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4 R C VIERNES 29 DB JUNIO DE 1006. PAG, lo. HDICION J, ¿Es cierto que le ha hecho usted una retensSóp á Terán? El test go muéstrase cmocionadísimo, tanto que el presidente le concede algunos momentos de descanso para que pueda tranquilizarse. Cuando vuelve á habí ir hace nuevas protestas- -Sí, ieñor, porque tenía y tiene un débito conde honradez, agregando que por este desdichado migo. ¿Pues no dijo- usted ayer que Terán tenía sal- asunto ha necesitado retirarse del servicio para cobrar, como hoy cobra, 56 pesetas 25 céntimos dadas sus cuentas con usted? -Sí, señor; las particulares, pero no las ofi- al mes, cantidad que tampoco se me entrega en su integridad, pues con los descuentos vengo á ciales. El letrado pide al testigo que señale las dife- percibir unos siete duros, próximamente. -Hablo de esto porque quiero que se sepa púrencias que hay entre unas y otras, pero el Cantiblicamente la situación en que me encuentro desnero desiste de esta empresa, que es por lo visto pués de haber servido á la justicia lo mejor que Superior á sus fuerzas. El Sr. Larrea pregunta al Cantinera si Robles pude; porque quiero hacer constar que, habiendo se presentó en su casa como particular ó ío hizo ascendido á capitán y tener méritos en mi carrera, no me he muerto de hambre, gracias á un notario como individuo de la Guardia civil y de la policía. El Cantinero afirma que lo hizo siempre como que me ha facilitado p iegos para escribir... Encargado del asunto, continúa el Sr. Robles, particular. hice un extracto de la causa, estudié detenidauan Blanco. Es empleado de! Banco de España. Su decla- mente las distintas personas que habían intervenido ración tiene realmente poco interés, pues limítase en el delito, y me preparé á llevar á la práctice á manifestar que en una ocasión recibió una carta mis planes. Me fui en primer término á Alicante, del Cantinero pidiéndole un nuevo talonario, que busqué á Luciano González, y á los pocos días le detuve y me lo traje á Madrid, sio llegó á entregar porque no le devolvieron el Posteriormente y á vuelta de no pocas dificulviejo. A pesar de esto, no me causó. -añade- -sortades, llegué á saber exactamente quiénes eran los presa alguna, el saber que se había presentado una verdaderos autores de la estafa. letra de 2 S 4.000 pesetas que el Banco pagó. Ma ihesta que él no se propone perjudicar á- ¿Usted vio la firma de esa letra? los procesados pero sí decir la verdad, sin añadir- -Sí, señor. ni quitar detalle. Digo esto, agrega, porque ayer- ¿La consideró usted sospechosa? recibí un anónimo en el cual se- -upone que yo- -No, señor; la tuve siempre por legítima. he de callar en beneficio de uno de los que ocupan el banquillo, y tal creencia constituye nn crasísimo T on José Robles. Es la figura más interesante de esta causa, error. Volviendo al asunto, relata el testigo la detentanto por su intervención en las diligencias de captura y descubrimiento de Jos autores de la es- ción de Ve tura Sáenz, uno de los más comprometidos, á su juicio, en esta causa; su amistad con tafa, como por las consecuencias que para él ha teMaría Reina desde que doña Carlota Daban le nido el proceso famoso que nos ocupa. El teniente presentó en su casa á la hoy procesada, y los traRobles, en efecto, fue juzgado por un Tribunal de bajos que realizó para llegar á averiguar que Mahonor á raí de la detención de María Reina, 5 ría había intervenido en la estafa 1! Cantinero. como el fallo fue condenatorio, este testigo dejé de pertenecer al Ejército. Su presencia, pues, en- -Uno de los detalles que más llamaron mi atenlas Salesas se acoge con curiosidad, y cuando en ción fue el de que María Re na cambiaba billetes tra en la Sala se advierte en 1 público gran ex- del Banco con frecuencia extraordinaria; nada ia pectación. dije, sin embargo, hasta un día en que por enconContesta á las preguntas generales de la ley, trármela en la calle me proporcionó ocasión de maque es capitán retirado de la Guardia civil, ti ne nifestarla mis sospechas, porque sin temor de nincuarcita y dos años v no ha sido nunca oroce- guna clase expuso la cuestión en estos ó paiecidos términos: sado. ¿De quién- -pregunta el fiscal- -recibió usted- -Yo soy más lista que usted, y he averiguado el nombramiento para que investigase y descubrie- que usted no es lo que parece. se á los autores de la estafa de oue fue víctima el- ¿Pues quién soy yo? -la pregunté. Cantinero? Un policía, que no tiene más que descaminos- -Recibí el nombramiento por una Real orden que emprender: el de denunciarme, y en este caso del ministerio de la Guerra, y en ella también se pierde usted la carrera y su reputación, ó el de me mandaba que me pusiera á las órdenes del fisdejarme en paz, á trueque de conseguir en poco cal de S. M. y del juez eme instruía el sumario en tiempo un ascenso; elija usted. aquella época. Yo opté por denunciarla, y he de confesar que Ma- -Refiera el testigo lo oue sepa de! hecho ori- ríaReina ha cumplido supaíabra, porquehe perdido gen de esta causa. mi reputación y mi carrera. En efecto, al siguiente Robles empieza diciendo que viene ai iuicio día dedenunciar á la procesada, recibí un voiante de con el honor hecho jirones. unode mis compañerosaiiunciándome que se me haAñade que el año 1904 se hallaba destinado bía Yo. mado el primer tribunal de honor, so preen las oficinas de la Comisión liquidadora, y que texto de que yo recibí, cuatro años antzs, un alfiler su jefe, un teniente coronel que había firmado un le corbata que me regaló en Sevilla un capitán de documento de préstamo con hipoteca, al Cantinero, Caballería, á quien había prestado algunos servidíjole que éste, el prestamista, le había prometido cios como, amigo. saldar sus cuentas con él si descubría á los au. ores Uno de los letrados derensores pide que conste de la estafa. en el acta estas palabras, y el presidente así lo- -El teniente coronel, ante tan halagüeña espe- acuerda. ranza requirió mi auxilio, y pocos días después de- -Posteriormente- -continúa el testigo- -se prenuestra primera conferencia, tenía yo el encargo sentan en mi casa tres oficiales de la Guardia civil de perseguir y capturar á los estafadores. y me enseñan un borrador, que yo debía copiar y Al terminar mis trabajos, hice presente ai te- firmar, comprometiéndome á retirarme del servicio niente coronel Sr. Laforteza, que con mi sueldo tres años más tarde; es decir, tjue mis compañeros 310 podría realizar algunos gastos que el servicio reconocen que tengo honor á plazo fijo, puesto de que me hallaba encargado me habría de origi- que puedo seguir en activo hasta ia fecha indicada. nar, y como estuvo conforme conmigo en este Los tres oficiales dijéronme, además, sin duda punto, me acompañó á casa del Cantinero para in- para tranquilizarme que, como pasados los tres dicar á este señor la conveniencia de que me faci- años era de suponer que el corone Elias se hubielitase los fondos necesarios. D. Manuel García ra retirado, quedaría todo reducido á un papel Gutiérrez oyó mi pretensión, y encontrándola jusmojado, pues nadie había de exigirme ya el cumta, me adelantó 5oo pesetas, cantidad que se me p ¡miento de aquella promesa esentí. acabó al poco tiempo, porqu: hice viajes y gastos Asciendo á capitán y, cuando nada parecía turindispensables en los trabajos emprendidos, v me bar la tranquilidad en que vivía, se me forma nueVi obligado á solicitar otras Soo. vamente tribuna! de honor; se me exige que me reY aquí empezó mi calvario, exclama, porque tire y; aunque justifiqué como en el primeramente desde que se hizo público que yo me hallaba en- formado, el empleo de las 1.000 pese as recibidas cargado de este servicio extraordinario, comencé del Cantinero; puesto que hice viajes á Monaco y é recibir disgustos, á sufrir vejaciones y á pasar á Alicante y gastos de consideración; aunque detan malos ratos, que es verdaderamente milagroso mostré, en una palabra, que en nada había faltado que no haya sucumbido. Por otra parte, raro era al honor militar ni deshonrado el uniforme, me ¿1 día en que no recibía algún anónimo dándome obligaron á darme de baja en 1 Ejército, y por pistas falsas, amenazándome con que iba á perder haber desempeñado cargos policíacos por haber la vida el honor y la carrera... tratado con el inspector Blanco y por otras razo- J nes de igual peso rae dejaron reducido á! a triste situación en que me encuentro, pues oerdí la salud, perdí la carrera y me arruiné. Robles d ce después que habló con Saldañi por que se lo presentaron un día en la Puerta del Sol para que le facilitara algunos datos que conside- raba necesarios en la investigación, que á la sazón se hallaba practicando. Refiérese á los procesados y afirma que tiene la convicción de que Terán es inocente, pues siempre lo consideró como una víctima de ios demás; Conde es el director artístico de esta compañía (risas) María Reina y Luciano González, los amores de la estafa; Borroell, Engracia, Ibotr I láñez, Díaz y Eugenio Fernández, cómplices de! a misma, y Benito Calzado, encubridor, por bruto. El testigo afirma á continuación que estuvo en casa de María Rema para descubrir á los autores del delito; que supo la participación que cada tino de ellos tuvo, poique Borroell le dio pormenores de mucha importancia, que contribuyeron al esclarecimiento de los hechos. ¿De suerte- -pregunta el fiscal- -que María Reina mandó á Borroell á comprar la letra en un estanco? -Sí, señor. ¿Y qué le dieron por este servicio? -Quinientas pesetas. ¿Quién recogió el dinero su Avila? -Eugenio Fernández. ¿Este á quién lo entregó después? -A Ventura, que lo recibió en Eí Escorial y lotrijo á Madrid para dárselo á Conde. ¿Y Luciano, qué papel tuvo en todo esto? -Era el encargado de reexpedir en San Se bastían las cartas dirigidas á Terán y al Cantinera. ¿Sabe usted dónde recibió María Reina la cantidad que le correspondió en el reparto? -Ignoro i fuéá casa de Conde ó éste se lo erw tregó en el domicilio de aquélla. T escanso. Sigue Robles declarando. Después de treinta minutos de descanso, sigue declarando el Sr. Robles, El letrado Sr. Cortinas, le pregunta si? me nazó á Luciano con llevólo por la carretera y hacerle declarar con el maüsser de los guardias. El testigo lo niega. Otros letrados dirigen vatias preguntas a! señov Robles, y como éste acusa á Mana Reina de haberle amenazado con perder ¡a cairsra si io de nunciaba por la estafa, se celebró un careo entre aquélla y el testigo. En el careo, que fue animado é interesante como pocos, salen á relucir reuniones de gente sospechosa, timbas, ruletas, visitas de policías calro 5 de dinero, parentescos con perdonas de elevada categoría, etc. etc. El presidente, en vista de que no se ponen de acuerdo Robles y Alaría, suspende el careo. Los letrados continúan interrogando af Sr. Robles, y éste, por último, repite, á instancias del fiscal, que las denuncias presentadas contra él por el Sr. Elias son falsas; que los oficiales á quienes se ha reterido anteriormente le obligaron con amenazas á escribir una carta comprometiéndose á retirarse del servicio, y que María Reina le amenazó con hacerle perder ia carrera si la denunciaba. El Sr. Martínez Enríquez pide a! Tribunal que haga constar en acta todos estos extremos, y una vez acordado por la Sala, se suspende la sesión, que continuará mañana. UN PASANTE ECOS POLÍTICOS I a situación. Ge ignora, ó por lo morios se ignoraba ayer, si mañana se celebrara ei animciauo Consejo de ministros. Igualmente está en duda si la reunión del Gobierno, que ha de seguir á la aludida, tendrá efecto en La Granja ó en Madrid. En este segundo caso claro es que eJ Rey vendría á esta capital. Y en este Consejo presidido por S. M. ¿se producirá algún hecho que haga cesar la situación dudosa en que se encuentra el Gobierno? Nuestras noticias nos permiten asegurar que no. El Gobierno no parece dispuesto á dar un paso decisivo; quisiera conocer, antes, de adop-