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21 D E J U N I O D E i Q o6. PAG. ¡o. E D I C I Ó N I. 9 III -J f. i TLJ K is? c- 4 J F S V 1 ENA. MANIFESTACIÓN MONSTRUO CONTRA HUNGRÍA DELANTE DE LA CASA DEL PUEBLO PARA PROTESTAR CONTRA LA INTRANSIGENCIA HÚNGARA FIGURANDO A LA CABEZA DE LA MANIFESTACIÓN EL DR. LUEGER, CELEBRE BURGOMAESTRE DE VIENA Fo Hutin Trampus PALIQUE L J a pasado de moda, y es una verdadera lás tima, la amplia y lata discusión en Ateneos, Academias, Centros y Sociedades, de temas interesantes por este estilo: Los habitantes de los Alpes ¿proceden de la raza aria? Influencia de la mujer en las decisiones de los conclaves ¿HablóTúbal en eúskaro? etcétera, e t c Y digo que es una lástima, porque ahora se les presentaba magnífica ocasión á los aficionados á consumir turnos para poner á la orden del día el asunto siguiente: Los españoles ¿son ó no son buenos fisonomistas? ¿Ustedes qué creen: que lo son ó que no lo son? Yo estoy sumido en el piélago inmenso de Ja dada desde hace un par de días, y sería conveniente que me sacaran de él á fuerza de discursos, consideraciones, réplicas y duplicas, las inteligencias privilegiadas que de un solo dato del tamaño de un cañamón deducen una consecuencia como una torre. Y esta duda, que no puede decirse que me corroe, porque no es para tanto, tiene su correspondiente base ó fundamento que quiero que conozcan ustedes. Todo el mundo ha podido vev las fotogra- fías de Mateo Morral, vivo y muerto, puesto que las han publicado los periódicos, y todo el mundo ha podido comprobar que se parecen como un huevo á una castaña ó un poco menos. Solo con un poderoso esfuerzo de imaginación puede encontrarse entre una y otra un ligero parecido, tan ligero que se escapa á la observación más penetrante. De mil personas que vean ambos retratos, novecientas noventa y nueve y media no serían capaces de jurar sobre los Santos Evangelios que representan al mismo individuo. Pues bien, aquí entra lo asombroso. Dejando aparte á los que conocían y trataban a Morral personalmente y que han podido identificar el cadáver, quedan otros muchos testigos que han hecho sus deposiciones (que con perdón, así se llaman) ante el juez ó ante los noticieros de los periódicos y que han demostrado una facultad extraordinaria de retener en la memoria los rasgos fisiognomónicos. Para no cansar, bastará citar unos cuántos. ¿Qué me dicen ustedes de aquellos empleados en el despacho de equipajes de la estación de Barcelona, que, en cuanto vieron la fotografía del suicida, dijeron sin vacilar: jCalle! ¡Si éste es un señorito que hace un año justo facturó para París una caja con bombas! ¡Conocer es! Eso prueba que acude usted á la estación de Barcelona a facturar un baúl tal día como hoy, éntrelos millares de personas que van á parecidos menesteres, le llega la vez, entrega el billete, le pesan el bulto, le entregan el talón y se marcha usted tranquilamente, creyendo haber pasado inadvertido. jSí, si! (Qué ilusiones! Aunque pasen los años y seafeite usted y se vista de mecánico y se ponga unas gafas azules, ya no se les despinta usted a los que le despacharon el equipaje. Ni usted ni ningu no de los millones de sujetos que han hecho le mismo desde que se inauguró la linea férrea Pues ¿y el camarero del café que conoce y recuerda uno por uno á los millares de parroquianos que han ido á tomar cosas durante las fiestas de las bodas Reales? Y no solo los recuerda y conoce, sino que en la fotografía de un obrero muerto, sin bigote, con las facciones alteradas por la agonía ve a un caballerete elegante, con bigote, que come y cena con tres ó cuatro amigos durante tres ó cuatro días, y hasta puede precisar quién de ellos paga el gasto y lo que consume cada uno. ¿Hay otro prodigio de retentiva semejante? ¡Cualquiera va á ese café á tomar un piscolabis de tapadillo, exponiéndose á tener un disgusto con la familial Como estos dos botones de muestra, hasU una docena podrían sacarse, si hiciera falta, de las informaciones periodísticas recientes Pero no; no hace falta. Con ellos quedaría