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SE AÑO CUATRO NUM, 53 7 CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. SÉMADRID, 3 DB JULIO DE 1906, NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS Si se inaugura, al finr la nueva política, cuyo prólogo habrá de ser la disolución de las actuales Cortes, la jefatura del Sr. Maura será factor indispensable á la causa, que él está llamado á defender. En el nuevo Parlamento ¿quién, como él, podrá combatir por lo que, á su juicio, es preciso conservar? Sí el móvil principal de la política se transforma, y se oponen ideales á ideales ¿no equivaldrá esto á la revolución desde arriba, preconizada por él? En el pantano, donde nos íbamos sumergiendo y donde quien no sentía sus miembros entorpecidos por el fango, experimentaba los efectos del paludismo, no bastaban ya los febrífugos, como remedio. Era y es preciso el soplo impetuoso de vientos capaces de arrastrar los miasmas y secar la tierra. Cuantos suspiran por atmósfera más sana, no podrán quejarse, siquiera á algunos les arrebate una ráfaga el abrigo. En contienda que habrá de despertar, no sólo el espíritu español, sino también. la atención del mundo civilizado, al tratarse de lo que mas nos caracteriza y nos divide, el Sr. Maura ocupará su puesto de honor, cualesquiera que sean las dificultades que existan. Esto se halla en la naturaleza de las cosas. adelantado; cuando estamos poniéndolo en hora, sentimos una palmada en la espalda. Hombre, Azorín! nos grita un señor, ¡Caramba, IX Juan! decimos nosotros fingiendo un profundo entusiasmo. ¿Está usted poniendo el reloj en hora? nos pregunta nuestro amigo. Iba tres minutos atrasado contestamos nosotros. ¿Quiere usted ser puntual á alguna cita, eh? dice D. Juan picarescamente. ¡Ca, D. Juan- -exclamamos nosotros- -voy ahora á ver á Natalio Rivas! ¡Hombre- -dice él- -déle usted recuerdos de mi parte! Nos despedimos y continuamos nuestro paseo. ¿Qué misterio profundo es este de la vida? ¿Qué es lo que hace que en determinados años de nuestro vivir, cuando hemos pasado ya de cierta edad lozana, cuando hemos gustado ya de muchas cosas y se han marchado de nuestro corazón muchas ingenuidades y muchas ilusiones; qué es lo que hace, repetí- mos, que encontremos un profundo, un misterioso encanto en muchas cosas pequeñas que antes pasaban para nosotros inadvertidas, que haya para nosotros un goce supremo en los minutos vulgares, monótonos, del día y que encontremos una viva satisfacción en hablar, en departir con gentes sencillas, humildes, que no pueden enseñarnos nada, pero que parece que tienen en- su sencillez un enigmático efluvio espiritual, un reposo, una ecuanimidad de que carecen- los hombres eminentes? Nosotros somos unos grandes locos- -escribe Montaigne; -decimos de una persona: No ha fíecho nada en su vida; ó d e nosotros mismos: Yo no he hecho nada hoy. ¡Cómol ¿N p habéis vivido? Pues ésta e s n o sólo la más fundamental, sino la más ilustre d e nuestras ocupaciones P e r o ya hemos llegado delante de una mo desta edificación situada en esta misma calle q u e recorríamos; aquí tiene su despacho y aquí trabaja nuestro amigo Natalio; nos dispone mos á entrar por un largo y claro zaguán, Cuando hemos caminado unos pasos, encontramos á un ujier sentado en una silla al pie d e una escalera. ¿M e hace usted el favor de decirme- -le preguntamos- -si está el sentir s u b secretario? S í sí- -nos dice é! -suba usted por aquí Subimos por unas anchas escaleras d e madera pintada de blanco; el ambiente es de frescura; hay un profundo silencio en la casa; n o parece que nos hallemos en tal Centro ofi cial. Conforme vamos subiendo p o r las escaleras, vemos que en el primer rellano esta colocado un ancho espejo, que este espejo refleja el descanso final d e la escalera, situado en el muro d e enfrente, y que en la barandilla de este descanso se halla apoyado o t r o ujier que nos mira subir. Estamos encantados con este silencio y esta placidez. Ya llegados al término de nuestra ascensión, saludamos cortésmentc al ujier, ¿Está el señor subsecretario le preguntamos. S í señoT- -nos contesta é l -pase usted Este ujier tiene una gran amabilidad y una gran sencillez. ¿Hay mucha g e n t e esperando? tornamos á preguntarle. El se detiene; nosotros nos detenemos también. H a y diez ó doce personas contesta el ujier y al mismo tiempo sonríe c o n bondad para atenuar el efecto d e sus palabras. ¿Diez ó doce? d e cimos nosotros un p o c o indecisos. H a y un momento de silencio; el ujier n o s mira sonriend o E n t o n c e s- -d e c i m o s al fin- -volveré á la tarde P o r la tarde- -replica el- ujier acentuando su sonrisa d e b o n d a d -p o r la tarde hay las mismas ner ofns; siempre ó ÍQC? 9 r CRÓNICA POLÍTICA JNDISPENSABI De las severas y poco reverentes frases, atribuidas al Sr. Maura, aquellas que verdaderamente fueron pronunciadas por él no estaban destinadas á la publicidad. Esto es lo que en limpio se saca de cuanto se ha dicho y escrito sobre la materia. La cosa no tiene, pues, alcance aiguno. El insigne jefe del partido conservador, que es una selecta naturaleza fundida para la lucha, pone, en ésta, ¡á veces cantidades de energía, superiores á lo que el caso reclama. Sábese tal condición suya, y por lo mismo se le endosan semejantes exageraciones. Fácilmente el endoso circula en la plaza. Su empeño en la cuestión concreta de la disolución de Cortes ha sido harto visible. De ahí los temerarios conceptos y juicios, que gratuitamente se le han adjudicado y la pregunta que está de continuo en labios de Ja gente: ¿Qué hará D. Antonio Maura, si se da el decreto de disolución al Gobierno liberal? ¡La abdicación de su jefatura! -se suele contestar. MANUEL TROYANO Posible es que, en un momento de enojo, el gran orador se haya expresado en términos que haga sospechar resolución tan extrema. Pero, desconocerá por com- NATALIO pleto la psicología del Sr. Maura quien Ó LA FILOSOFÍA ignore que, sean cualesquiera las voces IIH I maestro Montaigne gustaba de reposar que resuenen dentrb de su espíritu, la que con las piernas en alto- -tes tambes aulant dé la nota más alta será la del deber. ou plus haulles que te siege. -En esta posición Podrá ésta aconsejarle temporalmente estábamos nosotros en nuestra cámara contemuna retirada de la vida pública, como el plando el techo, sin saber qu ¿Hacer, cuando mejor de los medios para salir de una po- nos hemos preguntado: ¿Por qu ¿no iremos sición difícil y conservar incólume su hoy á hacer otra visita á cualquiera de nuesprestigio, perp nunca le impondrá la per- tros amigos? Y en seguida nos hemos acorseverancia en ese grave propósito, nocivo dado del muy querido Natalio Rivas. Entonmesa, al interés de la Patria. Porque el señor ces hemos quitadolalos pies de lahemos nos hemos levantado de mecedora, echado Maura es un jefe, insustituible del parti- mano al chapeo y al bastón y hemos abierto la do conservador. Y si la política española puerta de la estancia. La verdad- -pensábacambia de eje, cual es aspiración de todos mos mientras salíamos- -es que nosotros no los espíritus generosos, el Sr. Maura será tenemos nada que hacer No tener nada en más insustituible todavía en esa jefatura- qué ocuparse es muy agradable; íbamos por la Posee, además de su talento poderoso calle completamente descuidados; miramos los y de su maravillosa palabra, aquella ex- escaparates de las tiendas; estas damas un poco decadentes por las cuales sentraordinaria facultad, sin la cual no ha timos tan que atisbamos y se llevaban detrás viva simpatía, habido un jefe conservador, digno de este nuestras miradas; pero las cendolillas, las munombre: la suprema confianza en sí mis- chachas casquivanas y sin juicio, no nos entumo, la plena conciencia de su incontras- siasmaban menos. Los toldos- de las tiendas table superioridad que se impone, á to- ponían sobre las aceras una grata sombra y dos ios correligionarios, personas de po- hacían tambalearse de cuando en cuando nuessición independiente, por punto general, tro sombrero; caminamos por la calle de Aly en quienes sólo un elemento moral de calá hacía bajo; un amigo nos dice: ¡Adiós, esa valía puede establecer y mantener la Azorínl nosotros le contestamos; ¡Adiós, Rafael! En el escaparate de un- florista nos dedisciplina. Dos hombres han tenido aquí tenemos un momento y nos decimos á nosotros esa facultad: Cánovas y Maura. Los de- mismos que las rosas son las flores que más más que han ejercido semejante jefatura nos gustan; en una relojería nos paramos tamaun con privilegiadas dotes de intejigen- bién á contemplar los relojes- -ellos son el ¡cía, han visto brotar rivales v AieiA z símbolo de la vida- -y sacamos el nuestro. Son Hs once; nuestro reloj marcha íres ta ipot todos lados. 7 C) iz