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A B C. SÁBADO 9 DE JUNIO DE tao 6. PAG. 5. EDICIÓN níme pfoteíra, szeundada por todas las naciones, acrecentando, si fuera posible, el amor del pueblo á V. M Cree el Senado que unido V. M á la Reina elegida por su corazón, se abrirán nuevos horizontes á la prosperidad nacionaU Confía en que el reinado de YV. M M jóvenes educados en los modernos f empos, ofrecerá á la historia contemporánea páginas brillantes, continuación de las que llevan esculpidas t a n t o s recuerdos gloriosos de nuestra amada España; y si aquéllas relatan grandes hechos militares é increíbles conquistas, ¡as del reinado de Y. M podrán perpetuar también, sin renunciar á ninguna otra gloria, los adelantos en el campo fecundo de las Ciencias y las Letras, la anhelada educación general del pueblo y el consiguiente y constante progreso de todos los intereses nacionales para que la Nación, agradecida, bendiga vuestro nombre augusto. í AI Senado Je toca contribuir, en la esfera y medida que la Constitución lo permita, al triunfo definitivo de todos los derechos y á la grandeza de la Patria, á fin de que ésta recuJjere pronto el puesto que le corresponde entre los pueblos más cultos y adelantados. S. M el Rey contestó: Señores senadores Difícil es encontrar en este solemne nao nento expresión adecuada á los sentimientos que en mi corazón despiertan las cariñosas paabras que tenéis á bien dirigirme, confirmando, con la suprema autoridad de vuestro cargo f la grande experiencia de vuestras vidas, el entusiasta y universal aplauso con que la Nación ha recibido á la noble Princesa que ha venido á compartir conmigo el Trono de San Fer 1 nd 0. ¡Varias Cámaras populares de naciones amigas nos han honrado doblemente al encargarnos de ofrecer á YV. M M la expresión de la universal simpatía que inspiran y el testimonio de su protesta contra el criminal atentado que concertaron todos los refinamientos del odio para retar y herir á la Nación, entregada á ks expansiones de espontáneos y legítimos regocijos. En estos tiempss en que los Poderes de todos los pueblos cultos llevan á sus leyes la dulzura inefable de las cristianas inspiraciones, afanándose por acrecer la cultura y el bienestar de los humildes, parece más horrenda la traidora agresión de esas fieras humanas que en las frondosidades de la civilización buscan refugio y cuya instintiva perversidad se exacerba? nte el espectáculo de la ajena dicha. Hoy, Señor, ha de limitarse el Congreso á estas expresiones de la extraña y la propia indignación ante el crimen; á este encarecimiento de las simpatías que en España y lejos de ellat conquistaron VV. M M sCuando fuere llamado á juzgar los hechos, seguro es que, sin mengua de la ViUf- -1 pensamiento y de ¡a propaganda de ras doctrinas que constituyen el más eficaz resorte del progreso humano, los consejeros responsables de V. M hallarán en la Cámara que nos envía ante el Trono, decidido concurso para la defensa de cuantas instituciones encarnan la autoridad pública y para garantir la vida y la tranquilidad de los ciudadanos, supuestos imprescindibles de todo orden social. Señor, confíe siempre Y. M en el sincero amor, en el profundo respeto y en la inquebrantable adhesión del Congreso de las Diputados S. M el Reycontesto Señores diputados: EI acento de los representantes de la nacián, inspirado en las sentimientos populares, da en este día, por vuestros labios, sanción entusiasta, y por mí agradecida, á la elección de la Reina que ha venido á compartir conmigo las grandezas y los peligros del Trono. Dios, que ha bendecido nuestra unión, escuchará, sin duda, las palabras con e ¡ue nos auguráis venturas que nunca serían completas si de ellas no participara el pueblo español. oEl voto de las Cámaras populares de otras naciones, que han tenido á bien asociarse á vuestra protesta contra sucesos que nada explican, pero que todo lo entristecen, añade títulos de universalidad al sentimiento de reprobación que se alza en el fondo de toda alma honrada ante el espectáculo del crimen sin motivo y del daño causado á los inocentes. Entre ellos, hacéis bien recordarlo, figuran oficiales que cayeron sin abandonar sus armas, y soldados que permanecieron inmóviles en sus puestos, dando en aquel tristísimo momento inolvidable muestra de sus cualidades marciales, y fortificando así la ron nza eme la nación tiene en su Ejército. Sensible es, en verdad, que los progresos más anhelados y los tsfuerzos mejor dirigidos para la mejora de la sociedad y el bienestar de los más necesitados, coincidan con actos criminales que apenas pueden concebirse. Pero no sería propio de ánimos esforzados ni de espíritus cristianos detenerse en la obra del bien y del progreso por las aberraciones del crimen. La sabiduría y la prudencia del Parlamento encontrarán, sin duda, la fórmula que ofrezca á los españoles la mayor garantía y seguridad posibles, poniendo sus vidas á cubierto de los extravíos de espíritus perturbados, obra á la cual tal vez habrán de concurrir los Poderes públicos de las demás naciones, buscando en la solidaridad y simultaneidad de los esfuerzos la defensa de la vida humana. Si alguna compensación pudiera tener la sangre vertida y el horror causado, hallaríase en la nueva prueba de afecto y en la mayor in- timidad que la Nación española nos ha dada con tai motivo, testimonio para mí tanto más valioso cuanto que envuelve y protege con una atmósfera de intenso cariño á la Princesa, mi esposa, que al ocupar el Trono ha podido apreciar de un so! o golpe el entusiasmo del pueblo y la nobleza de raza que caracteriza á los españoles. En su nombre y en el mío os doy á vosotros, como representantes del pueblo, no ya gracias, que parecerían convencionales, sino seguridades del intenso afecto con que nos sentimos unidos al pueblo español, y la inquebrantable seguridad de pagar nuestra deuda de cariño con la constante devoción y la aplicación invariable al cumplimiento de nuestros deberes, á cuyo término habremos de encontrar la paz y el bienestar de la Nación española. El rigor de la etiqueta no pudo impedir entre los diputados murmullos de aprobación. El discurso del Rey satisfizo á todos. Dos nutridos ¡vivas! á los Reyes fueron contestados con mucho calor. NOTAS MUNICIPALES I a sesión de ayer. Duró dos horas escasas y careció de interés. El Sr. Iglesias protestó del atropello que á su entender se realizo en la sesión anterior al oponerse á que se enviara un mensaje de felicitación á SS. M M por haber salido ilesas del atentado y explicó sus palabras pidiendo que constara en el acta su protesta. i Se produjo un breve incidente acerca de si se había ó no aprobado dicho mensaje en la sesión aludida, y por fin, se acordó, por iniciativa del duque de Arévalo, que firmen el mensaje los concejales que lo deseen El Sr. Santülán propuso que se acordara destinar 5 000 pesetas ó la suma que se pudiera en beneficio de las familias de las víctimas pobres de la explosión de la bomba. El alcalde elogió la iniciativa del Sr. Santillán, y dijo que sin perjuicio de la reunión qua con el objeto que interesa al Sr. Santillán celebre la Comisión de festejos, á ésta pasará lo propuesto por dicho concejal. Luego el secretario dio lectura á los íelegra mas de protesta de varios Ayuntamientos y otras corporaciones de España, telegramas que ya hemos dado á conocer. Entre los asuntos de oficio fuá retirada la moción de la Alcaldía referente al expediente de expropiación de terreno á los herederos del Sr. Gosálvez en varias calles de Madrid, y dióse cuenta de la Real orden de Gobernación fijando en siete céntimos, en la tarifa de arbitrios municipales, el quintal métrico de piedra de cantería que se introduzca en la capital. Hubo alguna discusión antes de aprobar las bases para sacar á concurso la provisión de la plaza de regente de la imprenta municipal, la provisión de una plaza de escribiente de la secretaría y los ascensos por antigüedad para proveer una plaza de portero consistorial y la resulta. Quedaron aprobados también varios dictámenes de las comisiones de Obras, Ensanche, Hacienda, Policía urbana, Beneficencia y Cementerios. Terminados los asuntos de! orden del día, el Sr. Iglesias insistió en denunciar el estado pobrísimo de ropa en que se enenentran algunos acogidos en el asilo déla calle de Ataúlfo. Pidió que constara en acta la protesta suya y de sus compañeros, visto que nada se hacía para mejorar la condición de aquellos asilados. El Sr. Vincenti manifestó que los acogidos que vio el Sr. Iglesias hacía poco que habían ingresado; pero que á esos, como á todos, se! es daría ropa y se atendería el asilo como es de justicia. La sesión terminó á las dos y l aCierto que á esta expresión de alegría se une el doloroso recuerdo del terrible é irreparable daño que ha esparcido el luto y sembrado el dolor en tantos hogares; pero sírvannes ¿todos de consuelo la unánime reprobación que ha provocado el crimen, la intensidad de la unión entre el pueblo y sus- Reyes que su comisión ha revelado, y la confianza en que la misericordia divina calmará las amarguras de as familias heridas por la ciega é inconsciente maldad de un asesino. Grande es la confianza que el Senado pona en nosotros y lisonjeros por extremo los elogios que os merece la preparación con que entramos en la vida; pero no cede á elios el ardiente deseo que nos anima y la esperanza que nos guía de conseguir aquellos timbres de gloria que en la edad presente emulen las grandezas de las pasadas edades. Esto, sin embargo, no podtá lograrse sin la constante é íntima cooperación del Parlamento y el Poder real. P r eso en este día, primero en que la Reina me acompaña ai presentarme ante vosotros, ambos queremos ofreceros el testimonio déla profunda gratitud con que recibimos vuestras felicitaciones y la grandísima estimación en que te. xmos vuestro concurso para levantar á la altura que ella se merece á esta noble y amada Nación española. 61 discurso leído por el Sr. Canalejas al ser recibido por SS. M M el Congreso, fue cerno sigue: Señor: El Congreso de los Diputados, representación genuína del pueblo español, nuevamente se asocia al unánime aplauso con que fueron Acogidas las felices inspiraciones de V. M eligiendo para compartir el Trono, Reina que aníes de subir á él había cautivado ya las almas íspañolas. La bendición de Dios, el entusiasmo del país, el santo amor que para la dicha y el aien une á VY. M M san prendas de ventu as que habrán de colmar nuestras esperanzas y corresponder por entero á nuestros varos.