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ABC. VIERNES 8 DE JUNIO DE ro- 6. D 4 G. 5. ALFONSO XIII Y VICTORIA EUGENIA. COINCIDENCIAS Y PROFECÍAS no pasará sin que uno de nuestros reyes se case con una princesa de alguna gran Casa Real de Europa, que no será Casa de Francia, pero en la que habrá sangra capetana. El matrimonio La Historia tiene sus fatalidades y en ella vivirá mucho y será dichoso. parece que se repiten los hechos. El odioso Y á la profecía sigue una larga serie de conatentado contra D Alfonso Xlll y su augusta sideraciones azarosas y confusas... Pero, en esposa, viene á recordarnos hoy otro, cometido hace cerca de doscientos años, y casi en el fin, ¿acaso en esa profecía no existen rasgos mismo sitio, aunque éste fue mucho más ino- suficientes y claros para ver en ella la unión de D. Alfonso XIII, Capeto Borbón, con Victofensivo. ria Eugenia de Battenberg, Capetana de InProdigios del progreso... Hasta las bombas glaterra, por Hannover- Stuard Tudor, que inclusive. la enlaza con Isabel de Francia, hija de Felipe En la época á que este hecho se refiere, los el Hermoso, y por aditamento descendiente de periódicos eran raros en España. El Diario y Hugo Capeto, por Plantegeneto? Las Cartas Madrileñas no se dedicaban á regaEsos datos parecen colmar la medida de un lar á sus lectores relaciones trágicas, ni gacetifeliz parecido en favor de los recién casados, llas banales; sus columnas se nutrían de reflexiones literarias más que de elucubraciones que por tantas otras causas merecen larga vida políticas; de doctas discusiones ó de agrada- y dicha durable. He ahí explicado algo del presente por el bles juegos poéticos. pasado... de ese pobre pasado que tanto olviSin embargo, lo que no nos dicen las legen- damos, y también un recuerdo de las profecías, darias hojas nos lo explica muy detalladamente que quién sabe si son un arte ó una ciencia. en sus Memorias el duque Carlos de Mediría Quién sabe... Sidonia, mayordomo mayor de Palacio en la F. MORA, época de Felipe V L 05 cuales, del liso en pos, la que ocup. ui en el día ofrecen: cuarenta y dos, Arco de Santa María, cerca de Válgame Dios. En una reunión literaria á la que asistían hermosas y distinguidas damas, le pidieron á un joven poeta, que acababa de llegar de provincias, que leyese alguna de sus composiciones. El poeta, que era muy notable, pero de espíritu tétrico, se adelantó hacia el piano, y con voz lúgubre recitó una balada, en la que decía que todo estaba á su alrededor solo, triste, mudo, como él. La composición, aunque era muy buena, produjo en el distinguido auditorio una impresión amarga y desconsoladora. Para disiparla improvisó Manuel del Palacio otra balada que decía: Sentado me hallaba un día á la puerta de un cortijo que se hundió, donde una familia había triste el padre, triste el hijo triste yo. El sol su luz postrimera apagaba tras un cerro de mistó; muda estaba la pradera, mudo el guarda, mudo el perro, mudo yo. As! dije: al fin marchamos á la ruina y al desastre todos los hombres de pro. ¿Y qué pesetas ganamos? Ni una el sabio, ni una el sastre, ni una yo. El día 3 de Mayo de 1713, dice el duque en sus Memorias, hacía Felipe V su segunda solemne salida acompañado de su esposa Ma ría Luisa Gabriela de Saboya. El cortejo desemboca de la calle de Alcalá, cuando un hombre, surgiendo de entre la multitud, lanzó una piedra contra el Rey, que en aquel momento avanzaba el cuerpo por la vidriera de la carroza Real. El proyectil vino á herirle ligeramente en la frente, y como el agresor llevara su osadía hasta montar sobre el estribo del carruaje, el Rey lo rechazó violentamente abandonándolo á la venganza del pueblo, que por cierto no lo trató muy cariñosamente. Así termina el duque en sus Memorias el relato de un atentado que aun siendo menos atroz que el que hoy conmueve al mundo, no fue menos reprobado. Y contada esta coincidencia, oigamos ahora lo que el mismo duque, hombre de espíritu cultivado y curioso, dotado de la inocente manía de las profecías y además muy dado al estudio de la astrología, nos vaticina en un opúsculo publicado en 1727, con el título de Curiosidades sacadas de diversas proferías sobre las Casas que han reinado y remarán en España: A mediados del siglo xix grandes disturbios agitarán nuestra Patria. Un Rey y su hijo abdicarán. Una mujer reinará y bastante tiempo después un niño será Rey. Se llamará Alfonso como su padre, que llevará ese glorioso nombre, abandonado desde fines del siglo xiv en que lo hizo brillar el vencedor de las Navas y de Tarifa. Y á esta profecía siguen algunas obscuridades y omisiones enlazadas á ellas en ese breve boletín de la abdicación de Carlos I V y de Fernando VII, de la invasión francesa, de la guerra carlista y del reinado de Isabel 11 y de Alfonso XII. Pero el duque profeta, que creía á ojos cerrados en la influencia que ejercen ciertos nombres cronológicos sobre las aventuras de los Reyes y los pueblos, se equivoca en cuanto á la suerte que reserva el porvenir á Alfonso Xlll, al que presagia la muerte en su niñez, tal vez por la desconfianza que le inspira el número XIII, aunque este sea Real. Y hay que creer, en efecto, que la profecía esta vez está lejos de cumplirse por desvirtuarla también el adagio que reza: Muerte conjurada garantiza larga vida. Pero ahora lo que debemos desear es que la reina Victoria realice á su vez otra profecía, escrita en Barcelona en 1764 por un historiador docto, fantástico y optimista, D Luis de Sepúlveda. Esta segunda curiosidad que tomo del Libro de probabilidades futuras, dice así: Doy por muy seguro que el siglo venidero TRENES SUPRIMIDOS A nteanoche se produjo un escándalo formi dable en la estación del Norte, porque al llegar bastantes viajeros para salir en los trenes extraordinarios de estos días, se encontraron con que, sin previo aviso al público, habían sido suprimidos dichos trenes. Al saberse en el Gobierno civil, se conminó á la empresa para que pusiera los correspondientes avisos. Los trenes suprimidos son: El A. A. núm. 9, que salía á la una y treinta y cinco minutos de la madrugada; los viajeros de este tren podrán regresar en el mixto que sale á las siete de la mañana. Y el A. A. núm. i 5 que salía á las veintiuna y treinta; los viajeros de éste saldrán en el mixto que parte á las veinte y doce minutos de la noche. Es de suponer que no se habrán conformado las autoridades con obligar á la Compañía á poner estos avisos, sino que le impondrán una multa para enseñar á la empresa á no desdeñar de ese modo á los que les proporcionan ingresos. Al pasar revista á su guardarropa, al comenzar un invierno, halló que su frac estaba muy usado, y exclamó melancólicamente: -Frac de mis tiempos mejores ¿cuál es hoy tu situación? -Como Osuna soy Girón, y no tengo sucesores. A la estrechez reducido no paso ya noches malas, y va secando mis alas el huracán del olvido. -Frac que fuiste mí tesoro, hoy que de ti me despido, deja que riegue, afligido, tus faldones con mí lloro. Mas ¡ay! De tu ser primero calla la historia secreta, y serás como chaqueta, la gloria de un arenero Eran notables sus recetas para nacer graves y sesudos consejeros d e E s t a d o Un sillón de terciopelo tomarás. Media vara sobre el suelo le pondrás. Un señor muy estirado en la silla sentarás, y tendrás un ingenio equilibrado, como todos los demás. C OSAS DE MANUEL DEL PALACIO No pueden condensarse en un solo artículo los rasgos de originalidad del peregrino ingenio que acaba de extinguirse para siempre. Llenaba una vez el padrón, y en la casilla de propiedad urbana ponía: A fuer de urbano firmaré el registro. Ni tengo propiedad, ni la administro. Y en la d e propiedad rústica, lo siguiente: Un centenar de libros, que no leo, es todo lo que en rústica poseo. H e aquí como ofrecía su casa cuando se mudaba: Don Manuel del Palacio, señora y niña, su mudanza de casa le participan. Y la nueva le ofrecen, donde hoy habitan, que es Florín, dos, tercero, casi guardilla. Buscando mayor espacio y altura menos cruel, de casa, calle y cuartel muda Manuel del Palacio y su señora con él. Sería interminable la tarea de seguir copiando; Manuel de! Palacio fue uno de los poetas españoles del siglo xix que más versos ha escrito, y conservó fresco y lozano su ingenio hasta los últimos años de su avanzada vida. UN MADRILEÑO