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A B C JUEVES 14 DE JUNIO DE 1906. PAG. i5. EDICIÓN i. las, los caballeros manifestaron que no siéndoles posible esperar más se marchaban, prometiendo volver más tarde. Las señoras se marcharon momentos después sin haber comprado nada. Cuando el Sr. Mansberger se acercó al escritorio, notó la falta de tres carteras que tontenían diversas piedras, valuadas en 10.000 pesetas. Supone que los autores de la sustracción fueron los caballeros, y que las señoras estaban en combinación con ellos. A pesar de los datos personales sobre unos y otras, facilitados por el joyero, será difícil su captura, contribuyendo á ello no poco el haber formulado la denuncia veinticuatro horas después de cometido el hurto. 1 f n guardia oportuno. No siempre se ha de decir de los guardias de Orden público que andan tardíos en el cumplimiento de sus deberes. Ayer, el núm, 92, que prestaba servicio en las Cuatro Calles, dando pruebas de excelente instinto policíaco, evitó la comisión de un suceso sangriento. En las primeras horas de la tarde discutían en la Puerta del Sol dos sujetos acaloradamente, y terminaban la violenta disputa marchando desafiados hacia el Parque de Madrid. Cuando se dirigían por la Carrera de San Jerónimo, uno de ellos llevaba una cayada colgada del brazo izquierdo y la mano derecha metida en el bolsillo de la americana. Al pasar junto á la cervecería Inglesa se acercó al último, repentinamente, el guardia número 92, y sin darle tiempo para hacer ningún movimiento, le sujetó el brazo derecho, sacándole la mano de! bolsillo y quitándole una enorme navaja que Hevaba empalmada. A pesar de que pretendió negar sus propósitos, le condujo á la delegación del Congreso, donde se le formó el oportuno atestado. El guardia núm. 92 fue muy felicitado por cuantos se enteraron de su oportunísima intervención. aptura del Morras. El Morros es un tomador que jrobó hace varios días dos alfileres de corbata en una casa de préstamos de la calle de Fuencarral. Ayer fué capturado por la policía y conducido á los calabozos del Juzgado. No pretendió negar el delito de que se le acusaba; por el contrario, dijo que el día del hurto fue á la casa de préstamos á empeñar un pañuelo de seda, y que al enseñársele al prestamista vio sobre el mostrador dos alfileres, que tapó con el pañuelo para afanarlos mejor. Así lo hizo, y después de guardarse los diez reales que por el empeño le dieron, salió tranquilamente del establecimiento de compra- venta mercantil. Roma, 12 de Enere de 1906. Habiendo tenido ocasión de usar en mi clientela las P í ¡doras de Fistulina, del Dr. Roos, tan recomendadas por muchos médicos, declaro haber comprobado excelentes efectos para provocar eructos, librar al organismo de los gases que le molestaban y de la sensación de plenitud. Además, las puedo recomendar como un brillante é inofensivo digestivo, estimulante del apetito y purgante de efectos suaves. (Firmado. Prof. Commard. Giuseppe Zapponi, medico de cabecera de S. S. el Papa. Venta en las farmacias, pesetas 2, So caja. Al por mayor: Reder, Zorrilla, i 3 ladrid, y Centros de e jecíficos. MORTUORIAS Y ANIVERSARIOS En la Administración de A B C y principales Agencias funerariasy de anuncios se recibe los originales para las MORTUORIAS Y ANIVERSARIOS. Por su gran circulación y por contar A B C entre sus lectores á las clases más acomodadas de la sociedad madrileña, puede tenerse la seguridad de que estas esquelas llegarán seguramente á conocimiento de todas las personas de quien se desee sean conocidas. f ADOPTADOS DE R O POR LOS MINISTERIOS PE GUERRA y MJUUNA RECOMENDADOS POR LA REAL ACADEMIA. DE MEDICINA Toda clase de INDISPOSICIONES DEL TUBO D I GESTIVO, V Ó M I T O S Y DIARREAS, ETC. en niños y adultos se curan pronto y bien con los SALIC 1 LATOS D E BISMUTO Y CER 1O D E VIVAS PÉREZ. D e venta en todas Jas farmacias acreditadas del mundo M K K R U U A L 9 S V 1 AJERT 1 S 215 BIBLIOTECA DE A B C RAMUNCHO 209 por más tranquilas é inaccesibles regiones del infinito... Y es Ramuncho, porfin, el que, subyugado, bajó sus oíos ardientes ante los virginales de Madalén. Las buenas hermanas continuaron charlando: querían retener á los dos en Amézqueta durante la noche; fuera, les decían, está muy obscuro y amenaza lluvia... El señor cura, que ha ido á la montaña á llevar el Viático á un enfermo, volverá pronto; le conoce á Arrakoa, del tiempo en que fue vicario en Etchezar, y se verá muy contento ofreciéndole una cama en la casa cural, y otra al amigo, claro está... Pero no; Arrakoa rehusó el ofrecimiento después de dirigir una mirada de grave interrogación á Ramuncho. Imposible dormir allí; van á marcharse en seguida, después de hablar un poco más, porque les esperan algunos negocios en la frontera española... EJla, que al principio, presa de una turbación mortal, no se había atrevido á hablar, empezó á dirigir preguntas á su hermano, tan pronto en vascuence como en francés, y se informo de aquéllos á quienes nunca olvidaba. ¿Y la madre? ¿Está sola ahora en la casa aun durante la noche? -No- -dijo Arrakoa; -tiene á la anciana Catalina, que la cuida y he exigido que duerma en la casa. ¿Y el pequeñín Arrakoa, cómo está? ¿Le han bautizado? ¿Cómo sé llama? ¿Sin duda Lorenzo, como su abuelo? Etchezar, su pueblo, está separado de Amézqueta unos 60 kilómetros, en una región sin otras comunicaciones que las de los siglos pasados. -Aunque estamos muy lejos unos de otros- -dijo la monjita, -algunas veces ya tengo noticias vuestras. El mes último, gentes de aquí encontraron en el mercado de Hasparren á unas mujeres de nuestro pueblo; por ellas supe... muchas cosas... Esperaba verte en Pascuas; En efecto, no era su hermano aquel Ramuncho que estaba allí feroz- y mudo... ¡Y qué miedo le tendrían las tranquilas monjas si supiesen qué vientos de tormenta le empujaban... Volvió á imponerse el silencio, pesado é inquietante, entre aquellas personas que parece que no debían hablar sino de cosas sencillas y fútiles; la andana superiora fijó en ello la atención y aun extrañóse un poco... Los ojos vivos de Ramuncho se inmovilizaron, veláronse los de la fiera como por la fascinación de un invisible domador. Bajo la dura cubierta, todavía algo jadeante de su pecho, continuaba penetrando y extendiéndose la calma reparadora que al entrar se iniciara. Sobre él, sin duda, obraban los misteriosos poderes blancos revoloteando allí en el aire; la herencia religiosa que dormitaba en el fondo de sí mismo llenábale ahora de una sumisión y de un respeto inesperados; las antiguas creencias le dominan; aquellas cruces encontradas aquella tarde á lo largo de ¡os caminos, y la Virgen, de yeso, de un color de nieve inmaculada, destacándose sobre el blanco sin mota de la pared... -Vamos, natilad, hablad, hijos míos, de cosas del país, de las cosas de Etchezar- -dijo la superiora á Madalén y á su hermano. -Y mirad, os dejaremos solos, si queréis- -añadió haciendo una seña á Ramuncho como ijara llevárselo de allí. ¡Oh, no! -replico con viveza Arrakoa; -que no s? vaya... No, no es él... el que estorba... La monjita, tan cubierta de velos y mantos como en la Edad Media, bajó la cabeza para mantener ocultos los ojos bajo la austera toca. La puerta estaba abierta, 1 a ventana también; la casa, los objetos que hay en ella tienen el aspecto de absoluta confianza, de absoluta seguridad, que parecen preservar los de violencias y sacrilegios. Otras dos monjas, muy