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AÑO CUATRO. CRÓ NUM. UN 1 YER AL ILUSTRADA. MADRID, 24 DE JUNIO DE 1906. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS dudas empiezan, cuando se trata de reducir esa elevada percepción á regla de conducta. Los puestos hacen muchas veces á los hombres, sobre todo, cuando no se trata de naturalezas vulgares. El público recuerda la excesiva flexibilidad del señor Moret en otras ocasiones; pero también toma en cuenta inesperadas resoluciones de estos últimos tiempos. No se sube la escalera en la misma actitud, que se toma cuando se llega á lo alto. En lo alto está el Sr. Moret y de su apostura y de su gesto vamos á juzgar ahora por el nombramiento de gobernadores. MANUEL TROYANO CRÓNICA POLÍTICA 7 L NOMBRAMIENTO El señor DE GOBERNADORES M o r e t tiene este asunto en el mayor misterio. Hasta llevarlo al Consejo de ministros y luego á Ja firma del Rey, quiere el jefe del Gabinete que la cosa no trascienda. ¡Hace bien! Este procedimiento es el único ventajoso para los arduos negocios del Estado. Si así no se verifica, el interés particular único despierto aquí, levanta con sus exigencias obstáculos insuperables. Pero, es de suponer que el Sr. Morct habrá meditado mucho acerca de la importancia de esos nombramientos; del alcance que habrán de tener para su obra y para su prestigio; de las asechanzas en ese terreno preparadas por la gente que atisba todos sus actos, para juzgar por ellos si la posición ha robustecido su carácter, como las alturas favorecen á los enfermos del pecho, ó D. Segismundo continúa fiel á la leyenda formada sobre Ja influencia de los motivos inmediatos y afectivos sobre sus determinaciones. En casos tales, es cuando hay que recordar aquello de que la política no tiene entrañas. Porque, este aforismo no quiere decir que la política autorice felonías, ni justifique maldades. Afirma que en política, para que ésta sea creadora, hay que actuar como actúa la Naturaleza, inflexiblemente, cruelmente, sacrificando lo menor á lo mayor, lo más próximo á lo jmás lejano, el individuo á la conservación de la especie, la especie á la conservación del género, el género á la de la clase, y así sucesivamente si se ha de perpetuar la vida en el mundo. De igual manera, el estadista, que quiere obrar como tal, y conservar á toda costa la vida y la acción del Estado, ha de sacrificar á ello, cuando la ocasión llegue, sus afectos, sus motivos de cariño ó de gratitud, sus particulares amistades; todo es preciso inmolarlo en aras de esa divinidad, á quien se sirve. De otro modo, se practica una política, como la que ha desarrollado el Sr. Montero Ríos. Sí se atiende al parentesco, á la familiaridad, á consideraciones todavía más secundarias, ¿qué resultados se han de obtener? Los que aquí se obtienen generalmente. El Sr. Moret viene á practicar una política distinta de lo que aquí ha venido haciéndose, ó viene á seguir con más ó menos batimanes lo que hasta aquí se ha efectuado y cuyos resultados positivos á toda hora tenemos á la vista. Eso es lo que hemos de contrastar en este caso. El jefe de la situación liberal posee altura de inteligencia más que sobrada, para percibir y apreciar todo esto. Las do que la de las admisiones temporales de las harinas (patente de corso, según mucha gente) traía á maltraer á algunos ministros, y que el Gobierno mismo constituía una verdadera admisión temporal. La verbena de San J uan se celebró en dos sitios y en ninguno, porque aunque la hubo en la Florida y en el Prado, la clásica, la que tenía por campo de acción este último paseo, apenas fue un remedo de lo que era. A este paso no va á quedar ni La verbena, de Ricardo de la Vega y Bretón. El orden fue completo y esto se salió ganando. AEMBCE MADRID AL DÍA on 34 grados y 3 décimas á la sombra y 39 y 4 al sol, pasamos la jornada de ayer. No tendríamos frío, ¿eh? Agregúese á esto que la huelga de panaderos sigue en pie, y que lo de menos es la huelga y lo de más que, por sí ó por no, los panecillos que se vienen dando al vecindario son escasos de peso y de malísima calidad, y se comprenderá que tengamos para sudar un poco. Vale Dios y vale D. Alberto, que trata ahora la Alcaldía de procurar una rebaja en los precios del pan y de la carne, porque hay una desproporción muy grande entre el precio del ganado y el de la carne vendida al peso, y porque la baja del trigo no ha influido en nada para abaratar el pan. Hágase el milagro y hágalo Aguilera- -dice la gente, acogiendo con regocijo la noticia, pero dudando de que pueda ser verdad tanta belleza. Los mecánicos siguieron en sus trece y con barruntos de que también esta huelga se haga general. Falleció por la tarde el ministro de Estado, señor duque de Almodóvar del Río, cuya muerte ha sido sentida de veras; porque el finado era gobernante serio, hombre caballeroso, y como servidor del Estado, acaba de prestar relevantes servicios á España en la Conferencia de Algeciras. Por la tarde, á las seis, hubo un formidable incendio en Chamberí. Cerca de las ocho cruzaban la Castellana algunos bombines, alarmando á la aristocrática concurrencia del paseo de carruajes. Pronto se supo que era parte del servicio de incendios, que acudía con toda rapidez al fuego... que ya estaba apagado. En La Huerta hubo un banquete, organizado por los médicos, en honor de su compañero, el doctor San Martín, nuevo ministro de Instrucción pública. El acto no fue, pues, político ni largo. Al Madrid paciente le parecería tal vez demasiado corto. La política se mostró ayer más movida, y hasta se habló de crisis, suponien- PROGRAMAS Y PREGONES A nteayer mañana, así como puse los pies en la calle, me encontré á un amigo al cual no había visto desde larga fecha. Mi amigo es muy moretista y muy español cosa rara; pero juzguen ustedes. ¡Hombre, qué sorpresa... ¿Ha visto usted qué mañana tan hermosa? Fíjese en aquella individua que va por la otra acera. Vaya unos andares serranos! ¡Tu madre! ¿Y usted qué opina del decreto de disolución? ¿Verdad que lo tenemos. Todo esto me dijo mi amigo como sale el agua del caño, y ya se sabe que entre españoles primero se habla del tiempo, de mujeres después y luego de política. Si no concretan la conversación á pedirse dinero: -Hermosa mañana, efectivamente; hermosa mujer, efectivamente; hermoso decreto, efectivamente... Y á todo esto, venía calle abajo una vendedora viejecita con una cesta grande en el doblado brazo derecho y otra más chica pendiente del izquierdo; venía, digo, como apaisada y renqueando. La oí gritar, con la energía del convencimiento filtrándose por una boca desdentada; ¿Queréis para el dolor de muelas? -Bueno, supongamos que lo tienen ustedes, ¿y para qué les va á servir! ¿Pero usted de dónde sale, amigo? Para meternos en Europa. ¿No conoce usted el programa de D. Segis? En primer término, implantaremos la libertad de cultos, esa libertad q u e restituye á la conciencia i n d i v i d u a todo su... Mi amigo se atascó y pregonó la viejecilla: ¿Queréis para la solitaria? -Me parece muy bien- -respondí; -la conciencia debe de ser libre y libre es, en realidad, aunque no lo estipulen las leyes. Ahora, que en España tenemos muy pocas conciencias; pero bien, ya que hay pocas, que sean libres. ¿Y qué más va á hacer D Segis? -Secularizar los cementerios, mi amigo. ¿Y para eso disuelve las actuales Cortes? Diantre ¿no será por aquel sacerdote que bendijo á Canalejas? Pues no valía la pena. Con descubrirse y saludarle como él hizo. Y la vendedora pregonó: ¿No queréis para el mal de cabeza? -Además, y aunque usted se guasee, preceptuaremos que las Ordenes religiosas que- t