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A R C J U E V E S 7 D E J U N I O D E igp 6. PAG. 5. EDICIÓN i. CRIMEN Y LA ESCUELA lp I buen Víctor Hugo dijo que cada escuela que se abre cierra un presidio y esta hermosa frase se repite á diario, sin que por eso se funden escuelas ni nadie se preocupe de veras del problema educativo de nuestra patria. En otros países, en cambio, se han multiplicado los centros de instrucción, sin que por eso a criminalidad haya disminuido; antes bien, aumentó notablemente. Dolorosos sucesos hacen de actualidad este problema. Un padre, cuya personalidad no hay por qué analizar, respetable por el inmenso pesar que debe anonadarle, envió á un hijo á estudiar al extranjero y es fama que su instrucción fue suficiente, acabándose de comprobar que su organismo era cabal y equitativo. No era un perseguido perseguidor, como inició algún médico, no era un vesánico, ni siquiera un anómalo; era uno de esos seres de perturbación moral, á los que se califica de malvados, según afirmación terminante del Dr. Maestre, de autoridad positiva en asuntos médico- legales. Es decir, que como criHó M Guillot, abio juez francés: La escuela, que debiera ser un instrumento de civilización, de luz y de progreso, ha permanecicCo estéril, y contra lo que debía esperarse, asistimos al doloroso y singular fenómeno del aumento de criminalidad ¿n los departamentos y en las clases sociales ionde hay menos analfabetos La causa de este grave daño no estriba en la escuela misma, sino que procede de Ja absoluta arencia de educación moral en aquella, y lo que es más triste, en el hogar. Sír John Lubbock, eminente sociólogo inglés, al presidir el primer Congreso de sociología, celebrado en París en 1894, se esforzó en poner de relieve las ventajas que había reportado á Inglaterra la educación verdaderamente moral en la enseñanza popular. M León Bourgeoís, ilustre político francés, decía desde la presidencia del Consejo de ministros: La idea de! bien debe presentarse al niño como el fin de su vida, la superior finalidad hacia la cual debemos encaminarnos, no sólo en las horas solemnes, sino en todo momento, ordenando en tal sentido nuestros pensamientos y acciones. Y afirmaba que la educación moral abarca tres puntos igualmente necesarios: una idea clara del bien, la cultura del sentimiento y de la emoción, la transformación del carácter por el hábito de las buenas acciones. Ahora bien: esa fecunda semilla de virtud y ¿te bondad que despierta en el alma humana el amor hacia el bien con tanta fuerza y tales raíces que gracias á ella puede triunfarse de las rasiones bajas y de los malos deseos, no germina bien sino en el hogar, en el seno de la ami) ia bien organizada, sana, honrada, deTente. La sanidad física es la base de la sanidad moral. Desde la cuna es preciso velar por la integridad perfecta de los órganos todos, educándolos especialmente. Y esta afirmación rotunda, que con benévolo beneplácito de mis oyentes pronucié no hace mucho tiempo, juzgo de interés repetirla aqui. a La higiene moral- -añadía- -informa toda la vida del individuo y de la especie, desde la cuna hasta la decrepitud. Así como todas las religiones que en el mundo han sido, convencidas de la influencia de lo material en lo psíquico, intervienen con sus preceptos en las reglamentaciones más elementales y convenientes para la vida orgánica del ser humano, los anhe os de ¡a moderna higiene son y han de ser reformadores de la educación, encauzando los instintos, fortaleciendo ¡as energías, despertando generosos impulsos en el pensar y en el sentir de los ciudadanos. Para ello, la casa es, oor decirlo así. la célala madre de los oueblos; y la perfecta organización, las disciplinas, leyes I y reglamentaciones deberán incubarse en el hogar. Las naciones vigorosas son grandes familias identificadas en unos mismos anhelos de común engrandecimiento y prosperidad. Cuando entre sus miembros germina el egoísmo ó el desamor, bien pronto surge el odio mortal que todo lo disgrega y todo lo aniquila. No en balde es lema de segura conquista el famoso divide y vfcerás. Ya lo sabéis, padres débiles, que abandonáis á vuestros hijos a la influencia de ciertos elementa sociales que envenenan su espíritu y su cuerpo, que disculpáis la grosería, el impudor, la falta de voluntad, la pereza y la cobardía, sois directamente responsables de los males que nos destruyen y nos avergüenzan. Y vosotras, madres ignorante y vanas, que no sabéis ó no podéis arrancac del corazón de vuestras hijas el orgullo y la ambición, el ansia de aparentar, la sed de lujo y de placeres que convierten los nobles sentimientos en viles sensaciones, tenéis también la mitad de la culpa. Y nosotros todos, que permitimos que el engaño, la calumnia, la traición y el vicio nos rodeen, nos escarnezcan y nos prostituyan, no lloremos los males y los malvados, puesto que no ensalzamos ni amamos al bien y á los buenos. A ser fuertes, á ser nobles, á ser sabios; pero ante todo á reconstituir el hogar, convirtiéndole en vivero de hombres de bien. MANUEL DE TOLOSA LATOUR BANQUETE EN PALACIO noche se celebró en el comedor de gala de Palacio el banquete en honor del elemento oficial español y del archiduque Francisco Fernando, que, además de representar al emperador de Austria en la boda del Rey, ha venido á devolver á D Alfonso la visita que hizo á Francisco José. En la mesa, profusamente adornada confiores naturales, se colocaron io5 cubiertos. Ocuparon los centros S S M M D Alfonso y doña Victoria y S. M la Reina doña Cristina con S. A. la princesa Beatriz de Battenberg. A la izquierda de! Rey estuvieron la princesa Federica de Hannover, el infante D Fernando, la infanta doña Eulalia, el príncipe Leopoldo, la señora de García Prieto, Canales jas, la condesa de Romanones, el general Luque, la duquesa de Santo Mauro, el conde de Romanones, miss Bulteel, Gasset, Montero Ríos y Azcárraga. A la derecha de la Reina Victoria, el archiduque Francisco Fernando, la infanta María Teresa, infante D Carlos, princesa y príncipe Mauricio, señora de Luque, embajador de Austria, señora de Gasset, general Concas, duquesa de Bailen, Beránger, ladv Willain Cecil, duque de Veragua y Pidal. A la izquierda de la Reina doña Cristina el príncipe Alfonso de Baviera, la infanta doña Paz, el infante D. Alfonso de Orleans, duquesa de San Carlos, general López Domínguez, señora de Salvador, García Prieto, duquesa de la Conquista, marqués de Estella, miss Cockrane. Santamaría y condesa de Mirasol. A la derecha de la princesa Beatriz de ia Gran Bretaña, el príncipe Luis Fernando, la infanta doña Isabel, el príncipe Jenaro, la embajadora de Austria, Morct, señora de Concas, cardenal Sancha, duquesa de Mandas y Salvador (D. Amos) Asistieron también ai Danquete el duque de Bailen, el conde de Pie de Concha, el marqués de la Vega de Armijo, Groizard, Catalina, Martínez del Campo, el obispo y el alcalde de Madrid, el marqués de Borja, el general Villar Ruiz Jiménez, el presidente de la Diputación, el director de ia Guardia crvil, el duq k de Medinaceli, el duque de Locera y otras altas personalidades. Los jefes superiores de Palacio ocuparon, según es costumbre, las cabeceras de la mesa. El Rey vestía uniforme de coronel austríaco con la gran cruz de San Esteban de Hungría, y la Reina Victoria elegantísimo traje blanco y magníficas joyas. El archiduque de Austria ostentaba el collar del Toisón de Oro. Al servirse el Champagne el Rey, con voz vibrante y clara, leyó en francés un breve discurso saludando al archiduque Francisco Fernando, dándole las gracias por su visita y haciendo votos fervientes por la prosperidad del I m p e r i o austro- húngaro y del emperador Francisco José y toda su augusta familia. El archiduque heredero de Austria, en francés también, leyó un afectuosísimo discurso, recordando en él la tradicional amistad entre España y Austria, los estrechos vínculos de parentesco que unen á las familias reinantes en ambos países, y dio las gracias por el recibimiento, cordial en alto grado, que se le había dispensado. Terminó deseando todo linaje de venturas a los Reyes de España y su augusta familia y la gloriosa nación española. Tanto el brindis de D Alfonso como ei del archiduque de Austria, revistieron tonos de gran afecto, y dentro de los límites que el protocolo prescribe, fueron una elocuente demostración de cariño y simpatía. En ninguno de ellos se aludió en lo más mi nimo á ningún acontecimiento político ni de actualidad. A las once y cuarto salieron de Palacio los últimos invitados FIESTAS REALES O a r r i o de Alfonso X 11I. Hoy se inaugurará la barriada de Alfonso XI de casas para obreros, proyectada por el Sr. Vassallo y emplazada en ia carretela de Extremadura. La casa concluida y encargada por el Ayuntamiento al Sr. Vassallo cuesta 3.5oo pesetas. Será entregada con su ajuar correspondiente á la familia del guardia municipal que se halla gravemente herido por consecuencia de la explosión de la bomba de la calle Mayor. La Alcaldía- presidencia ha creído más ace tado pasar el sueldo íntegro á la viuda del infeliz guardia Oviedo á modo de pensión vitalicia, y donar la casa de referencia al compañero herido, por no tener hijos la viuda de aquél C uspensión de la batalla. Por causa de la lluvia que comenzó á caer á las tres y media, se suspendió ayer tarde la batalla de flores en el Parque de Madrid. Se celebrará mañana á la hora anunciada para ayer. Pero como los encargados de recoger los billetes en las puertas de entrada al Parque no tuvieron la precaución- -dada la posibilidad de que la fiesta se suspendiese- -de dejar parte del billete al público, se encontró éste, al saber la suspensión, con que había tirado su dinero. En la puerta de Madrid se produjo, con tal motivo, algún alboroto, porque varias personas reclamaban la devolución del dinero ó un comprobante que justificase el pago del billete para poder entrar el día de la fiesta. Varios inspectores de policía urbana que acudieron, manifestaron que no podían hacer nada. ¿No pudieron tampoco tomar nota de los reclamantes para que en tiempo oportuno se les facilitase otros billetes? Porque esto es lo que hizo el guardia municipal núm. 198 co -unos turistas ingleses que con justa razón reclamaban la entrega de su billete ó el importe. f