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A B C. SÁBADO z 3 DE JUNIO DE io? 6. PAG. 8. EE a tu iií t MADRID. EL TRIGÉSIMO ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA. LA MESA PRESIDENCIAL EN LA SOLEMNIDAD CELEBRADA ANTEANOCHE Fot ABC rrió las calles de la heroica ciudad, al son de la Marcha de San Sebastián y Taliago. He ahí la historia de la hoy célebre escoba. Adornada hoy con las cintas que recuerdan con sus inscripciones los triunfos de Zaragoza, Bilbao y París, constituye para los orfeonistas un verdadero talismán, y su aparición electriza, conmueve y pone fuera de quicio á nuestros alegres cantantes. Así se comprende que habiendo echado de menos el paladión, como le llama Cavia, al emprender el viaje á París, volviese un orfeonista á recogerle y conducirlo á la capital francesa, alcanzando á la masa y pasándola en Ychoux, á una hora de distancia de Burdeos. Ya que tengo las manos en ía masa, me permitirá usted que me extienda en hacer resaltar la excepcional trascendencia que ha tenido para San Sebastián y nuestra amantísima patria España el colosal t iunfo obtenido en París por el brillante Orfeón Donostiarra. Luchaba éste con la Harmonie Gauloise, de Lyon, compuesta de i 20 ejecutantes, dirigida por jV r. Cyprian Perret, artista de reconocida reputación en el mundo musicl; con la Societé 1 oyale f éunion Chórale Schaerbeck, de Bruselas, dirigida por M r H. Wets, compuesta de J 58 cantantes y reputada por la mejor masa coral de Bélgica y dei Norte de Alemania, que venía reforzada, Edemas, con valiosos elementos del Conservatorio de Bruselas. Estos datos los debemos al canciller del Consulado general de España en Bélgica, el donostiarra Míner, que asistió con nosotros á esta empeñada contienda. El orfeón deCambrai, compuesto de ¡60 voces, y otro belga, de jSo, se retiraron veinte días antes de la fecha señalada para el concurso, ahuyentados por la Societé oyal de SchaerbeckEl Donostiarra acudió con 169 individuos, pues la orquesta del Casino y la que actúa en el teatro le restaron valiosos elementos, con los cuafes nuestra masa coral hubiese alcanzado la cifra de 200 ejecutantes que en la hoja de inscripción se había señalado. El concurso de excelencia, categoría á la que pertenece nuestro orfeón desde el triunfo alcanzado en Royan (Francia) se verificó en el salón de Agricultura, rué d Alhenes, 8, dando comienzo el cíe ejecución á las nueve y media de la mañana, con el grandioso Te- Deum, de Laurent de Rillé. Los franceses y belgas iban vestidos de levita y cubrían sus cabezas con relucientes decalitros, vul- go bimbas; los nuestros, de americana y la típica boina roja. Cantaron en primer término los franceses, luego los belgas, y los nuestros en último término. Se evidenció, desde luego, la superioridad de los donostiarras sobre los lyoneses; pero entraron en liza los belgas y la extraordinaria sonoridad de esta brillante masa de cantantes seguros, con ajuste perfecto, matices delicados, cuerdas equilibradas y maestría en el transporte de notas á la cabeza, nos impone algún cuidado; pero una detenida reflexión nos convenció de la superioridad de! nuestro; pues el conjunto de la potente cuerda de tenores del orfeón belga resultaba más obscuro que el nuestro; los crescendos no los regulaban con la precisión de los donostiarras; la media voz de éstos resultaba más agradable, y en cuanto á sonoridad y brillo, no teníamos nada que envidiarles. El Jurado, después de breves momentos de deliberación, concedió el primer premio por cinco votos contra cuatro (hay que tener en cuenta que los belgas tenían dos jurados de su nacionalidad, y nosotros uno, catalán) al Orfeón Donostiarra. A las tres y media de la tarde tuvo lugar el concurso de honor, por el mismo orden que por la mañana. Pieza inspirada l ennemi, de Marichal, y una obra de libre elección. Los franceses estuvieron superiores por la tarde, y el belga dio cuanto tenía de sí. Los nuestros notaron en el momento crítico que habían dejado olvidados en San Sebastián los papeles de la clave de fa (barítonos y bajos) Hubo que pedirlos á los de Lyon, ponerles letra en vascuence y lanzarse en seguida á escena bajo una impresión fatal, dolorosa, que pudo comprometer el éxiro tan justamente obtenido. Afortunadamente, los orfeonistas se rehicieron, y aun cuando los inseguros se callaron por no comprometer á los demás, ía ejecución nada dejó que desear. Vino á continuación la obra magna de Radonx, Pe, á ocho voces, erizada de dificultades, cuya ejecución dura veinte minutos, y en la cual es muy difícil mantener la tonalidad á través de tanto cambio, tanto matiz y tanto coro pequeño é interno como tiene la obra. La ejecución no pudo resultar más perfecta. Nuestros orfeonistas crecieron ante la convicción falsa de que habían cantado mal la pieza impue. ta, y concentrándose en sí mismos; animándose mu- tuamente con la mirada y el gesto, sacaron la obra bordada, ideal, causando la admiración del Jurado y del inteligente público que llenaba el salón, el cual se agitaba febrilmente al escuchar aquellos dos crescendos ejecutados con la regularidad de un instrumento de precisión. Al terminar el coro, comenzaron a cruzar por el aire bimbas, boas y sombreros de señora. Nuestros modestos orfeonistas recibían serenos, sin inmutarse, las afectuosas demostraciones del público y abandonaron la sala para esperar en la calie el fallo del Jurado. Se pronunció éste después de una larga y empeñada discusión, concediendo al Orfeón Donostiarra el primer premio de honor, consistente en diez mil francos. Los belgas, no pudiendo soportar la derrota, abandonaron la actitud correcta que hasta entonces habían observado y dando una prueba evidente de que la indumentaria no correspondía á la refinada educación que era de suponer en aquellos individuos, dieron u xa grita monumental al jurado, que duró por lo menos diez minutos. Mientras tanto, los nuestros, atendiendo á indicaciones de la Junta directiva y de los que nos en contrábamos confundidas con ellos se retiraron tranquilamente cantando la Marsellesa. El día 4 tuvo lugar, por la mañana, el ejercicio de lectura, cuyo premio consistía en 800 francos. Se lo dieron á los belgas, por cuatro votos contra tres, y á les donastiarras el segundo, por unanimidad. Por la tarde se verificó el festival de todas las bandas y orfeones que asistieron á este notabilísimo concurso, en el jardín de las Tullirías, donde desfilaron cerca de 3oo Sociedades. Nos colocaron en el puesto de honor y aquellas dos horas y media de continuas aclamaciones á España, á nuestra querida patria, tan necesitada de rehabilitación en el extranjero, créame usted, amigo Castell, que han sido las más felices de mi vida. El triunfo colosal de nuestro querido orfeón ha elevado la cultura moral de España á una inmensa altura, y considero conveniente y hasta necesario que un periódico de la circulación de A B C, difunda por todos los rincones de nuestra patria t ¿in gloriosa victoria. Le envía un estrecho abrazo su invariable amigo, EUGENIO G A B I L O N O O