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A B C MARTES i 9 DE JUNIO DE 1006. PAG. 8. EDICIÓN i. biendo resuelto este problema interior caminádijimos al fin. ¿El Sr. Secretario? nos inbamos ligeros, alegres, como quien ha arroja- terrogó á su vez el ordenanza. Sí, sí- -replicamos nosotros en tono heroico; -el Sr. SeT ON ALBERTO Un día volvíamos nos- do de los hombros un pesado fardo; pero al mismo tiempo decíamos: Mañana, sin falta, cretario. El Sr. Secretario no viene á estas otros de un largo paseo horas contestó nuestro interlocutor. Y se y entramos en nuestro mechinal; estábamos un sin pretexto ninguno, tomaré posesión nos quedó mirando en silencio. ¿Quién será A la mañana siguiente, conforme se iba poco cansados; nos dejamos caer pesadamente acercando la hora de la salida habitual de casa, este señor- -parecía pensar; -quién será este en una butaca, y cuando íbamos á cerrar los ojos y dormitar un momento, vimos sobre la mesa sentíamos un mayor desasosiego, una mayor señor que viene á preguntar por el Secretario á un sobre grande. Experimentamos un ligero inquietud. Es preciso- -decíamos- -que hoy las nueve de la mañana, á la hora de la limpiesobresalto. ¿Qué era este sobre grande, más vaya á tomar posesión; no e s posible aplazar za? Nosotros adivinábamos sus pensamientos grande que los ordinarios? ¿Quién nos lo envia- este acto. Y fue inútil que nos asomáramos y podíamos haberle confundido en un segundo ba y qué había dentro de él? Nos levantamos lle- al balcón; el cielo estaba limpio, espléndido. Y diciéndole estas palabras mágicas: ¡Soy el binos de mil presentimientos, nos acercamos á la como era necesario que saliéramos de casa, bliotecario! Pero no lo hicimos, y nos marmesa y cogimos el pliego; durante un momen- aunque nos íbamos vistiendo muy lentamente, chamos poco á poco; el destino, la fatalidad to lo estuvimos mirando; luego lo rasgamos y llegó al fin el momento de salir y emprendimos no quería que nosotros fuésemos bibliotecario. Y ya no volvimos á acordarnos más de este comenzamos á leer el papel que venía dentro. la marcha hacia la biblioteca. íbamos, en efecY apenas habíamos recorrido unas líneas, cuan- to, hacia la biblioteca, pero diremos que nunca asunto. ¿Qué es lo que hizo D. Alberto y qué do una gran alegría, una profunda satisfacción hemos examinado los escaparates de las tiendas es lo que pensó de nosotros? No lo sabemos. embargó nuestro espíritu. Lo estábamos leyen- con tanto interés, con tanta detención. En es- Y esta es la razón de que casi casi no nos atre do, lo teníamos delante de los ojos y no lo tos casos, cuando marchamos lentamente por vamos á asegurar que sea nuestro amigo. queríamos creer: en esta comunicación se nos una calle céntrica, no es extraño tropezar con AZORIN decía que se nos nombraba bibliotecario. ¿No un amigo; nosotros nos encontramos con uno. ha sido éste el sueño de toda nuestra vida? Ya Sentimos una viva alegría; este amigo nos palo habíamos realizado; ya en este momento nos reció nuestro mejor amigo. ¿Tiene usted que veíamos marchando por la mañana á la biblio- hacer algo? nos preguntó después de un moAyer, á las ocho y media, se celebró en la teca- -un poco más tarde de lo que dispone el mento de charla. Nos quedamos perplejos; nos- iglesia parroquial de San José el solemne acto reglamento; -ya nos contemplábamos sentados otros, claro es, teníamos que tomar posesión de decir su primera misa el presbítero D. Anen nuestro sillón y gritando exaltados, enarde- de nuestro cargo; pero, ¿cómo íbamos á ne- tonio de Bonifaz. cidos, ante estos jovenzuelos que vienen á leer garnos á un requerimiento de un buen amigo El joven sacerdote es un ejemplo de vocanovelas y libros frivolos; ya nos veíamos de- que nos invitaba á pasear? No, no; na da ción decidida é inquebrantable. Todas las circontestamos resueltamente. Entonces- -dijo cirle á nuestro compañero: Sí, sí; estos muchacunstancias y condiciones que le rodeaban dechos no vienen aqui más que á perder el tiem- nuestro amigo- -vamos á dar un paseo. Y bían ayudarle á continuar en la vida social: la nos fuimos á paseo y nosotros nos dijimos po ya nos columbrábamos también aposentacarrera de leyes, recién y brillantemente terdos en una ancha sala desierta, donde de tarde mentalmente: Un día no importa nada; ma- minada; la posición independiente, el apellido en tarde resuenan los pasos de un visitante, al ñana tomaré posesión ¡lustre... De todas las aspiraciones que legíticual nosotros miramos de reojo, llenos de una Y al día siguiente y durante cuatro, seis ú mamente podía abrigar, hace renuncia, para secreta ojeriza, porque ha venido á distraernos ocho días más, un asunto importante, trabajos emprender, Heno de fe, el camino del sacerde nuestra lectura matutina de El Jmparcial... urgentes ó una ligera enfermedad, nos impi- docio. Este ideal, ¿íbamos á verlo realizado nosotros? dieron realizar nuestro firme propósito. Pero Del misa cantano fueron padrinos eclesiástiEsto pensábamos mientras leíamos las primeras este obstáculo pasó, y entonces nosotros á so- cos D. Francisco Javier Vales, proviror y vilíneas del pliego; pero nuestra satisfacción no las con nosotros mismos, una mañana, medita- cario general de este obispado, y D. Donato duró mucho. Eramos bibliotecario, sí; mas lo mos en nuestro caso y decidimos ir resuelta- Jiménez, cura propio de San José. De padriéramos de un Círculo. Y claro está que, aun- mente á tomar posesión. Nuestra vida se había nos seglares actuaron la joven, bella y eleganque nuestro ensueño bajaba un poco, decidi- hecho imposible; el espectro de esta toma de te marquesa de Torre- Víllanueva y D. Luis mos tomar posesión inmediatamente de este posesión lo teníamos siempre delante; llegamos Qrtiz de Zarate. cargo. No podríamos ya enfurecernos ante los á no pensar en otra cosa; por si esto fuera El notable orador sagrado, P. Calpena, muchachos que nos pidieran una novela; no poco todas las tardes al volver del paseo nos pronunció un sermón digno de la fama de que podríamos mirar indignados al visitante solita- encontrábamos sobre la mesa un pliego en que el rector de San Francisco el Grande disfruta. rio que arribara á nuestra apartada sala; pero se nos invitaba á ocupar nuestro cargo, y que A la ceremonia asistió distinguida concutendríamos largos estantes repletos de libros; nosotros cogíamos temblando, nerviosos. Y por rrencia, viéndose entre ella á muy hermosas podríamos hacer sonar las llaves de estos es- si tampoco fuera esto suficiente, no podíamos damas y á personajes de la aristocracia, de la tantes, y tal vez en esta biblioteca habría un dar cuatro vueltas por las calles sin que un ami- política y de las armas. bello papel de cartas con un timbre que dijera: go nos saliera al paso y nos dijera: D. Alberto Los invitados fueron obsequiados, en el doEl bibliotecario de... y donde nosotros escribi- está furioso con usted D. Alberto Aguilera, micilio de la madre del nuevo sacerdote, con ríamos cosas ligeras y sin substancia. este querido señor que ahora acaba de ser un lunch, verdaderamente espléndido. nombrado alcalde, era el presidente del CírcuDecidimos, pues, tomar posesión ai otro Se asegura en las tertulias aristocráticas que lo cuya biblioteca debíamos gobernar nosotros. día. Y con estos propósitos pasaron las horas ¿Dice usted que está furioso? contestába- el marqués de Cerralbo obsequiará con una A la mañana siguiente, cuando nos levantamos, mos nosotros estupefactos. ¡Completamente brillantísima fiesta á sus numerosas amistades. mientras nos vestíamos, dijimos: Hoy vamos furioso! -gritaba nuestro amigo. ¡Usted no En estas noches, en que terminada la temá tomar posesión Después cogimos nuestros va por el Círculo, ni quiere tomar posesión! porada en los grandes coliseos, el público periódicos y comenzamos á leerlos; se aproxiY entonces nosotros, enteramente resignados, aristocrático que aún no ha empezado su habimaba la hora de nuestro paseo matutino y nos arrepentidos con toda el alma, apretábamos las tual excursión veraniega no tiene punto oblidispusimos para emprenderlo. Y hemos de conmanos de nuestro amigo y decíamos: Sí, sí; gado de reunión, se ve el teatro Apolo muy fesar que al levantarnos de nuestro asiento, nos tomaré posesión. Dígaselo usted á D. Alber- favorecido. dirigimos al balcón y echamos una mirada á 1 to Y de nuevo no cumplíamos nuestra proA él concurren, á tercera y cuarta hora, señocalle. ¿Qué tal estará el tiempo- -pensábamos. -mesa. A los dos días nuestro amigo nos encon- ras tan distinguidas como bellas y elegantes, Podía darse el caso de que estuviera lloviendo traba otra vez y exclamaba: ¡D. Alberto dice dando así una simpática nota y animando la y no pudiéramos ir á tomar posesión de núes que lo considera esto como una ofensa perso- sala del teatro. tro cargo; en ese caso iríamos otro día. Caían nal; dice que hasta va á ir á buscarle á usted Creemos nosotros que, como aún el calor en efecto, unas gotas claras; eta un día de inpara convencerle! Y nosotros sentíamos una no resulta excesivo, bien podía la empresa vierno. Durante un momento, ya en la calle, profunda pesadumbre, una gran amargura por abrir un abono para dar un corto número de dudamos si ir ó no á tomar posesión; camináeste disgusto que, sin querer, causábamos á representaciones de moda, al que sin duda habamos sin rumbo cierto; unas veces llevábamos D. Alberto. bría de acudir la buena sociedad madrileña. la dirección del Círculo y otras nos apartábamos de él; no sabíamos qué hacer. No, no Las horas de nuestro vivir estaban amargaEl Sr. Polo de Bernabé ha salido, en unión vamos -dijimos al fin. -Y luego añadimos das; no contábamos con un momento de repo- de su bella esposa, con dirección á Londres, para convencernos á nosotros mismos: No es so. Está bien- -dijimos un día; -puesto que donde se hará cargo de los asuntos de aquella que haga mal tiempo; la posesión podemos to- es preciso tomar posesión, la tomaré Y nos Embajada, que había tenido necesidad de desmarla con bueno ó mal tiempo; es que es muy fuimos una mañana al Círculo; eran las nueve atender con motivo de la boda de SS. M M de mañana; el Secretario no estará seguramente ó las diez; subimos las escaleras y llegamos El día 22 de los corrientes se celebrará el en el Circulo. Y además, ¿no será mostrar un hasta la puerta. No habíamos estado nunca en poco de apresuramiento el presentarnos al día esta casa. Entramos en el zaguán lentamente; enlace de la bella señorita Cantina Liniers con siguiente de ser nombrado? Estas considera nos encontramos con un ordenanza y nos dis- D. Carlos Crespí de Valdaura. ciones hicieron que decididamente encami pusimos á interrocrarle. Sentíamos una ligera El distinguido joven D. Mariano Bertodano na; amos nuestros pasos hacia otro lado; ha- indecisión. ¿El Sr. Secretario? ¿No está? ha salido para Tarazcma. LOS AMIGOS DE SOCIEDAD