, como casi iodos los que se verifican tn París, un espectáculo público, en el cuai no faltó ni un detaüe, desde los dos ministros que ipadrinaron el lance, hasta el púbüco femenino, los reporters, los aficionados á la esgrima y los curiosos que contemplan un muro tres ó cuatro horas, con tal de que sepan que al otro lado de ¡as tapias ocurre algo... El duelo sancionado, el duelo convertido en espectáculo público, el duelo como parte integrante de ias costumbres de un pueblo sólo existe en los países de la raza latina, en Italia, en España y en Francia, que no son ciertamente los que, en conjunto, pueden ufanarse de mayor cultura integra! En las dos naciones que van a la cabeza de Europa en todo cuanto significa un progreso positivo, incluso en el del valor colectivo de la raza, en Alemania ó en Inglaterra nadie ó casi nadie se bate. El matonismo es un signo de decadencia, y las sociedades modernas que consienten que en S seno bullan y vivan los matones que hacen M de sus artes profesión, no merecen el nombre de pueblos civilizados. Además, y aun admitiendo todas las atenuantes obligadas en el caso, conviene no olvidar que de cada cien duelos, noventa y nueve no tienen razón para realizarse, y que podrían haberse evitado fácilmente sin ias insolencias del provocador, que fía en! a superioridad de su destreza. Los duelos terminan cuando los testigos reconocen la inferioridad de uno de los contrincantes, sin tener en cuenta que en la mayoría de los casos semejante inferioridad es previa, puesto que siempre hay en todo lance un contrincante más hábil que el otro ó más acostumbrado á este género de sports. Y esto es tan absurdo como si un hábil ciclista desafiara á correr en bicicleta á un individuo que en su vida hubiera apoyado los pies sobre un pedal y cuya inferioridad previa sería manifiesta apenas ocupara su puesto cada contrincante. El espectáculo cotidiano de los duelos no puede ser signo de valor en una raza. Los anglo- sajones no se baten en duelo porque se lo prohiben sus leyes, y además, y sobre todo, porque repugna á sus costumbres y á su manera de entender el honor y el valor, lo cual no es obstáculo para que los genitemeriT idert abandonando su hogar, las comodidades de su fortuna y las facilidades que el dinero y la alta posición les prestarían para eludir el compromiso de batirse por su patria, viertan su sangre por ella cuando es preciso. Otro tanto va sucediendo en Alemania, y no hay duda que en estos últimos tiempos las naciones que más alta prueba han dado de valor colectivo, son el Imperio germánico é Inglaterra. Ni Francia en el Rhin, ni Italia en Abisinia, ni nosotros en América, hemos tenido igual fortuna, y sin embargo, españoles, italianos y franceses nos batimos á cualquier hora. ¿Es esto un signo de progreso? Creemos que no, pero si Jo fuera y estuviésemos equivocados, sería ocasión de ir pensanPrensa se ocupa con La sión enfrancesa les pormenoresgran extenreferir del duelo do en! a ventaja ae enviar á nuestra juventud í las salas de armas, en vez de enviarla á Universidades y Escuelas prácticas, para que se perfeccionasen en el arte supremo de dirimir los problemas de la vida con la espada en la mano, MADRID, 20 DE JULIO DE 1906? SUELNÚMERO TO, 5 CÉNTIMOS niencia de dar gran realce á nuestra re presentación en las Repúblicas hijas de España, se demostraba con sólo enunciar el postulado. Para Gobiernos, dignos de tal nombre, debería ser dicho cuidado uno de los primeros en importancia. Los hispano- americanos más ilustres lo estiman así. Cuando reclamábamos una selección que, hecha con recto y eficaz criterio patriótico podría reunir el personal adecuado para la obra, no pedíamos sino lo más elemental. Verdaderamente, hablar de semejante empresa hoy, cuando se olfatea por todos lados dónde habrá puesto para el deudo, el familiar ó el paniaguado, que se encuentra sin parte en el oligárquico botín, parecerá la más caprichosa de las fantasías. Por eso, al tratar del asunto, hay que poner la existencia de Gobiernos dignos de tal nombre como primera condición. Ni se evitara, sino parcialmente, el daño, con declarar puestos exclusivos de la carrera diplomática los de nuestra representación en América. Se necesita de algo más. Aquella diplomacia de trufas y Champagne, de que Bismarck hablaba, será sin duda mejor que la de, elección por el arbitrio ministerial que hoy se usa. Llenará en algunos casos las condiciones requeridas. Podrá entrar en la selección; pero, no facilitar la única primera materia. Para esto se requiere lo más granado de la juventud intelectual y culta, con vocación y patriotismo. Veremos si algo de esto se logra, antes del cuarto Congreso panamericano. MANUEL TROYANO CLÓNICA POLÍTICA p L CONGRESO PAN- Mañana se veAMERICANO rificará la inauguración del tercer Congreso panamericanista, que esta vez se reúne en Río Janeiro. Estas Asambleas se celebran por iniciativa de los Estados Unidos, los cuales, partidarios de la política experimental, miden en ellas los grados de presión que alcanzan sobre los pueblos de raza latina en aquel continente, y la velocidad, con que se desarrolla su influencia respecto de y los mismos. Los dos Congresos anteriores no les, han facilitado datos muy satisfactorios. La prevención de los países sudamericanos acerca de la hegemonía absorbente, que la gran República de Norte- América pretende ejercer en el nuevo coritinente, ha sido harto visible para lastimar la soberbia de los yanquis. Ahora éstos se las prometen más felices. Para ello ha venido de molde la guerra entre Guatemala y la República del Salvador. Ni de encargo se habría presentado, con mayor oportunidad, á mister Roosevelt la demanda, para su mediación en el conflicto. La fuerza moral, que en la apertura de la Asamblea panamericana prestarán á los Estados Unidos las funciones de humanitario al par que supremo mediador, se ha de hacer sentir sobre todos los congregados. Ya sabremos hasta qué punto semejante golpe de efecto, más ó menos, mejor ó peor preparado por los diplomáticos de Washington, influye sobre el ánimo de los representantes de raza ibéiicajreunidos en la capital del Brasil. Mas, realmente en la cuestión no podemos contentarnos con el papel de meros espectadores. Son los destinos de nuestra raza, de su puesto en la civilización universal los que se ventilan allí. Nuestra acción no aparente ni escénica, sino honda, continua, perseverante, bien orientada, podría, en parte, contrarrestar la externa y formidable del poderoso aspirante á señor y dueño. Todavía no hace una semana, que en estas mismas columnas se trataba de ese problema, que la vida y la Historia plantean á España. La necesidad de un sano y fuerte órgano de relación de nuestro influjo en América, señalábase con el relieve, que le da el pensamiento de todos los buenos españoles, que lo ponen sobre nuestras actuales miserias. La alta conve- CRÓNICA TELEFÓNICA P A N SEBASTIÁN, D Í A JO, A LAS 12 N. 1 73i La gente del país P i d e a S u a áic q u e el c a m p o la 1 PALABRAS. neces ¡ta y que fábricas están sedientas de carbón blanco. Hoy parecía que iba á ver colmados sus anhelos, pero ¡nada! el cielo se mantuvo entoldado y no soltó ni una gota, y eso que ahora son dos astrónomos á anunciar borrascas. Al vicario de Zarauz le ha salido un competidor; no es vicario precisamente, pero ha sido carabinero, que para el caso es lo mismo. El meteorólogo del barrio de El Antiguo, que así se le llama, desdeña al de Igueldo; dice que éste se entiende con las nubes, pero él pica más alto; él se las entiende con los astros; no necesita observatorio; la playa, la calle, su casa son su gabinete de estudio. La compañía de un perro como el de Gedeón, de un cuaderno voluminoso y de un catalejo de quince pesetas, de quince pesetas precisamente, ni una más ni una menos, le sirven para pronosticar el tiempo por meses anticipados. El sistema no es nuevo; había aquí antiguamente una imprenta que editaba todos los años un Calendario sistema Zaragozano. El pronóstico del tiempo para la fiesta de Santo Tomás, allá hacia fines de Septiembre, era