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MARTES 17 Dfc JULIO DE ioc 6 PAG. 8 EDICIÓN i s PREGONES DE MADRID íntre los pregones E lies madrileñas, que animan las ca- i hay uno eminentemente veraniego, como el canto de la chicharra. Es el de las ¡moras, moritas, moras! que se anuncian en las horas calurosas de la siesta, con voces atipladas que interrumpen chillonas el silencio que sucede á la comida del medio día. Los madrileños netos son muy aficionados á las moras, y en otro tiempo hubo en el recinto famoso que al Rey moro aliviaba el miedo, muchas y frondosas moreras. De los restos de aquella hermosa vegetación salen los frutos que se ofrecen á los madrileños que no veranean. ¡Moras, moritas, moras! ¡De jardín moras! Y la buena burguesa madrileña se apresura á comprar, para comérselas como rico postre, bien envueltas en azúcar, ó para confeccionar el licor que ha de ser remedio eficaz contra los cólicos. En ninguna casa madrileña que guarde el culto á la tradición, falta el frasco de aguardiente, donde la mora, combinada con otros aromáticos ingredientes, forma el licor que se paladea con gusto, después de las copiosas comidas del invierno. El pregón de las moras comienza pocos días antes de la Virgen del Carmen y termina depués de la Virgen de Agosto. N o le oyen los que se van á las playas y balnearios, no suele dejarse oir en las calles del centro, es eminentemente popular, como la cortina de lona, como el botijo de barro, como el tiesto de albahaca. Fue compañero de los baños del Manzanares en los tiempos en que estuvieron en boga los Cipreses, los Jerónimos y el Arco Iris y quedan como recuerdo de los tiempos pasados. Para la semana que entra, ya se habrá ido la Corte, ya quedará en Madrid muy poca gente conocida, y la capital dormirá su siesta anual arrullada por sus pregones tradicionales, entre los que es uno de los más clásicos el de las moras. UN MADR EÑQ una taberna del faubourg Montmartre, y la desgracia quiso que la canua fuese moital. Pues bien, como me habéis condenado á muerte, me tendrán que ejecutar. Desde hace diez -No puede ser, Sr. Adam- -le argumentan de todas partes. -Desde la demolición de ¡a Grand Roquete, no hay en Paris un emplazamiento eterminadoparala guillotina; y por otra parte la ley impide la no publicidad de las ejecuciones, por lo cual no pueden efectuarse en el interior de las prisiones. -Todo eso me importa poco- -replica in dignado el S t Adam. ¡Me han condenado, que me ejecuten! Y no hay medio de hacerle desistir de esa idea. Sin embargo, á pesar suyo, Adam puede ser indultado por el jefe del Estado, soberano en materia de gracia. Pero se presenta un terrible dilema. Las gentes temen que Adam, en un momento de cólera, al conocer la clemencia presidencial, se entregue á un acceso de furor y mate á alguien dentro de la cárcel. Entie tanto los parisienses, más obstinados que Adam, se niegan a dejar funcionar la guillotina en ningún barrio. Cada vez que se designa un lugar para dar hospitalidad á la fúnebre máquina, los vecinos se sublevan, los concejales se indignan, el diputado protesta y sus razones y quejas llegan hasta el ministro de Interior. Y entre tanto Adam, en la cárcel, entre bifi lees y más btfles, y trago y tras trago, dice: ¡Jlh, ga c estrigoto; ¿no encuentran sitie para colocar la guillotina? Tanto mejor eso era... hetera á Lepine. París, 14, Julio 1906. D. EUGENIO MONTERO VILLEGAS NUEVO DIRECTOR GENERAL DE AGRICULTURA Fot. Compañy F. MORA años los parisienses no han presenciado una ejecución capital. Yo quiero ofrecerles una, quiero darles ese espectáculo gratuito, para que vean cómo saludo á la guillotina. ¡Quiero ser guillotinado! me lo han prometido y tendrán que cumplirme la palabra. En mi causa no existe ni la sombra de pretexto de rev; sión. Preciso os será llegar hasta el fin, á pesar de todo. ¡Ah! ¿conque se condena á muerte por un quítame allá esas pajas? ¿Y para qué? Para luego, sin que se sepa por qué ni por qué no le anuncien á uno la gracia! ¡No, no; yo no aceptaré la gracia- -terminó diciendo el condenado á guisa de conclusión. Y en efecto, el apache se negó enetCTÍcamen- ACET 1 LLA RIMADA. AMOROSAS Tiene el amor sincero y pudoroso su atractivo especial; pero es muy sos o. Por eso algunas almas escogidas gozan más c o i el ímpetu furioso de las pasiones locas... bien fingidas. Soy tan celoso, que siento cieitos resquemores cuando me contemplas extasiada; porque con el pensamiento creo que me estás jugando alguna mala pasada. ¿Me dirá la verdad? ¿Soy yo el primero? ¿La quiso alguno como yo la quiero... ¡Feliz quien se enamora de una viuda por ahorrarse el tormento de la duda! ¿2. POSTALES EUROPEAS ÍN CONFLICTO CON Un distinguido apache, llamado LA GUILLOTINA Adam, más conocido por la policía parisiense por el romántico apodo de el Frisé, profesa por la justicia ideas excelentes y sanas, ideas que conviene propagar entre esta sociedad escéptica, burlona y sin respetos á nada ni á nadie. Este Adam extraordinario, y apache profesional, no se acomoda con las susceptibilidades de los procedimientos curialescos, y quiere que á todo trance se cumpla la voluntad de la diosa Temis, á pesar de ser él, Adam el Rizado, la j víctima propiciatoria de sus funestos rigores. El 29 de Junio último, el jurado del Sena declaró que había motivos suficientes para que Aáam entregase su rizada cabeza á M Deibler. Adam, al oir pronunciar la fatal sentencia, DON JUAN NAVARRO REVERTER quedóse un momento estupefacto, pero pronto NUEVO DIRECTOR GENERAL recobró su sangre fría, y dirigiéndose al presiDE PENALES Fot. Kaulak dente de U Audiencia pronunció este singular te á firmar la demanda de indulto aue le pvediscurso: -Señor: Lo que rae ocurre tiene mucha gra- sentaba su abogado. -Quiero que me guillotinen- -sigue dicien ia. Es cierto que yo acaricie- -una puñalada en el cúrazóu- -á mí amigo Koch á la salida de do obstinadamente. Te arruinaron las mujeres, te gastaron los placeres en una perpetua orgía, ¿y te quejas todavía? Pues pide más, si más quieres! ¡Le he visto entrar por el balcónl Insisto en que eres una tal, y no lo aguanto... ¡No hables por Diosl Como te quiero tanto rae vas á hacer creer que no le he visto. El novio de Clarita lleva en un dedo un brillante tan gordo que mete miedo. Por eso Clara mira al novio á la mano más que á la cara. De mis amores siempre encendida la inmensa hoguera verás si quieres en mis pupilas... ¡Qué feliz eres! ¡Esa es la gloria y esa es la vida! Yo de tus ojos en lo profundo veo señales de hastío y tedio... ¡Tú ya te cansas! Y ¿qué remedio si esa es la vida, y ese es el mundo ¿Te acuerdas? Hace dos anos me querías con delirio: