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A B C D O M I N G O i. D E JULIO D E 1906. PAG. 4. EDICIÓN i. preciso ir a ver ai señor conde Y á las diez, cuando hemos terminado de leer nuestros periódicos y de hojear ligeramente unos volúmenes, hemos tomado el bastón y el sombrero y nos hemos marchado á la. calle. Íbamos á ver al señor conde; el señor conde vive en una bella casa construida en un ancho y largo paseo. Puesto que no hemos visitado al señor conde cuando ocupaba el ministerio- -decíamos en tanto que caminábamos- -bueno es que ahora que no es nada vayamos á rendirle nuestro homenaje. El paseo por donde caminábamos estaba desierto, silencioso; de tarde en tarde pasaba un can filósofo, despreocupado; un tranvía avanzaba con un rumor sordo, sonoro; tal vez un coche iba lentamente, como esperando algo, por el centro de! a avenida; y de la fronda de acacias y plátanos caía un resplandor suave que bañaba los trajes blancos de algunos niños en una aureola verde. La puerta de la casa en que vive el señor conde estaba cerrada; nos hallábamos ante una verja; esta verja tiene una ancha puerta en medio; pero en un extremo, junto á la pared de ¡a casa contigua, se ve una puertecilla chiquita, an gosta. Ante esta puertecilla nos encontrábamos nosotros. Vamos á ver al señor conde- -repetimos; -puesto que no le hemos visto en eí ministerio, le visitaremos en su casa. Y diciendo esto, hemos alargado la mano para oprimir algún timbre ó tocar alguna campana; sin embargo, en esta casa no había ni cadena de campana ni botón de timbre. ¿Será esto posible? -hemos pensado. ¿Cómo vamos á entrar en esta casa? A través de la verja se veían los árboles de! pequeño jardín; entre la fronda aparecían los muros del hotel. No se oía ni el más ligero ruido; no se veía á nadie. Y nosotros examinábamos ia puertecilla; la empujábamos; observábamos un buzón que se hailaba colocado junto á ella, y acabábamos, en fin, por experimentar una ligera inquietud. ¿Qué hacer en este caso? ¿No es un poco ridículo esto de venir á ver á un señor, saber que hay gente en la casa, sospechar que quizá á dos pasos, en la portería, hay un ser humano cuya única misión es abrir la puerta, y no poder entrar en esta casa ni hacer saber siquiera que hemos llegado hasta sus umbrales? Y otra vez examinábamos de arriba abajo la puertecilla, la zarandeábamos un poco, palpábamos todos sus hierros. Y al cabo, cuando ya un poco apesadumbrados íbamos á marcharnos, hemos descubierto el botón de un timbre. El descubrimiento de este botón nos ha llenado de alegría; si experimentábamos antes una imperceptible sensación de ridículo, ésta acababa de disiparse. El botón que acabábamos de descubrir estaba colocado en el muro, bastante lejos de la puerta, casi oculto por la caja destinada á las cartas, pintado del misma cotor que la pared y con tan escaso relieve que apenas sobresalía de ella. Todas estas circunstancias han hecho que nosotros nos explicáramos perfectamente cómo á pesar de tan detenidas observaciones no lo habíamos echado de ver desde el primer momento. Pero, en fin, el timbre estaba descubierto; nosotros, aunque un tanto lejano podíamos oprimirlo, y no había que pensar sino en poner sobre el botón nuestro dedo. Esto es lo que hemos hecho. Ahora- -decíamos- -vendrán, abrirán y preguntaremos por el señor conde. Y hemos esperado un momento; advertiremos que al oprimir nosotros el botón, eí timbre no ha sonado; indudablemente la campanilla de este timbre estaba colocada muy adentro, en Ja casa. Y continuábamos esperando. No se advertía ni el más pequeño ruido en el hotel; nadie salía. Entonces hemos vuelto á oprimir el botón durante más largo momento que la vez anterior; era muy posible que antes no lo hubiesen oído. Y otra vez hemos comenzado á esperar; acaso íbamos sospechando que e! timbre no sonaba. EJ tiempo transcurría sin resultado alguno; no acudía ningún, ser viviente á nuestro llamamiento; estábamos inquietos. Llamaremos una tercera vez hemos pensado, y de nuevo, con más fuerza que las veces anteriores, hemos apretado el botón. Y nadie salía; nuestra inquietud iba en aumento. Esto era absurdo, estupendo; no sabíamos qué pensar de esta casa del señor conde; de cuando en cuando pasaba un transeúnte y nos contemplaba un poco receloso al vernos examinando la puerta; teníamos ur. periódico en la mano y no sabíamos si comenzar á leerlo ó pasear lentamente á lo largo de la acera. Y cuando más sumidos estábamos en nuestras confusiones, en nuestras perplegidades, hemos visto de pronto á nuesteo lado á un hombre. Le hemos mirado estupefactos; él ha dirigido las manos hacia la puerta y ha tratado de abrirla; la puerta no ha cedido. ¿No vive aquí el señor conde? nos ha preguntado luego volviéndose hacia nosotros. Sí, aquí vive el señor conde le hemos contestado mirándole; era un hombre alto y fornido; parecía un labrador acomodado. Otra vez ha puesto sus manos en la puerta, se ha convencido de que estaba cerrada y se ha vuelto hacia nosotros. ¿No hay nada para llamar? nos ha dicho. Le hemos indicado el timbre, él ha oprimido el botón y los dos hzmos esperado en silencio. La espera ha sido inútil; ni el desconocido ni nosotros acertábamos á hacer algo que llamase la atención de los moradores de la casa. Y en este punto, ya nos disponíamos á marcharnos, cuando un señor se ha acercado á nosotros. Este señor se ha colocado delante de la puerta y ha comenzado á aguardar. rNo sale nadie á abrir- -le hemos dicho; -hemos estado llamando y ha sido ínútii. E! entonces ha empujado la puerta y ha principiado á dar en ella golpes ruidosos con su bastón. Nosotros le mirábamos en silencio; ai cabo de un rato una mujer ha aparecido en el fondo del jardín y ha avanzado hacia la puertecilla. ¿El señor conde? le ha preguntado el señor del bastón. No está ha contestado la mujer. ¿No está? ha tornado á preguntar el señor. Está fuera de Madrid ha replicado la portera. Y todos nos hemos marchado en silencio, cada uno por su camino. AZ 0 R 1 N En sus posesiones de Ittrse (Vizcaya) vera nea actualmente, acompañada Se su distinguida madre, la señora viuda de Alcalá Galiano, tan estimada en la buena sociedad madrileña. BOLSAS DEL DÍA 3o MADRID. Cierre. Interior comíado, 81,45 fin de mes, 8 í, 45; fin próximo, 8i,8o; Amartizable, 9,85; Banco, 440; Tabacos, 406; Francos, io,25; Libras, 27,72. Meicado firme. La liquidación se hace en buenas condiciones. Corre el rumor de que la Tabacalera suscribirá el lunes 25 millones de obljgc ciones del Tesoro. PARÍS. Cierre. Interior, 74,35 (paridad eoslos francos á 10,25, 80,97) Exterior, 96,90 Renta francesa, 96,32; Ruso njuevo, 88,60; Turco, 96,62; Nortes, 234; Zaragozas, 3 g 3; Rioímto, 1.658; Goldfields, 83. No logra reponerse! a renta francesa y sigue ía baja de las minas de oro. Los demás valores están relativamente firmes DE SOCIEDAD La duquesa viuda de Sanlúcar la Mayor saldrá en breve, acompañada de la Srta. María de la Oliva, para San Sebastián, donde pasarán el verano. El coronel del Real Cuerpo de Alabarderos, Sr. D. Daniel de AIós, vizconde de Bellver, está recibiendo en estos días generales manifestaciones de pésame por la muerte recientemente ocurrida de su hermano político don Nicolás María Rivero. Una á todas la expresión de nuestro profundo dolor Los marqueses de Vülamediana saldrán uno de estos días con dirección á Sarria, donde pasarán el verano en su magnífica posesión, juntamente con sus hijos los vizeondes de la LagunaLa distinguida familia de nuestro querido compañero de redacción D Antonio Palomero, ha salido para Santander. El vicepresidente de la Juventud Conservadora, D. Manuel C. de Pineda, salió ayer con dirección á Valencia. Los condes de Francos y sus hijos, se encuentran en sus posesiones de Salamanca. El conde de Beiascoain se halla completamente restablecido de ia enfermedad que le ha aquejado i a Comisión extraparlamentaria para e! estu dio de la transformación del impuesto de. Consumos, celebró sesión el jueves. El presidente (Navarrorreverter) manifestó que el trabajo esencial de la Comisión, preparatorio indispensable para fundar su dictamen, había terminado. Recogidos los datos numéricos de Ayuntamientos, provincias y Estado, reunidos también los referentes á las principales manifestaciones de la riqueza nacional y clasificados y condensados en los resúmenes conocidos por la Comisión, se había procedido á las inexcusables comprobaciones y confrontaciones de los resultados obtenidos. Costoso y entretenido este trabajo, estaba ya terminado é imprimiéndose. Añadió el señor presidente que están sobre la mesa ¡as colecciones de los estados, en prue ba, pero hasta no quedar terminada la impre sión, era imposible hacerse cargo del conjunte de los estados numéricos, cuyos resultados se enlazan unos con otros. En cuanto al dictamen que la Comisión se sirvió encargarle, dijo el Sr. Navarrorreverter que lo tenía planeado. Acerca de este asunte conferenció con el señor presidente del Con. sejo de ministros, exponiéndole que si urgencias de Gobierno hacían preciso la presentación del dictamen, lo apresuraría para que la Comisión lo examinara y modificara con rapidez, así como los votos particulares, si los hubiere, pero en este caso, los fundamentos principales del dictamen, necesarios para su mejor inteligencia, no lo acompañarían, puesto que su publicación está, por causas materiales, retrasada. No existiendo aquellas premuras, podría presentarse completa la obra de la Comisión con sus fundamentos y con sus conclusiones. El señor presidente del Consejo estimó preferente el segundo procedimiento por ser más lógico, más raciona! y ofrecer mayor suma de elementos para juzgar el trabajo de la Comisión. Con esta prudente apreciación del señot presidente del Consejo se declaró conforme el Sr. Navarrorreverter, requiriendo ahora eí parecer de los señores vocales. A pro, zsta del Sr. Moya leyó el presidente la primera parte del dictamen, en el cual, por deducciones doctrinales, se llega á ¡a conclusión de ¡a necesidad de ía supresión de! impuesto de Consumos, realizada de un modo total y general, entendiendo por iota! que abra zara e! impuesto del Estado y el de los Ayun tamientos, y por general, que se extenderá á todos los pueblos de España. No se creará para la sustitución impuestos nuevos, bastando con la reforma del sistema actual y sujetando á módicos tributos todas! as manifestaciones de la riqueza. L i s. u c i j