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BgAÑO CUATRO NUM. 553. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. DE ACTUALIDAD INTERNACIONAL UATEMALA Y Entre las noticias EL SALVADOR sobresalen con palpitante interés aquellas que se refieren al rompimiento de relaciones entre las Repúblicas sudamericanas del Salvador, Guatemala y Honduras. Y con el fin de informar debidamente al público acerca de ese conflicto, uno de nuestros redactores visitó ayer al ministro de Guatemafa, Sr. Carrera. La Legación de la República de Guatemala en esta corte, se halla instalada en la única casa construida de la calle de Casado del Alisal. Y allí encaminó nuestro compañero sus pasos i primera hora- de ayer tarde. Una vez dentro de la casa, el visitante, que Ha atravesado á mediodía las soleadas inmediaciones de la iglesia de los Jerónimos, respira con cierta satisfacción. El bienestar aumenta al entrar en un anchuroso hall central, altísimo de techo, sumido en na grata penumbra, en la que se dejan ver plantas magníficas y hermosas lunas que adorsan los muros de mármol de la estancia. El Sr. Carrera se presentó ante nosotros. s un caballero de edad respetable, cortés y discreto. En sus maneras reposadas y en su palabra tnta y comedida se delata el diplomático experimentado, que pesa las frases antes de pronunciarlas. Contestando á nuestras preguntas, el señor Carrera tuvo la bondad de hacer las siguientes manifestaciones. No, señor; no he recibido todavía telegrama alguno oficial que confirme la noticia de haberse firmado la paz entre el Salvador y Guatemala. Pero no tengo por qué ocultar á usted que mis impresiones son francamente optimistas. No hago más que seguir el adagio francés; Pas to el auxilio á los revolucionarios. No sucedió lo mismo en Honduras y el Salvador. Y esto es todo. Hubo las indispensables reclamaciones diplomáticas que fueron desatendidas, la intervención amistosa y estéril de los Estados Unidos y, por fin, llegó lo inevitable, que por fortuna para la causa de la humanidad ha sido breve; pero que, por desgracia, ha ocasionado víctimas, y algunas, por distintos conceptos, muy sensibles y dolorosas. Estoy seguro que el conflicto de Honduras se arreglará bien y pronto, pues su actitud era una resulta de la del Salvador. Y no lijo más el Sr. Carrera, el ministro de Guatemala, á quien reiteramos desde estas columnas la expresión de nuestro reconocimiento por su amable acogida. ggMADRID, 19 DE JULIO DE 1906. NÚMERO EXTRA. 10 CÉNTIMOS g No nos hemos parado en escrúpulos morales y hemos puesto por obra nuestro pensamiento; ha gritado el encargado de la puerta; hemos gritado nosotros más levantando los brazos al cielo; y todos en un grupo compacto é impetuoso hemos penetrado en el andén. Aquí hemos vuelto á pasear tranquilamente; á los dos minutos una, bocina se ha oído á lo lejos; luego se ha percibido un sordo rumor y hemos visto avanzar la sombra negra del expreso. Cuando éste se ha parado han aparecido varias caras en las ventanillas y un hombre fino, nervioso, con unos ojos anchos y luminO sos, ha saltado rápidamente al andén. ¡Querido Melquíadesl- -hemos dicho todos tendiendo hacia él nuestras manos. Se trata del gran orador; él va estrechando nuestras manos efusivamente; después se forma un corro y departimos un momento. ¿Qué tal ese viaje? -Muy bien, muy bien- ¿Y allá por Madrid? -Todo igual, completamente igual. El tren parte; un mozo ha cargado con un enorme bulto misterioso, inquietante, y lo trae al lado d: l insigne orador. Todos nos miramos un poco recelosos. -Es un caballo para mi cnico- -aice el ilustre orador comprendiendo nuestra sorpresa. Entonces todos sonreímos y nos dirigimos hacia la puerta. Unos coches esperan; el insigne orador monta con unos amigos en uno de ellos y otros amigos nos dirigimos á pie hacia la ciudad. El día es opaco y frío; una llovizna, menuda flota en el aire, AZORIN EN OVIEDO LEGADA DE Nuestra vida transcu- UN VIAJERO rrepUcidMnenteci Oviedo; no hacemos nada; ni siquiera escribimos. Esta mañana nos hemos levantado á las seis y nos hemos encaminado á la estación; íbamos cuatro, seis ú ocho amigos. La ciudad estaba aún en silencio; una niebla blancuzca y fría cercaba las lejanías; no se veía ninguna de esas pequeñas y negras viejecitas que allá en otras tierras de sol van á estas horas hacia la iglesia con su sillita y su rosario; ningún can pasaba tampoco, mañanero, desenvuelto, como quien no se preocupa del día que va á comenzar con sus cuidados. Nuestros pasos resonaban sonoramente sobre las aceras y todos callábamos en tanto que nuestras miradas se dirigían hacia un paisaje lejano en que los árboles aparecían borrados por la niebla. Cuando hemos llegado á la estación, todos hemos comenzado á pasear por una larga sala; todavía faltaba media hora para que el tren llegase. Esperar en una estación es un poco aburrido; en el salón en donde estábamos no teníamos espectáculo ninguno que contemplar; acaso dentro de la estación, paseando á lo largo del andén, una locomotora que maniobra, un mozo des nottvelíes, borníes nouvelles... Ahora, hace pocos minutos, estaba leyendo que pasa con un farol, unos vagones que marun despacho que inserta la edición del Tiew- chan lentos, nos distraerían un rato. Hemos TTork Jierald, de París, y en el que se afirma intentado, en su consecuencia, penetrar en el que los Gobiernos de las Repúblicas del Sal- andén; para penetrar en el andén se necesita vador y Guatemala han aceptado la propo- un billete; era natural que nosotros ti atáramos sición de un convenio amistoso presentado por de conseguirlo; pero lo malo es que la taquilla el antiguo secretario de Estada de los Estados estaba cerrada y que no había señal ninguna de que el encargado de los tales billetes apareciese Unidos, Mr. Robert Bacon. Tengo la esperanza de que muy pronto, por su puesto. Hemos interrogado á un mozo y quizá dentro de pocas horas, recibiré la noti- este mozo no sabía nada; nos íbamos impaciencia oficial que confirme esta grata nueva y que tando todos un poco; hemos interrogado lue (tn breve se firme una paz franca y duradera. go á otro mozo y hemos logrado saber que el Elogios sinceros merecen por su conducta encargado de los billetes iba á bajar de un monobilísima y desinteresada el presidente Roose- mento á otro. Pero el tiempo iba pasando; la hora de la llegada del tren se acercaba; no payt t y el general Porfirio Díaz. Respecto á las causas del conflicto, easiseiía recía el señor de los billetes, y entonces todos nosotros hemos decidido realizar un terrible mejor no hablar ya. acto de fuerza, llevar á cabo una pequeña revo Muchas personas recordarán los incidentes lución; es decir, asaltar la puerta del andén y promovidos en Guatemala por el subdito espenetrar en él sin billete. Esta pequeña revolupañol Menacho, pues de ellos se ocupó no hace ción realizada precisamente al ir á esperar al un año en el Congreso español el Sr. Lerroux, amigo á quien esperábamos, acaso era un con Hiando era jefe del Gobierno el Sr. Moret. trasentido, una paradoja; quizá nuestro amigo Menacho secundó activamente al general y al enterarse de este acto iba con seguridad á ex presidente de Guatemala, Sr. Barillas, que reputarlo. Pero, si no realizábamos esta revopretendía ocupar la primera magistratura, y el lución, este acto de fuerza, fuera por completo Gobierno guatemalteco vio invadido su terride la legalidad, ¿cómo íbamos á tener el placer torio por sus cuatro costados de estrechar su mano al descender del tren? Méjico, nación grande y fuerte cortó pron- POLÍTICA RECREATIVA Apenas desvanecido el eco del banquete en honor de un ministro, ya se percibe el olor del banquete para honrar á un subsecretario... ¡Es uno más de la nueva serie político- gastronómica nacid con la novísima situación! ¿Cómo enfadarnos en ese acto ni con ese acto... Bien que nada conseguiríamos con enfadarnos... Hace algún tiempo varios chicos de buen humor quisieron acabar con la perniciosa costumbre, y organizaron el famoso banquete á Gartbatdi, donde el ilustre hombre público hizo también sus correspondientes declaraciones. Y la costumbre siguió triunfante, í pesar del humorístico correctivo. Y así continúa lo que, parodiando un título clásico, pudiéramos llamar Banquete al uso y brindis á la moda, Y como la vida política es la que se lleva toda nuestra atención, en ella es donde los banquetes menudean. ¡Lástima que sus organizadores lo tomen siempre tan en serio y crean que esas fiestas son verdaderamente fundamentales! ¡Lástima también que el jefe de cocina no sea un humorista, ya que pedir un satírico sería pedir demasiado... Porque si un espíritu fino y zumbón fuera el encargado de arreglar el menú, ¿no es cierto que podría presentar un pequeño símbolo de lo que motivó el banquete, aunque sólo fuera entre dos platos? Y en verdad que excedería en substancia al resultado de las promesas de los brindis... ¡Que al fin él daría algo entre dos platos, cuando el orador diera nada entre Jos mismos... A Quién se te ocurriría primeramente en el ANQUETEO