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A B C SÁBADO 23 DE JUNIO DE 1906. PAG. 5. EDICIÓN 1. de Guaqui, marquesa del Salar, marquesas viudas de Ayerbe y d e Riscal, señoras de Isasa, Propper y viuda de Delgado, y señoritas de Prado y Lisboa. También celebran sus días las siguientes personas: Príncipe Pío de Saboya. Duques de Nájera, Castillejos, Santoña, Tarancón, Tetuán y T SercIaes Tilly. Marqueses de Pacheco, Rivera, Urquijo, Figueroa, San Miguel de Bejucal, Castellones, Canales de Chozas, Sotomayor, Casa- Treviño, Torralba, Herrera, Oliva, Montefuerte, Real Tesoro, Santo Domingo y Vivot. Condes de Cheste, Muguiro, Villamonte. Pinofiel, Florídablanca, Belascoaín, Reparaz, Casa- Henestrosa, Grove, Torre- Vélez y Espoz y Mina. Barón de Hortega. Señores obispo de Orihuela, La Ciería, Pérez Caballero, Navarrorrevetter, Muñoz, Vargas, Montalvo, Pérez de Guzmán, Druimen, Redondo, Gaverón, F del Pino, Comba, Morales Serrano, Aladro, Beistegui, Poíanco. Suelves y Goneche, Topete, López Chicheri, Jiménez Ramírez, Spottorno, Hurtado de Amézaga, Fernandez Latorre, Poveda, Ferrer y Vidal, lsasa, Alvarado, Catalina García, Cavestany, Gandarias, Riaño, Aldama, Menéndez Pidal, Pérez Seoane, Gorostidi, Liñán Martín Murga, Bruguera. Gómez Echenique, Muguiro, Loygorri, Ampudia, L ó p e z Dóriga, Montojo, Ibarra, Sitges, Maisonnave, R a n e r o Ortueta, Coghen y León y Castillo. La estación del Norte fue ayer tarde punto de reunión de la sociedad elegante de Madrid. Entre las personas que emprendían su excursión veraniega y aquellas que iban á despedirJas, parecía que se estaba celebrando allí una fiesta del gran mundo. Vimos, entre otras muchas damas, á las marquesas de Somosancho y Jura Real; condesas de Torrepalma y Liniers, señoritas de Muguiro, Valmediano, Liniers, Martínez Irujo, Cara y Caballero y Echagüe que despedían á 3o s recién casados señores de Crespi de Valldaura en su viaje de novios. A los marqueses de Castrillo, con una de sus gentiles hijas, que marchaban á Biarritz. A. la condesa de Velle, á las de Benomar y viuda del mismo título. A las señoras de Oteyo y viuda de Figueroa, con su hija y sobrina Rosa María Otero y Caridad Figueroa. A la señora de Gutiérrez de Salamanca y á las se- ñor. tas de Longoria y de Santos Guzmán. Y a muchas oirás más que daban á aquel lugar un aspecto encantador. Anoche á las doce y veinte minutos dio á luz con toda felicidad un precioso niño, la bellísima esposa del Sr. García de la Rasilla, hija de nuestro querido amigo el S r Navarrorreverter. Tanto la madre como el recién nacido continúan en perfecto estado de salud. Con un brillantísimo sobresaliente nota que ha alcanzado en todas las asignaturas de la carrera de Medicina, acaba de licenciarse en Valladolid el joven D Saturnino García Vicente, hijo de nuestro querido amigo D Ismael García, conocido y apreciadísimo jefe de la estación del Norte de Madrid, á quien sinceramente felicitamos por su legítima satisfacción. Chico y á Hipólita Rodríguez; el S r Morales Acevedo en representación de Bernabea Dávila; el Sr. Pinero, en la del Pintor; el Sr. Cañoto para abogar por la inocencia del Sagasta; y por último, nuestro compañero de redacción, D Manuel Tercero, que se hallaba encargado de patrocinar á José María García Casanove (a) el Tullido. Los letrados, consecuentes con sus conclusiones provisionales, sostuvieron en los informes que sus respectivos defendidos no intervinieron directa ni indirectamente en el hecho de autos; pues nada ni nadie ha demostrado lo contrario. Pidieron al Jurado que, abandonando toda clase de prejuicios, olvidara que se trataba de profesionales para juzgarlos con arreglo á la prueba que en el juicio se ha practicado. Defendieron enérgicamente la inocencia de sus patrocinados y terminaron pidiendo un veredicto de inculpabilidad. Los Sres. Rodríguez del Llano y Tercero sostuvieron sus conclusiones en forma alternativa, pues entienden que si los jueces populares reconocen la existencia de un delito de robo, no cabe atribuir á sus representados otra intervención en los hechos que la de encubridores. Terminados los informes, preguntó el presidente á los procesados si tenían algo que añadir á lo expuesto por sus defensores, y uno de aquellos pidió la palabra para referir al Tribunal una porción de cosas ajenas á la causa. El Sr. González del Alba cortó la relación y suspendió el juicio hasta el día de hoy en que terminará. tarán á otros candidatos y los enviarán como sus delegados al Parlamento. El S r Moret, al saber esto se queda un poco estupefacto. ¿Hay españoles que dudan de raí? -piensa él. ¿Hay hombres vitandos que no tienen fe en mis propósitos y que se resisten á poner su confianza en los candidatos que yo les designo? Y como el Sr. Moret tiene una fe profunda en sus ideas, una gran energía y una gran constancia- -según sabemos todos, -el Sr. Moret decide que estos hombres que él ha propuesto al cuerpo electoral, sean los que gocen incondicionalmente de las simpatías, de los afectos y del favor de todo el Gabinete; es decir, que estos hombres sean, velis nolis, los que salgan triunfantes de las urnas electorales. Y se podría objetar al llegar aquí que esto de que un Gobierno que pretende regenerar el país, limpiarlo de toda corrupción, comience por ser un corruptor y por ir en contra de la regeneración, es una paradoja, una anormalidad, una monstruosidad. Pero á esto nosotros contestamos que el pueblo es y será siempre un niño que desconoce sus conveniencias; que un niño á quien se le pretende hacer tragar una droga benéfica, se resiste á tragarla, bien que esta droga ha de procurarle la salud, y que el S r Moret que ha elegido estos hombres y que sabe que ellos pueden trabajar por la patria, hace bien en sostenerlos contra las opiniones contrarias y que gracias, al fin que va á lograrse, nosotros y con nosotros todas ¡as personas ilustradas, le perdonamos los medios de que se vale. Y ya tenemos á los trescientos hombres dé Sr. Moret camino de sus distritos; con ellos van nuestras simpatías; al llegar cada uno de ellos á la vieja ciudad ó al pueblecillo que constituye el núcleo de su demarcación electoral, se ven rodeados de una porción de se ñores y de jóvenes que los visitan y les aturden con sus charlas; unos son viejos señores que han sido alcaldes ó concejales, que ahora acaso han sufrido alguna merma en su fortuna y que tal vez desearían- -no sabemos para qué- -ser otra vez alcaldes ó concejales; otros son unos comerciantes pequeños ó modestos y simpáticos industriales que poseen una tiendécilla ó una fábrica de alcohol, de velas ó de conservas, ó de cualquier otra cosa, y cuyo deseo secreto consiste en tener una buena amistad que les permita el no pagar tanto ó no pagar nada de los derechos que los terribles portazgueros les cobran en las puertas de la ciudad; otros, han hecho en el Ayuntamiento tiempo atrás algunas cosas incomprensibles y disponiendo de algunos votos, ellos los otorgarían de buen grado con tal de que por estos desavíos de antaño no se les causase molestia alguna; otros, en fin, son unos señoritos que desean un empleo en la corte, porque en el pueblo no se puede vivir, ó están preparándose para unas oposiciones á la Judicatura, al Notariado ó á los Registros y, como es natura! su afán legítimo es triunfar. Todos van á visitar por la mañana, por la tarde y por la noche al candidato; el candidato da algunas vueltas por el pueblo, habla con algún hombre discreto (de estos hombres á quienes en los pueblos se les califica de raros y logra entrever, aparte de lo que ha visto ya en las personas que le visitan, que en el Ayuntamiento de la ciudad existen algunos abominables gatuperios, que la recaudación de los Consumos viene á ser como echar agua en cesto y que todos estos señores y señoritos que le rodean son unos ambiciosillos, buscan todos su negocio y no le sacarán triunfante de las urnas si no está él dispuesto á corresponderles desde Madrid. Y aquí tenemos á nuestro candidato ante un terrible, pavoroso conflicto: ¿qué es lo que ha de hacer él? El es un hombre honrado, digno; él quiere trabajar por su patria; él ve que para esta obra de regeneración es menester comenzar por abajo, por la célula: ¿cómo DE PALACIO S. M la Reina recibió ayer en audiencia á los duques de la Victoria, marquesa viuda de la Merced, marqueses de Rocamora, y señora de Calvo de León, entre otras personas. S. A la infanta doña Isabel presenció ayer en el Hipódromo el partido de polo, en que se disputaba el premio que ha dado la augusta dama. LAS NUEVAS CORTES oret- -gritan un poco indignados los amígos y admiradores del actual presidente del Consejo; -Moret necesita reunir unas nuevas Cortes para realizar ampliamente su programal ¡Con estas Cortes es imposible de todo punto hacerlol Nosotros oímos estos gritos de los admiradores del Sr. Moret, que los tiene- -y nosotros somos de los mas fervoróos- -y luego reflexionamos un momento en icio. Estas Cortes no pueden realizar la ob. 1 progresiva con que se sueña; las nuevas la re. mzarán. Y nosotros décimos: Vamos á ver si esto es verdad. Ante todo, si llega el caso de que se hayan de celebrar nuevas elecciones, el señor ministro de la Gobernación, de acuerdo con el señor presidente del Consejo, formará una lista de los doscientos ó trescientos señores que, según ellos, pueden cooperar á la obra legislativa de regeneración. Es posible que estos señores, no porque ellos no sean dignísimos, sino por mil circunstancias de la vida y del mundo que ahora no debemos analizar; es posible, repetimos, que la mayoría de estos señores, si no todos, no sean del agrado del país; en este caso hay ya un conflicto preliminar. Tenemos que el Gobierno de S. M cree que estos señores son los buenos y que por lo tanto á ellos ha dado su preferencia; y tenemos, por otra parte- -cosa verdaderamente rara- -que los españoles, que los electores, que los que han de ser representados en las Cortes, dicen, por motivos que ellos sabrán, que estos señores no son de su agrado, que no les inspiran confianza y que por lo tanto ellos, los electores, vo- TRIBUNALES p L ROBO DE UN HOTEL Ayer conti- nuó la vista de la causa seguida contra los autores del robo cometido en el domicilio del barón déla Torre. Informaron el S r Rodríguez del Llano á nombre del Jnglestio y el Fernandito; el señor Ferrar, que defendió ai Jlragonés, á Paco el