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B C MíEKLüLES 6 DE) UHVj Una casa de Ls of. icuLs poi e! Si. V. issalio, será entregada, con ÍU ajuar correspondiente, á la viuda del gtiaidia municipal muerto en la catástrofe de la calle Mayor. Al acto asistirán S S M M el arzobispo, obispo de Madrid- Alcalá, el alcalde y otras varias entidades y personalidades. El ajuar de la casa ha sido costeado poc suscripción entre vanos concejales. ¡j I I PE Q r 6. PAG. 6. EDICIÓN indómitas, tan amantes de la vida libre, han sido ya domesticadas y desde los linderos de los caminos, desde la vida azarosa, han pasado a! légalo seguro de los jardines y de los huertos. ¿No le ha sucedido esto á nuestro amigo el caprichoso y arriscado tomillo? El que crece en los huettos, ¿no se llama salsero y no ha sido capturado y llevado allí por los astutos y crueles hortelanos para que sazone nuestros guisos y salsas? ¿Y no le ocurre también lo propio á estos pomposos y estrepitosos ababoles ó amapolas que vemos asomarse picarescamente, sonuendo, poi entre las pinas y sentimentales espigas? ¿No han sido también cazados los ababoles; no les hemos convencido de que ellos no deben llevar esta vida azarosa y de perdición que llevan en los trigos, y no los hemos con 1 d piar cíe los pájaros en los olmos tupidos y lotundos; ó e! cantal a la mañana de los gallos, o la tocata melodiosa con que el amigo cuco, aposentado en su olivo, nos regala durante las claras noches? ¿Qué podremos referir nos (otros que interese á un parlamentario, á un I gobernador ó exgobernador civil, á un sociólogo ó á un articulista de fondo? Nuestra vid? es discreta y sencilla. Nos levantamos por la mañana cuando el so! aparece; los más pequeños ruidos del campo adquieren á esta hoia Datalla de flores. una sonoridad extraordinaria; si desde una El jurado de admisión de coches y carro- loma ó un altozano escuchamos el traqueteo de zas para el concurso de la batalla de flores que un carro que pasa por el lejano caminejo ó la se celebrará hoy á las seis de la tarde, estará canción de un labriego que ara en una remotísima haza, parece que este ruido y esta cancompuesto por los Sres. D. Félix Borre! D Marceliano Santamaría, D. Francisco Al- ción aletean, vibran, revuelan en el aire, allí, 4 Ti. fe. JMVM í. L Í E A BENDICIÓN DE 1 NUEVO CFMENTtRIO, CONSTRUÍDO POR EL AYUNTAMIENTO DE AQUEL! A. CUIDAD, LLENANEO AS Í UNA NECESIDAD IMPERIOSA, PUES SE O BA TI CASO DJ 5 SEPULTARSE ANTES LOS CADA. VERES EN G 1 BRALTA DE CUYA PLA 2 DISTA LA LINEA 7OO METROS cántara, y en representación de! Ayuntamiento, el Sr. Martin. El Jurado para adjudicación de premios lo foimarán los señoies antes citados, y además los Sres. Benlliure, Villegas, Mélida, Urioste, Salaberry, Rodrigáñez, Núñez Granes, duques de Arévalo y de Montellano, Gascón, conde de Alpuente, Díaz Agero, Prats, conde de Mejorada y Suárez Inclán. EN LA MONTAÑA ué vamos á decir nosotros que merezca ser publicado? ¿Qué vamos á decir nosotros metidos entre montañas, en esta casa ancha y silenciosa, donde las horas transcurren lentas, lentas, y donde sólo oímos el zumbido de un buen moscardón que entra, revuela un momento, mira las paredes blancas, las viejas litografías y después se marcha indiferente; ó Q cerca de nosotros, como algo vivo y cristalino. Nosotros tomamos nuestro bastón, nuestro catalejo, y nos marchamos á los picachos y recuestos. Ya en el camino saludamos á estas florecillas silvestres que nadie quiere y que viven y perduran, á pesar de todo, en lab lindes, en los ribazos, en las anfractuosidades, en medio de las viñas y de los trigales; unas tienen unas campanillas losad. s ó blancas, como el convuívulus aruensh ó el septum, y parece que nos miran con la ingenuidad de los niños cuando nos ven pasar; otras, como la matricaria, poseen un botón de oro orlado de unos pétalos de nieve, y dilíase que- -si somos enamorados ó supersticiosos- -ellas están dispuestas á hacer por nosotios el sacrificio de sus pétalos, para que sepamos si allá en la lejana ciudad, un ser querido que hemos dejado piensa ó no en nosotros. Saludamos nosotros á todas estas flores; es nuestro primer saludo de la mpñana. Algunas de estas floiecillas salvajes. ducido á nuestros jardines, donde los hemos hecho lucir mas y mejor? A! lado de las flores, al pie de las plantas ó entre ellas, vemos á otros amigos nuestios: los insectos. También los saludamos con efusión. Os diremos que no hay compañeros más cordiales, más íntimos, que los insectos y las flores. Muchas de las flores que nosotros vemos, infinitas flores, hubieran ya desaparecido totalmente sin los insectos; los insectos. á su vez, han ido modificándose á lo largo del tiempo en sus patss ó en su trompa gracias á las flores. Los insectos fecundan k las flores llevando en sus tarsos el polen de una paite á oíta; las flores van modificando y haciendo más hermosos sus colores, van haciendo más peneti antes sus perfumes, para que de este modo los insectos acudan más á ellas. Y a través de siglos y de siglos las flores que más arte se dan para atraer los insectos son las más hermosas, las más selectas y las q e mejor perpetúan su raza ¿No nos