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A B C JUEVfcfc 2 J UE JUNIO DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN t. mar seria ampliamente libera! tocando casi en Me despedí del Sr. Celleruelo, agradeciénlas lindes del radicalismo. dole sus bondades. No era necesario insistir En este programa, que no dio á conocer en mis preguntas; el criterio del Gobierno, en por completo et presidente del Consejo, figu- asunto tan importante, está claramente exra, como base y asentamiento de toda la edifi- puesto. cación liberal, la resolución de algunas imporEDUARDO DE MENDARO tantísimas cuestiones en las que directamente ha T o hay rectificación. de intervenir el ministerio de Gracia y Justicia, A la reproducción exacta, fidelísima y siendo el portavoz, claro está, del Gobierno, el intérprete y ejecutor del pensamiento de éste. casi fonográfica de cuanto me dijo hace días el Sr. San Martín, opone éste, en otro momenAquella cartera, siempre importante, por to de mal humor, una rectificación. los intereses á ella confiados, ha de constituir Supongo fundadamente que ella es originaen esta etapa, por las aludidas causas acciden- da por alguna indicación hecha por el presitales, el punto hacia donde preferentemente se dente del Consejo al ministro de Instrucción dirigirá la atención general. El Gobierno se pública. propone recorrer un camino liberal, y la opiTodo ello viene á confirmar una sospecha nión no perderá de vista el ministerio de Graque éramos ya muchos en tener: que para incia y Justicia, que vendrá á ser la brújula que formarse de los asuntos que conciernen á la marque el derrotero de la consabida nave del enseñanza, liay que preguntar al jefe del GoEstado bierno y de ningún modo al ministro del Tuvo el Sr. Moret especial acierto en la ramo. elección del hombre á quien iba á confiar carE. DE M go de tanta responsabilidad, llevando á él á un liberal como el Sr. Cerelluelo, quien desde el primer día empezó á planear la labor, nada fácil, por cierto, que está encargado de llevar á buen término. Ayer quise saber algo de cuanto se relacio 1 Sr. Moret se propone, según nos asegu na con estos trabajos, y rogué al nuevo minis ran, llevar á la práctica un vasto é importro de Gracia y Justicia que calmase mi curio- tante programa liberal; entran en los proyecsidad, que no era, al fin y al cabo, más que un tos del Sr. Moret la libertad de cultos, la sereflejo de la que el país entero siente. cularización de los cementerios y la laicización- -Los periódicos han publicado ya- -dijo el de la enseñanza. Vamos á escribir nosotros, y Sr. Celleruelo- -bastantes detalles délo que el como provincianos, como cultivadores de unas Gobierno piensa realizar en la llamada cuestión modestas tierrecillas, cuatro ó seis líneas sobre religiosa; esos detalles son exactos. el programa del actual presidente del Consejo; Yo creo, lo mismo que el Gobierno, que nuestra opinión será puramente personal, subnuestro país necesita resolver de una manera jetiva. definitiva esa cuestión, porque de ella viene Nosotros nos figuramos por un momento hablándose durante años enteros, ella constituque nos hallamos en nuestra casa provinciana; ye una preocupación en los hombres políticos, como esta casa nuestra existen doscientas, tresy no deja el camino libre para ir al encuentro cientas, cuatrocientas mil en España. Nosde otros asuntos de índole material, que es otros nos levantamos por la msñana y salimos imprescindible poner á discusión. Es forzoso de nuestro dormitorio; cuando hemos traspaacabar de una vez, acometiendo de frente el sado los umbrales de la puerta y nos hallamos problema (de tal ha adquirido el carácter de en el zaguán, vemos que en él nos esperan Pelas órdenes religiosas. dro, Pascual, Pablo y Ramón. Pedro es nues- ¿El restablecimiento del Concordato... -tro mediero en una de nuestras fincas y nos pregunté. dice que si tardan las lluvias en caer cuatro- -Eso es- -dijo con firmeza el ministro; -días, se perderán todos nuestros sembrados; de eso se trata y á eso iremos. El Concordato Pascual, el mayoral que tenemos al frente de es claro y terminante: especifica las dos Orde- otra labor, nos participa que todas las gestiones religiosas que han de ser reconocidas en nes que ha hecho para vender el vino de nuesEspaña, y agrega, como es sabido, que se pac- tra recolección pasada han sido ineficaces, que tará con Roma cuál será la tercera que goce la primavera promedia, que se acerca la nueva de tal privilegio. Cuantas concesiones se han cosecha y que nos veremos en el aprieto de no hecho fuera de estos preceptos, carecen de fuer- poder colocar el nuevo vino; Pablo es un anza legal. tiguo criado nuestro que viene á relatarnos sus- ¿Y el Gobierno está decidido á llevar á la cuitas y nos pide un poco de dinero para continuar las labores del tiempo en sus terruños; práctica sus propósitos. -El Gobierno cumplirá fielmente su pro- y en cuanto á Ramón, también viejo conocido nuestro, nos cuenta que ha tenido que vender grama. unos majuelos para pagar el último trimestre Y añadió el Sr. Celleruelo: -Esta es la orientación general, sin entrar de la contribución territorial. Todas estas noen detalles, que serían prolijos y nada agrega- ticias, todos estos dolores, todos estos lamenrían al conocimiento de la cuestión. El Go- tos, comienzan á apesadumbrar y angustiar bierno dirigirá al Vaticano una nota comuni- nuestro espíritu. ¿Cómo haremos- -pensamos cándole su decidido propósito de que el Con- nosotros- -para acabar con estos apuros ancordato sea restablecido, tocante á las Ordenes gustiosos? ¿Cuándo terminará para nosotros esta situación azarosa? Y si la incertidumbre, religiosas, en todo su vigor... ¿Y el Vaticano se mostrará propicio á se- si la angustia ha principiado á pesar sobre nuestro ánimo en las primeras horas de la macundar este deseo? -Lo ignoro; no sé la actitud en que se co- ñana, luego en el resto del día es seguro que locará; pero supongo que no ha de poner obs- irá creciendo. En nuestra casa respiramos un táculos. Si los pusiera... ya veríamos la deter- ambiente especial; hemos sido ricos en otros tiempos en que los productos de la tierra tuminación que adoptaría el Gobierno. vieron un momentáneo apogeo; ese esplendor- ¿Y de la libertad de cultos? -pregunté. pasó; y ahora nos vemos en esa situación de- -Ese es el segundo paso. El restablecimien- sasosegada en que á cada momento sentimos to del Concordato es el primero. una viva, íntima y secreta contrariedad porEl ministro repitió, como resumiendo su que nuestras hijas no pueden lucir un tocado pensamiento: de tanta riqueza como antaño, ó porque en- -Es preciso resolver de una vez esas cues- nuestra mesa hemos de suprimir regalos de tiones, para dedicar á otras muchas el tiempo que en otro tiempo disfrutábamos, ó porque y las energías que en el estudio de aquéllas se en un momento dado, de felicidad familiar, no consumen? podemos corresponder con una merceo, cisn una galantería, con una dádiva, a) cariño de nuestra esposa y de nuestros vastagos. Y alguno de estos detalles que fatalmente se ha ofrecido en el curso de la mañana, vienen á aumentar el disgusto, el malhumor, que nos han producido Tas nuevas que nos han aportado núestros viejos amigos y nuestros arrendatarios. No tenemos, pues, ánimos para nada; diríase que en el silencio de la casa, en los gestos tímidos, apocados, de los seres queridos que nos rodean, en sus palabras lentas y parcas, hay como el sentimiento profundo de una des- gracia irreparable. Y si luego de comer y si- guiendo una antigua costumbre de toda la vida nos vamos un momento al Casino, vemos que, muchos de nuestros amigos han desertado de él y se han marchado á vivir modestamente al campo, por no poder morar en la ciudad, y que todas las charlas, que eran amenas antes, versan unánimes ahora sobre lo imposible de la vida, sobre la dificultad invencible de dar salida á nuestras cosechas, sobre los logros abominables que realizan los usureros y por los cuales nosotros nos vemos obligados á pasar. Y después, cuando hemos abandonado tristemente el viejo Casino y nos hemos marchado á las afueras de la ciudad por unas horas, observamos que marchamos por un camino tortuoso, de hondos relejes, lleno de pedruscos, desnivelado. A lo lejos vemos que los montes están pelados, rasos; cuando llueve, el agua resbala en formidables lurtes por las laderas y arrambla con el humus de nuestros ban cales; los viñedos que atisbamos á un lado y á otro, están enmarañados de hierbajos nocivos, que no pueden ser escardados, puesto que n apenas hay dinero para pagar al fisco. Y Juego; cuando conversamos con los jornaleros que en nuestras tierras tenemos trabajando, nos cuentan sus penas, sus angustias v sus tragedias ineaarrables. Y no para- aquí esta jornada luctuosa; cena- mos en nuestra casa y volvemos después al Casino. Allí oímos decir que tales fincas le han sido embargadas por la Hacienda á un convecino nuestro; otro amigo cuenta que un investigador industrial se ha presentado en una fábrica y se ha marchado sin hacer nada mediante un arreglo un tercero nos dice que el maestro de la localidad tiene abandonad? su escuela y no acude nunca á ella... ¿Necesitamos más para que, si somos un poco sensibles, nada más que un poco, pese, al cabo del día, sobre nuestro cerebro como una losa de plomo que nos quita toda espontaneidad, toda jovialidad, toda difusión anímica, toda frescura espiritual? Y así en este ambiente de angustia, de tragedia, el más leve motivo crispa nuestros nervios; nuestro carácter se torna anguloso, esquinado; nace en nosotros el recelo, la ira; y poco á pqco, de esta inmensa urdimbre que millares y millares de espíritus colocados en esta situación forman, nace el clásico temperamento español, agresivo, rebelde, sombrío, in disciplinado, propicio á toda anarquía y toda locura... Y ahora os digo: ¿Cómo queréis que esas reformas laudables que prepara nuestro presidente del Consejo anulen, destruyan todo esto? Esas reformas (la libertad de cultos, la laicización de la enseñanza, etc. son una secuela forzosa del bienestar material, pero no crean ellas el bienestar. Y cuando se vive como nosotroi vivimos, será inútil que se las implante (como ha sido inútil la implantación del jurado y la del sufragio) porque ellas están en contradicción flagrante con nuestro estado de espíritu, y no son como la aureola, como la flor cié una. paz interior, de una ecuanimidad, de una espontaneidad de corazón que no tenemos. AZOR 1 N El programa liberal visto por un labriego