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A B C DOMiNGO io DE JUNIO DE 1906. PAG. 7. EDICIÓN 1. POETAS es lo que Que delectación, está usted leyendo conestanta ¡oven amigo? ¿Cuál ese pequeño libro que tiene usted entre sus manos? -Es un libro, querido señor, que se titula Hlmas que pasan; últimas prosas de Amado Ñervo. ¿Amado Ñervo? Creo que he visto algunos versos de este señor... -Amado Ñervo es, en efecto, un poeta, un gran poeta. Es americano, y note usted que el más alto poeta que existe hoy en lengua castellana es también venido de América; hablo del queridísimo Rubén Darío. -Comienza usted á desvariar un poco, mi txcelente y joven amigo. Yo le confieso á us; cd que no veo en estos poetas estas grandezas -Me deja usted un poco estupefacto; yo no sé qué pensar, mi buen amigo, ante sus paradojas. -Nada hay más cierto, mi excelente señor, que el renacimiento de que hablo á usted. A mi entender Rubén Darío es un lírico de los que continúan la tradición, la línea, la estirpe maravillosa de los Berceo, Juan Rui? Garcilaso, Góngora, Espronceda y Becquer; después de estos y por derecho propio viene el autor de las Prosas profanas. Y á su alrededor, ó circulando en distintas órbitas, -tenemos á poetas como Eduardo Marquina, autor de las admirables Elegías, á Juan R. Jiménez, el melancólico, á Antonio y Manuel Machado, á Francisco Villaespesa, á Antonio de Zayas, á Pérez de Ayala, el primitivo... cho y no podremos admitir formas nuevas? Los que crearon las formas viejas, ¿no disponían de una libertad al usarlas? ¿Por qué motivos hemos de creer que esta libertad ha caducado y no se nos ha de conceder á nosotros? Vicente Espinel hizo una cosa inaudita, estupenda, terrible, en su tiempo; inventó una forma poética nueva- -la décimaj es de creer que los viejos poetas de aquel entonces se escandalizaran, se horrorizaran ante este desenfreno. Y sin embargo, hoy este desenfreno de Espinel ha llegado á ser una tradición fundamental, esencia! en poesía, y por un viceversa curioso, el verdadero desenfrenado y loco sería, para los viejos poetas actuales, el que atentase contra ella... Y vamos al reproche de extranjerismo: menos fundamento, si cabe, tiene este anatema SEBASTIAN. Entrada en la ciudad del Orfeón Donostiarra a su vuelta de París, donde, acaba d, e obtener, un triunfo colosal venciendo á los orfeones franceses y belgas, y especialmente al de Bruselas, reputado como uno délos: mejores de. Eur. opa. El director del orfeón, D. Secundino Esnaola. Fot. Frederíc. y maravillas que usted advierte; la poesía castellana está en decadencia lamentable. Desde que Campoamor y Núñez de Arce... -Perdón, perdón, mi buen señor; ya conozco estos viejos plañidos. Ante todo, éstos dos poetas que usted, acaba de citar esperan todavía un entendimiento sereno y penetrante que haga la crítica de sus obras; temó que por lo que toca á Núñez de Arce lo hemos de poner en el mismo casillero modesto en que hemos colocado á D. Manuel José Quintana. Y después, en cuanto á la decadencia actual de la poesía, yo le he de decir á usíed que no hay tal decadencia, sino que, por el contrario, Jo que existe es esplendor, fuerza, apogeo, puesto que nos encontramos ert un: período de renacimiento poético como hace siglos no lo ha tenido España. ¡Basta, basta, joven amigol E stá usted haciendo la apología de los modernistas. -Modernista no significa nada; es un vocablo absurdo; todo escritor haya vivido én el siglo en que haya vivido, ha sido modernista; un poeta del siglo xiv era más moderno que otro del xni; los del siglo xxi serán más modernos que nosotros. -Sí, sí; pero estos poetas están todos. extranjerizados; no tienen fisonomía propia, inspiración suya. Y luego, las cosas que hacen con la métrica... que el anterior. Las ideas, cómo las cosas, no son autóctonas, primeras; todo nace dé todo. Suponer que una idea puede ser original, sería introducir en el universo una causa primera, algo no creado; es decir, sería romper la ley de causalidad universal, de concatenación fatal, de determinismo. Y claro está qué esto es francamente absurdo. Las ideas hacen de las ideas; la lectura dé uha página interesante nos sugiere asociaciones ideológicas que antes no teñíamos; todos los literatos saben que peyendo es precisamente cuando las ideas nuevas acuden á sus cerebros. Y dé este modo no es extraño que unas literaturas influyan en otras y determinen en tal ó tal nación aletargada estados y movimientos literarios pujantes y. desconocí. dos. La historia nos lo dice así. Y si miramos á la de España, veremos, nosotros los que lia -No hay un error semejante á éste. En cuanto á las innovaciones métricas, sj lo innovado es bello, poético, debemos admitirlo desde luego. ¿Quién ha trazado de antemano la forma y medida que deben tener los versos? ¿Por qué razón vamos á limitarnos á lo ya he-