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ABC DOMINGO 24 DE JUNIO DE 1906. PAG. 10. EDICIÓN i. Todos los procesados serán puestos en libertad, por haber cumplido con exceso la pena que se les ha impuesto por la Sala. otros dejábamos nuestra chana, nuestros periódicos de provincias y entrábamos á su despacho. Buenas noches, D. Manuel decíamos. ¡Hola, Azorínl decía D. Manuel en tanto que se quitaba el gabán y lo colocaba en la percha; después se sentaba ante la mesa y comenzaba á restregarse suavemente una mano contra otra. Sus ojos brillaban con una mirada de inteligencia y de bondad; los resplandores que caían de la alta lámpara ponían en su barbita sedosa unos dorados reflejos. Y nosotros todas las noches, casi todas las noches, después de este breve saludo, sacábamos del bolsillo unas cuartillas y las colocábamos en silencio sobre la mesa. No era necesario decir nada; D. Manuel, claro está, sabía que estas cuartillas eran nuestro artículo cotidiano; él lo cogía, decía sonriendo: Bien, bien y nosotros salíamos y lo dejábamos disponiéndose á trabajar ante las cuartillas. Y entonces D. Manuel, con su sombrero puesto- -no se lo quitaba ja más- -escribía y escribía con su letrita un poco temblorosa estos artículos sencillos, lógicos, serenos, llenos de una clara visión de las cosas, y que al lado de las prosas atormentadas y febriles nos producen como una. sensación de reposo y de bienestar... Y después, cuando la tarea terminaba y las cuartillas eran entregadas á la imprenta, don Manuel salía un momento de su despacho, lento, suave, frotándose las manos, sonriendo, y hablaba afablemente con todos los que nos encontrábamos en la sala. Y allí estaba Maeztu, el maravilloso cronista, lanzando truculentas paradojas, paseando á grandes zancadas, ma noteando, devorando papeles y papeles, que él mascaba instintivamente, sin darse cuenta, en el ardor de la polémica. Y allí estaba Grandmontagne, fino, nervioso, acerado, impetuoso, con su dialéctica cortante, terminante. Y allí estaba Luis Bello, este querido amigo que luego desde la capital de Francia nos enviaba tan deliciosas, mundanas crónicas, y que más tarde en El Jmparciaí ha confirmado plenamente sus admirables dotes de periodista. Y allí estaba París, frío, escéptico y lleno de experiencia de las cosas del mundo. Y allí estaba López- Pini llos, imaginativo, ardoroso, buen poeta de Andalucía. Y allí estaba Mendaro, el exacto, rápido y discreto informador de las tracamundanas políticas. Y allí estaban otros y otros estimados y modestos compañeros. D. Manuel dirigía á todos unas palabras de cariño; todos le queríamos profundamente; todos le venerábamos. Y después que había charlado con todos, D. Manuel se volvía á su despacho, paseaba en él ó leía, y de madrugada, cogía el gabán de la percha y se retiraba tan silencioso, tan callado, tan suavemente como había venido. ¿Qué vamos á decir nosotros ahora de la personalidad intelectual del grande, del admirado y muy querido maestro? A su lado hemos nacido nosotros- -Azorín- -en el periodismo y se ha formado nuestra personalidad literaria. Hay algo que nos enseña más que los libros, más que las más sabias palabras: este algo es el gesto, es el ademán, es la actitud de la persona á quien admiramos y á quien vemos todos ¡os días; una lenta infiltración de su ser espiritual se hace poco á poco en nuestra subconsciencia; observamos su reposo ers los movimientos; vemos su actitud en un momento crítico, angustioso, de la vida; advertimos que en los instantes de excitación, de enardecimiento general, cuando todas las gentes pierden el juicio, él conserva su bella, inalterable serenidad; nos percatamos de su sonrisa de fino desdén ó de ironía indulgente cuando un ataque brusco y desconsiderado, cuando una frase recia, brumal, viene á contradecir su dialéctica comedida. Y todo esto, un día y otro, un mes y otro, es como un rocío que cae en nuestro covazón y va limando nativas asperezas y va haciéndonos comprender la vida, las luchas de los hombres, sus ambiciones y sus locuras. Todo esto es lo TRIBUNALES jpINAL DE UN JUICIO Ayer terminó la vista de la- ¡lusa seguida contra los autores del robo cometido en el hotel núm. 12 de la calle de Fernando el Santo. El Jurado emitió veredicto de culpabilidad cara todos los procesados, y la Sala, en vista de la petición fiscal, impuso al Aragonés, al Sagasía, al Pintor, al Tullido, á Vernanáito y al Jnglesiío ocho años de presidio. A. Paco el chico, dos años y cuatro meses de la misma pena; á Hipólita González, ia 5 pesetas ie multa por considerarla encubridora, y á Antonia Dávila, que también lo es, dos meses de arresto, como pidió en el informe su letraSo, Sr. Morales Acevedo. Y no hubo más. p N DISCORDIA Ante la Sala primera de lo civil, vióse ayer nuevamente un pleito, en cuyo fallo se declaró en discordia el Tribunal. El asunto, expuesto ya por nosotros en esta misma sección, consiste en determinar, aparte de la excepción de falta de personalidad que alega el demandado, si deben ó no repartirse unos bienes que, á juicio de éste, se hallan distribuidos por su dueño en un documento privado. El Juzgado dictó sentencia acordando el reparto según solicitaba el demandante; pero no conforme con ella el demandado, acudió á la Audiencia, en cuya Sala primera se vio, como decimos, este pleito. El Sr. Silvela, á nombre del apelante, alegó N ANARQUISTA Hace algún tiempo y sostuvo varias excepciones, afirmando, en dictó el Jurado un ABSUELTO veredicto de incul- cuanto al fondo se refiere, que se trata de una renta vitalicia ó de una donación. pabilidad para Hilario Aguilar, autor de un El Sr. Alvarez Arranz se opuso, en un eloartículo que con el título de Más bombas en cuente informe, á tales argumentos, fundándoBarcelona publicó la revista Tierra y Libertad. se, entre otras razones, en que la donación El fiscal pidió y la Sala acordó la revisión de debe hacerse en escritura pública. Ja causa y ayer volvió á comparecer el anarUN PASANTE quista ante sus jueces en la Sección primera. El representante de la ley consideraba comprendido el delito en el art. 7. de la ley especial de explosivos del año 1894, y por entenderlo así, pidió al Jurado que declarase culpable á Hilario Aguilar. ran número de médicos obsequiaron ayer El defensor de éste, Sr. Menéndez Pallares, con un banquete á su compañero de pronegó que, como el fiscal suponía, se hiciera en el artículo la apología del anarquista, afirman- fesión D. Alejandro San Martín, con motivo do que la intención de su patrocinado no fue del nombramiento de éste para el ministerio de otra que la de atribuir á la polieía ciertos he- Instrucción pública. Los comensales fueron 220, y los presidiechos que se imputaban á los que se habían dado á conocer como ácratas, sin perder por ron, con el obsequiado, los Sres. Calleja, Beesto las cualidades que como hombres honra- jarano, Roselló, Sañudo, Martín Muñoz, Querol. Pando y Valle, Moliner (D. C. y Lados y ciudadanos dignos les adornaban. Elogió el veredicto de los jurados que fa- forga. El presidente del Colegio de médicos, señor llaron esta causa cuando se vio por vez prime ra, y solicitó que, como aquéllos, declarasen Calleja, presentó á la hora de los brindis al Dr. D. Celestino Moliner, de la Comisión orinculpable á Hilario Aguilar. Los jueces populares hiciéronlo así, y la ganizadora del banquete, que habló para exponer el motivo de la fiesta y dirigió grandes Sala absolvió al anarquista. Es un triunfo innegable el del Sr. Menén- elogios al ministro. Después se dio lectura de numerosas adhedez Pallares. siones, y, por último, habló el Sr. San Martin para dar las gracias por el homenaje que se le Í X P E N D I C 1 O N D E Seis días ha du- tributaba. rado en la SecDedicó frases cariñosas á los Sres. Moret, MONEDA FALSA ción segunda la Montero Ríos y Dr. Cortezo, á sus discípulos vista de la causa que por expendición de mone- y á sus compañeros de fuera. de Madrid, y terda falsa se siguió contra Mariano Ramírez, minó brindando por la humanidad, por la cienAntonio Ángulo, Florentino Jiménez, Laurea- cia, por la patria, por el Rey y por la paz y el no Goet, Miguel Mata, Juana Luengo y Elvi- progreso de la nación española. ra Burgos. En la sesión de ayer, última de las Sus palabras fueron acogidas con grandes celebradas, abrióse el juicio de derecho, y des- aplausos. pués de la calificación de los delitos de expendición de moneda falsa y tenencia de esta misma moneda, que á juicio del fiscal fueron afirmados por el Tribunal popular, solicitó el reodas las noches llegábamos nosotros el pripresentante de la ley cinco años de presidio mero á la redacción de España; la sala- -oara Mata y Goet, cuatro para Ángulo y Jinénez y cinco meses de arresto para Ramírez. esta bella salita limpia, empapelada de un claro Respecto á Juana Luengo y María Burgos, y grato color verde- -estaba aún á obscuras; que fueron defendidas por el distinguido letra- nosotros encendíamos primero todas las luces; do D. Julio Medina, desistió de la acción, por luego recogíamos en un montón todos los peestar ambas comprendidas en el Real decreto riódicos de provincias; después nos sentábamos de indulto de 17 de Mayo de 1902, pues el y comenzábamos á leerlos. Así transcurría una hora, hora y media; un reloj de pared- -un hecho se realizó antes de esta fecha. La sentencia condena á los procesados Án- querido reloj cuyas campanaditas oíamos nosgulo, Jiménez y Mata, á tres años, seis meses otros muchas veces durante la madrugada- -tocaba las diez; ya habían llegado dos, tres ó y veintiún días de presidio correccional. A Goet, á un año, cuatro meses de prisión cuatro compañeros; y entonces, cuando estáy 125 pesetas de multa, y á Ramírez y á las bamos charlando amenamente, veíamos de prondos mujeres los absuelve, por virtud del Real to que por una puerta que teníamos al lado salía un vivo resplandor; era que acababan de decreto. En la sentencia se ordena además que se en- encender la luz en la estancia contigua; era que tregue á Elvira Burgos el dinero legitimo que silenciosamente, con su pasito suave, callado, había acabado de llegar D. Manuel. Y nosse la ocupó al ser detenida. u G BANQUETE A SAN MARTIN EL MAESTRO T