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A B C. MIÉRCOLES 27 DE JUNIO DE 1906. PAG, i o. ED 3 C 1O N i. Este niño es mi principal resorte de Uoaencia ae su absorbente madrastra, pal- huerto monacal, D. Juan MeUndez Veldés y O itan en el Real Sitio de San Ildefonso, Paseo provinciano son magistrales, definitivos. bierno. Verdad es que Olaf es noruego por instinÍSÍ como los de la enfermedad y el tes- Y esto basta para que saludemos en el señor to. Le entusiasma la bandera nacional. Le entamento de Fernando VIí y las tumul- Diez Cañedo á un gran poeta. AZOR 1 N canta la nieve y ha aprendido rápidamente á tuosas escenas de los sargentos con la manejar su pequeño trineo. Nada tiene apenas Reina Gobernadora. que aprender para ser príncipe heredero: le Como residencia de estío es agradabi- GACETILLA RIMADA. basta con dejarse querer. Para su padre, ya es lísima por la belleza de los jardines y lo QUISICOSAS má, s difícil la tarea. amenísimo de los alrededores. Sobre 1 Olaf vino al mundo como tardía, pero estodo, á orillas del río, donde se crían pléndida bendición del cielo, al matrimonia Hacen de mi amigo López tan exquisitas truchas, y en los embalsadel príncipe Carlos con la princesa Maud. Cael rigor de las desdichas, sados éstos desde 1896, su hijo, casi ya inespérdidas, enfermedades mados pinares. UN MADRILEÑO y disgustos de familia. Desde hace unos cuantos años, pasa una vida malísima, y hoy el pobre está que al cuerpo no le llega la camisa, porque leyó que ayer Alba tomó severas medidas para ir limpiando la corte de gentes de mala vida. 1! Moret, mande usté á la fr a el decreto que contiene Ja disolución famosa... ó vea si le conviene usarlo para otra cosa; que este calor de cien grados deja el asunto re- suelto, pues nos tiene liquidados y antes de un mes ha disuelto á todos los diputados. 111 Tapia, ¿pensaste que al fin (según leí el otro día) la Prensa ya no hablaría de Echegaray (D. Martín) ¡Ilusión vana, Luisín! En los papeles verás cómo no cesan jamás de mSncionarle d destajo por arriba, por abajo, por delante y por detrás. IV Como al banquete no fui de Querol (y lo sentí) esto á La Huerta mandé. En un examen lo oí y hoy lo copio en A B C. a- ¿Cuándo usamos el mentot? -Cuando hay pasmo. ¿Y el salol? -Cuando hay que desinfectar. ¿Y qué usamos para honrar á nuestra Patria? ¡El Querol! IUAN PÉREZ ZÚÑ 1 GA LIBRO DE VERSOS yivimos nosotros retirados en nuestro me china! no asistimos á ningún banquete; no le contamos á los amigos que encontramos cosas largas, interminables, que les obliguen á ttender á nuestras palabras y no á los escaparates de las tiendas, á las lindas muchachas que pasan y al espectáculo de la calle; no le leemos i nadie la página que acabamos de escribir; si tenemos alguna angustia íntima, nos ponemos 1 salir de casa una careta b. en tupida; amamos política, como espectadores, por lo que tiene de juego de pasiones, de variedad de gestos, ¿e enseñanza psicológica; nos honramos con la imistad de innumerables personajes políticos y parlamentarios; no le pedimos, ni le hemos pedido ni es posible que le pidamos nada á ninguno; conservamos así nuestra independecia, no para la censura, sino para el elogio; respetamos cuantas opiniones oímos; si algo se estribe vio fritamente en contra nuestra, lo resoetamos t mbién, pero tenemos buen cuidado de no leerlo, puesto que estimamos ésta una operación innecesaria; unos ratos los dedícal o s al ameno panorama de la política; cuando ios cansamos de tal deporte, recorremos las páginas de algún filósofo ó algún poeta; luego nmos contando las impresiones que hemos re ¡ibido, en estilo llano, prosaico, sacrificándolo odo á la exactitud, sin tener en cuenta para tada la brillantez literaria, ni la sintaxis, ni aun muchas veces- -los cajistas lo saben- -la propia ortografía. Y así- vamos viviendo. Y cuando no podamos tener la pluma en! a mano nos retiraremos modestamente, tranquilamente, sin un gemido como el león viejo de La Fontaine. Ahora, al presente, nos encontramos en uno de esos instantes en que nos aburre la política; hemos dedicado dos, tres ó cuatro días á ella y sentimos necesidad de echar la vista sobre los libros. Sobre nuestra mesa nos espera un rimero de ellos. ¿Cuál elegiremos para trazar hoy unas líneas? ¿Será de metafísica, de crítica, de novela, de poesía? Será de poesía; aquí lo tenemos ya entre nuestras manos. Se titula Versos de las horas; su autor es desconocido para nosotros y su nombre y apellidos son éstos: Enrique Diez Cañedo. Muy descontentadizos somos nosotros en cuestión de poesía; nos resistimos también á hablar de libros, porque es tan general el que el elogio sea mentido, debido á la rmistad, que ya los lectores no creen á los críticos ni los críticos tienen ya autoridad para recomendar libros á los lectores. Pero este libro del Sr. Diez Cañedo es excepcional, extraordinario, y nosotros, corriendo todos los riesgos, nos decidimos á elogiarlos. ¿Cómo se ha formado este poeta? ¿Qué libros ha leído y qué paisajes han contemplado sus ojos? No lo sabemos; más hay en este volumen una visión intensa y originalísíma de las cosas, una elegancia exquisita, y una riqueza y rotundidad de léxico admirables. Decimos con sinceridad que desde los Cantos de amor y de esperanza del querido Rubén Darío no se había publicado en España un libro de versos tan soberano las poesías Soda en la ermita. T 5 t EL PRINCIPE OLAF sus tres Con del tronoaños mal cumplidos, ei heredero de Noruega es el hombre del día. Sus retratos figuran en el puesto de honor de las revistas é ilustraciones europeas. Sus gracias, casi no puede hablarse de sus dichos, son tema favorito de conversación en todas las cortes. Su infantil rasgo de palmotear lo es de contento al verse llevado por primera vez en coche de cuatro caballos, con motivo de la coronación de su padre en Trondhjem, y ha acabado de enloquecer á sus futuros subditos. Si cupiera que un padre tuviera ceios de los éxitos de un hijo, Haafcon Vil los tendría de Olaf. En una reciente conversación, el que fue un día príncipe Carlos de Dinamarca y hoy es rey de los noruegos, lo ha dicho: Nunca hubiera creído que un chicuelo de tres años podría ganar así los corazones de un un pueblo. Frecuentemente se lo digo á la reina: perado, nació el día i de Julio de jo 3 en tierra inglesa, pues la hoy reina de Noruega quiso dar á luz su primer hijo, hasta ahora unigénito, en el hogar de sus padres los reyes de Inglaterra. Desde sus primeros meses aquel niño rubio, de ojos azules- -á quien al bautizarle en Sandringham le pusieron los nombres de Alejandro, Eduardo, Carlos, Federico- -se hizo el amo de la situación. Hijo de la hija menor del rey Eduardo, á él pasaban por derecho las prerrogativas y honores del Benjamín de la familia; pero, además, por sus propios méritos se captó en poco tiempo los mimos más tiernos y las caricias más efusivas de las dos cortes de Londres y de Copenhague. Nadie sospechaba, sin embargo, que aque angelín les traía á sus padres, no un panecillo, sino un trono debajo del brazo. Así fue. Pre cisamente en los días de su venida al mundo SÍ agriaban más y más las relaciones entre Suecía y Noruega con motivo de la cuestión de la representación diplomática. Dos años después, la separación de las dos coronas era un hecho, y el plebiscito proclamaba como rey de Noruega independiente á Carlos de Dinamarca que, a! aceptar el trono, adoptaba para sí la denominación de Haakon Vil y para su hijo la de Olaf, nombres ambos que recuerdan glorias v tradiciones del país. Desde entonces data ia popularidad di Olaf. Cuando hace medio año los nuevos reyes entraron en Christianía en una carretela descubierta, nevaba con furia. Sentado entre los dos, el monísimo principillo sonreía y saludaba, llevándose la mano á su gorra de piel. Las mujeres de la flamante corte perdieron la chabeta. El Rey era simpático, la Reina encantadora, pero el Príncipe... el Príncipe era un sol. Y tanto dieron en perseguirle, y lo que es peor, en besuquearle, que á pesar suyo los Reyes tuvieron que prohibir la entrada en los parques reales, pues cuando salía á pasear poi ellos el niño tenía su aya que cogerle en brazos para sustraerle al afecto de las christianeras que materialmente se lo comían á besos. Ciertas ó inventadas, ya tiene el principito hasta frases que se han hecho populares. Pocos días después de la proclamapión de Haakon, el chico hizo no sé qué diablura, por la cual hube de reprenderle su madre. La reina Maud, poce habituada al cambio de nombre, le dijo, sobre poco más ó menos: -Alejandro, hoy has sido maio. -Si Alejandro es malo- -replicó el niño, -á mí no me importa. ¡Yo soy Olaf! Y Olaf, además de ser alegre como unas castañuelas, es un observador. Como su padre no ha querido hacer ostentación alguna de su Real rango hasta ser consagrado, tanto el día que entró en Christianía como en todos sus paseos sólo ocupó hasta ahora un coche de dos caballos. Ya, sin embargo, con motivo de una excursión á las comarcas montañosas del Norte, el Príncipe hizo notar muy regocijado que el tiro del coche Real se componía de tres ca ballos. Y ahora, cuando para la coronación los Reyes y su hijo han entrado en Trondhjem en un carruaje tirado por cuatro caballos, la alegría de Olaf rompió toda etiqueta y sus risotadas ingenuas y sus aplausos jubilosos fueron como la señal de la ovación más clamorosa que hasís ahora han escuchado sus oídos...