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f? AÑQ CUATRO. CRÓ- ¡MlíJYL Su. NICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. DE JUNIO DE 1906. NUMERO SUELTO, 5 CÉNTIMOS á nuestros amigos; les dedicaoamos ios más afectuosos de nuestros recuerdos, y natural era que al volver á Madrid nos apresuráramos á rendirles nuestro modesto homenaje. Y claro está que entre las visitas que hemos realizado (sin carácter periodístico) se cuenta, no hay que decirlo, la hecha al ilustre presidente de la Cámara popular. Hemos ido, en efecto y cumpliendo un gratísimo deber de cortesía, á visitar al Sr. Canalejas; añadiremos que al atravesar la diminuta estancia en que se halla un famoso busto, hemos echado con cuidado, con cierto recelo, una larga mirátia sobre esta obra de arte. Se recordará que una ligera ilusión óptica hizo hace algún tiempo que confundiéramos el personaje que realmente representa este busto con otro personaje; nuestro error causó una cierta conmoción, én toda España; fue comentado por los. periódicos; dio origen á una cortesísima y breve polémica, y, finalmente, en nuestros recientes paseos por provincias no se- ha cesado un día y otro de hablarnos de él por los innumerables amigos y admiradores que el gran orador tiene en España. Y no es menester decir que habiendo sucedido tales cosas, ahora, al hallarnos de nuevo ante este busto- -ya famoso en nuestra historia política- -habíamos de poner una gran atención en su examen. En efecto, estábamos en un error; no se trata de Martín Lutero; se trata de San Francisco de Asís. trEl rostro de Lutero- -dice Tomás Carlyle en su cuarta conferencia de Los Héroes; -tí rostro de Lutero es para mí fe representación de su carácter; el verdadero Lutero se encuentra entre los mejores retratos de Kranach. Una fisonomía plebeya, ruda, con sus huesudas y enormes cejas, emblema de la energía; á primera vista, una cara casi repulsiva. Sin embargo, y especialmente en sus ojos, hay una tristeza silenciosa, selvática; una melancolía sin nombre á cuya sombra viven todos los sentimientos que imprimen en todo lo demás el sello de la verdadera nobleza. Y todo esto no lo vemos eneste bus to que tenemos ante nuestra vista. Y sin embargo, sin que podamos explicárnoslo, sin saber por qué, nosotros hubiéramos querido ver en este busto esas cejas pobladas, enormes, emblema de la energía -fijaos en este detalle- -esa faz ruda, franca, y esa tristeza luminosa y penetrante en los meditativos ojos... Pero nuestra pesadumbre ha sido muy breve; el insigne orador nos esperaba en su amplio despacho; hemos estrechado su mano con verdadera cordialidad y hemos comenzado á charlar. -Ante todo- -nos ha dicho el Sr. Canalejas- -yo he de manifestar á usted que en los actuales momentos precisa una política cauta y enérgica á la vez. Las circunstancias lo reclaman así. Cometeríamos la más grave de las inadvertencias si, bajo la presión de los sucesos que todos lamentamos, pretendiéramos en un instante borrar todo el avance que en los últimos tiempos ha realizado el espíritu liberal. No olvidemos que es preciso, urgentísimo, la extirpación del mal; pero, ¿es que tal empresa no podemos realizarla, dentro de la ley? ¿Es que un Gobierno inteligente y fuerte no podrá realizar esta obra sin apelar á medios violentos, extremados, que desde luego acaso fueran contraproducentes y que nos harían retrotraernos á tiempos pasados? El Sr. Canalejas hablaba con voz tranquila y con una palabra sencilla y fluida; era otro hombre distinto del orador de tan súbita y ardorosa palaora que todos admiramos. Estab el señor presidente de la Cámara popular sen tado un poco al desgaire en una silla; una cía ridad suave se filtraba á través de los blancos visillos de los altos ventanales é iluminaba gratamente el ancho, sobrio, confortable salón- -No- -ha continuado diciendo el ilustrt orador; -no; es preciso que el partido liberal no olvide su historia, sus tradiciones, sus compromisos. Y es menester que á la expectación y á los requerimientos del país responda con una política de saneamiento social, pero á la vez con una serie de reformas, de obras, de actividades verdaderamente liberales y progresivas. ¿Es éste el pensamiento del Sr. Moret? ¿Tiene tales propósitos el actual presidente del Consejo? Pues si los tiene y él se siente con fuerzas para llevar á cabo tal empresa á él, al Sr. Moret, debemos todos los liberales apoyar coa todas nuestras fuerzas, decidida, incondicional mente... Se ha detenido un poco ei Sr. Canalejas al llegar á este punto y luego, ha continuado: -Lo importante aquí, lo indispensable en los actuales momentos, es que ios gobernantes sean hombres rectos, enérgicos, de una decidida energía. El jefe del Estado ha ratificado su confianza al actual presidente del Conseja. ¿Va á seguir gobernando el Sr. Moret con las Cortes actuales? Conocido es mi pensamiento opuesto á la disolución de las Cortes presentes; creo firmemente que un Gobierno liberal puede vivir y gobernar con ellas; para quejarnos de la mayoría parlamentaria no hay motivo ninguno; su lealtad y su patriotismo han quedado probados en todos los momentos. ¿Cómo, con qué argumentos se pretende que son un obstáculo para la obra de un Gobierno? ¿Hay acaso motivos serios para afirmarlo así? -Pero, ¿y si á pesar de todo, después de haber otorgado el Monarca su confianza al actual presidente del Consejo, y aun contando éste con la lealtad de la mayoría; y si después de todo el Sr. Moret no pudiera llevar á cabo la obra que el partido liberal está obligado á realizar? ¿Qué podría suceder en ese caso? ¿Tendríamos que considerar como fracasado á este partido? -Yo no sé lo que puede ocurrir- -nos ha contestado el ilustre orador; -lo que yo he de manifestar es que me parece absurdo cuanto se habla de Gobiernos intermedios, de transición. No existen Gobiernos limitados; la vida es un fenómeno muy complejo; creemos que una situación transitoria ha de durar pocos días, pocos meses, y luego vemos que lo que juzgábamos accidental, pasajero, cobra fuerza, arraigo y viene á ser lo fundamental, lo definitivo. Hechos de esta naturaleza ocurren todos los días y de ellos está llena la historia. ¿Quién diría que al ser remplazado inesperadamente MacKinley por Rooseveft, éste, figura borrosa, desconocida, había de llegar por su pujanza y su relieve casi á eclipsar a sus antecesores? La vida- -ha repetido el insigne orador- -no puede ser por adelantado encerrada en. tales ó cuáles pautas... Y esto- -ha concluido sonriendo- -es lo que yo pienso sobre el actual problema político. Nos hemos puesto en pie. Al salir hemo tornado á recordar las huesudas cejas, emblema de la energía de que hablaba Carlyle y que tenía aquella figura de la historia, cuyo busto no posee el insigne orador. AZOR 1 N MADRID AL DÍA p i acontecimiento del día fue la inau guración de las casas del barrio obrero que ha de llevar el nombre de la Reina. Es lo qm quedará más grato de las fiestas Reales, sobre todo si las primeras casas de esta barriada no son las primeras piedras que con tanta frecuencia se ponen como inauguración de obras importantes que luego no pasan; de proyectos. Los Reyes asistieron á la solemnidad, y el pueblo, que tenía ganas de volver á verles de cerca para tributarles una nueva ovación, aprovechó el desfile por la parte alta de Madrid para significar á Sus Majestades su cariño y su adhesión. La lluvia, impertinente ya porque no se ha limitado á ser una nube de verano, que es lo que todo el mundo quería, estuvo á punto de deslucir la fiesta, pero se contuvo. Puede que se reserve para la batalla de flores de esta tarde. Otra nota interesante y hasta sorprendente fue el planteamiento de la crisis, con la cual no se contaba hasta mañana ó pasado; pero Moret se anticipó á los acontecimientos, y la nueva de haber hecho Lo que anunció y de haber obtenido una plena ratificación de poderes, dejó con la boca abierta á cuantos en materia política se las echaban de profetas. Huelga decir que la boca tomó proporciones de túnel del Simplón cuando á la frase de hay crisis siguió la de y disolución En el proceso del atentado anarquista nubo pocas novedades. La única, y eso para escasos espectadores, la trajo de Viena Extrablaltrperiódico ilustrado que ha brindado á sus lectores una vista de la catástrofe del jueves, que hay para rejrse de los peces de colores y hasta de los colores de los peces. Vamos, que aquello de ¡cosas de Españal puede cambiarse por ¡cosas de Austria! Los cambios bajaron cerca de tres enteros, que habían subido el día anterior. El Gobierno dice que el alza fue jugarreta de los agiotistas. El público- dice- que por qué no han de perseguirse esos juegos de mala fe como se persigue á los! de envite y azar. Y agrega que qué dife- s ¡rencia hay entre agiotista y tahúr. Nada más ocurrió de notable. El batómetro, consultado anoche por Jos jmoacientes, les dio, elevándose, esperanza de que haya hoy batalla de flores. AEMncE Con el Sr. Canalejas -ué harán nuestros amigos los parlamentaQ rios? nos preguntábamos nosotros muchas veces en nuestros paseos por las montañas. ¿Qué es lo que pensarán y qué planes serán los suyos? Ardíamos en deseos de saludar