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A B C MARTES 5 DE JUNIO DE 1906. PAG. 4. EDICIÓN i. t A HERMOSURA EL BAILE DE DE LA REINA FERNAN- NUÑEZ üanto más se vea S. M la Reina Victoria más se admira su belleza, que no es de aquellas que catisan impresión y se olvidan fácilmente, sino de aquellas en las que cada vez se descubren nuevos atractivos Cuando bajó del tren en el apeadero de El Plantío exclamaron unánimemente los que la veían por vez primera: E s mejor, mucho mejor que sus retratos. y así es, en efecto; hay en su sonrisa, en su mirada, en el matiz delicadísimo de su tipo, en el tono áureo de sus Cabellos, mucho que no puede reproducir la fotografía y que le ha de ser dificilísimo copiar al pincel, aunque le maneje un maestro. El día de la boda tenía su belleza un tinte de candor, de inocencia, que subyugaba; la refulgeiité diadema, el rico velo blanco, la corona de azahar, iban colocadas sobre la cabeza de una niña que va á hacer su primera comunión, más que sobre la frente de una joven que va á casarse. N o puede darse imagen más completa de la dicha que la de aquella Princesa que, entre su jpadre y su madrina, -iba al tgmplo á unirse para siempre con el que reinaba en su alma. La bendición nupcial cayó sobre su encantadora cabeza; recibió el abrazo y las caricias de su madre que se despedía emocionada de su hija soltera; salió del templo é iba ya en la carroza de gala con su esposo, con el que ha de ser su compañero toda la vida, y ya entonces la niña tenía aspecto de mujer feliz. Sus primeros saludos de Reina, contestando á las aclamaciones del pueblo, eran encantadores y no tenían nada de la frialdad de la etiqueta, y revelaban la ventura que desbordaba su alma. Sucedió luego la terrible tragedia; vio de cerca, no su muerte, sino Ja del ser quei ido; sus galas nupciales se salpicaron con sangre, y la niña y la joven desaparecían para dejar lugar á la mujer valerosa que dice á su marido: ¡Quiero ser digna de ti! Y serena y animosa, cruzó los charcos- Je sangre y la atmósfera densa del humo- Je los explosivos, para cambiar de ca. -ruaje, sin que se notase en ella el menor abatimiento. Fué su primer acto de mujer y de Reina. Su bautismo de sangre, como dijo con gran exactitud su augusto esposo. Y el día en que fué á los toros con la: mantilla blanca prendida con claveles amarillos y rojos, su hermosura ya tenía otro aspecto, y ya la Reina nos pareda más nuestra, como si la conociéramos de más tiempo, como si hubiera vivido siempre entre nosotros. Soberanamente hermosa estuvo en la fecepción de Palacio, y el domingo por la mañana en la capilla, y por la noche en el Teatro Real, y ayer en la revista. Y ya no es la novedad que impresiona, sino el triunfo sancionado, el mérito por todos reconocido, ló que queda permanente: que la nueva Soberana es hermosa y es buena. UN M A D R I L E Ñ O P atece éste el título de un capítulo de novela clásica, en e) cual se han de describir las magnificencias del primitivo palacio y ensalzar la hermosura de las damas que figuraron en una corte pasada. E n realidad, los títulos de la mayor parte d e fas personas que acudieron ayer al palacio de Cervellón, son los mismos q u e llevados p o r ilustres antepasados, tanto brrüo dieron á España. Anoche, después de los años q u e han p e r manecido clausurados, se abrieron nuevamente aquellos salones, que encierran tantas riquezas artísticas como r e c u e r d o s A la hora anunciada, es decir, á las diez, comenzaron á llegar los invitados, que eran en su mayor p a r t e los Príncipes, sus séquitos y los grandes de E s p a ñ a La escalera de mármol que hay á la derecha del zaguán, así como su balaustrada y los frisos estaba tapizada de flores, entre las que predominaban los claveles de colores varios; b o r deando los blancos escalones había palmeras enanas. El primer salón, al que tienen acceso los invitados, es uno p e q u e ñ o L o i retratos del d u que, de la duquesa y de todos aquellos que llevaron los títulos de lá casa, penden sobre sus m u r o s Sigue el salón de baile, t o d o tapizado de raso amarillo: es una preciosidad; en él la luz es más intensa que en los demás salones, con estar éstos espléndidamente iluminados y toda esta luz se acentúa p o r el brillo del o r o que le decora, p o r las gigantes lunas de los frentes y p o r el irisado rebrillar de los pequeños prismas de cristal de las tres magníficas arañas que penden del techo. Las beldades que ocupan el salón, estas juveniles caras que sonríen siempre, son digno cortejo de la joven Reina, en cuyo h o n o r se da la fiesta. Luego, se admiran los distintos cuadros que avaloran 1 decorado del salón de billar y más especialmente los que hay en la galería que 1 separa del salón de baile, y la serré está también adornada con flores y plantas. Los dos comedores del palacio son dignos de mención, pero muy especialmente el comed o r g r a n d e donde los tapices que cubren las paredes son de inapreciable valor. T o d o s ellos son bodegones, pero tan bien hechos, con tal arte ejecutada su tramazón, que las frutas y flores que representan n o serían más hermosas siendo verdaderas; en él hay, dando frente á la puerta del saloncíto amarillo que le pone en comunicación con e! salón de baile, una gran chimenea de mármol blanco, sobre la cual se enseñorean hermosos jarrones de Sevres. E n éste y en el comedor pequeño se sirvió el buffet. E n la gran gaiería antes citada hay hermosas obras pictóricas y escultóricas, ejecutadas p o r antiguos maestros y modernos artistas. E n t r e las esculturas hay un g r u p o en mármol representando en la dichosa edad infantil, en esa venturosa edad en que las pasiones no nos atormentan mortificando nuestro sentir con nuestro pensar, á la última duquesa de Alba, al duque de Atontellano y al marqués de la M i n a que, p o r cierto, para conmemorar el día de hoy ha donado mil pesetas á las victimas del atentado y á sus familias. También en una artística vitrina que hay en esta galería que describimos, se guarda la montura completa del caballo de M a h o m e d cuand o en 133o hizo su entrada con exiguo númer o de hombres en Castro del R í o P o c o más tarde de las diez y medía hicieron su entrada en los salones def palacio de Cervellón las Reales personas, que eran esperadas al pie de la escalera p o r ¡a duquesa de F e r n á n Núñez V p o r los marqueses de la M i n a un r u- mor intenso, un elaro murmullo de simpática alegría se extendió entre los invitados al penet r a r en el salón de baile los Reyes A las doce. Ja Real familia, seguida de los Príncipes, se trasladó, descendiendo p o r la valiosa escalera de nogal al comedor, donde se les sirvió Ja cena, especialmente dispuesta para la eorte. Después a e pasar p o r la habitación de estilo árabe que hay en el piso bajo del palacio, atravesaron las personas Reales el jardín fantásticamente iluminado con bombillas de luz eléctrica. Las inmensas palmeras estaban rodeadas en su troncó p o r una espiral de luz; el pequeño surtidor, ensortijado también con un aro lunainoso; la fuente. de piedra, cubierta totalmente p o r luces de colores diversos, y finalmente, la pehusse estaba festoneada, digámoslo así, cotí una interminable cinta de luces, que siguiendo sus curvas pronunciadas ó ligeras, separaba el verde tapiz de la esterilla blanca conque estaba oculto el enarenado suelo. Lá galería de plantas que abre sobre el jardín, era la q u e convertida en regio comedor, ofrecía también tm admirable efecto p o r la variedad de los uniformes extranjeros, p o r la gentil hermosura de las Princesas, vestidas con ricas telas de tonos delicados y p o r el rebrillar continuo de las joyas de éstas y las condecora cienes de aquéllas. S S M M Jos Reyes D Alfonso y doña Victoria ocuparon las cabeceras de la mesa real, sentanílo el Rey á su derecha á S M la Reina madre, á su izquierda á Ja princesa de Galéí y ocupando la derecha de la Reina V i c toria el príncipe de Gales y á su izquierda el archiduque de Austria; en esta mesa tomaron asiento también el príncipe de P o r t u g a l el infante Luis F e r n a n d o de Baviera, el príncipe de Suecia, la duquesa de Genova, la duquesa de Sajonia C o b u r g o Gotha, la princesa Beatriz de la G r a n Bretaña, el gran duque W! adimiro, el príncipe de Bélgica, el duque de Sotomayor, el príncipe de Grecia, e! duqu de Genova y los marqueses de la M i n a L o s demás comensales cenaron en mesitas de o c h o y de cuatro cubiertos. F u é una fiesta la de anoche digna de Reyes, más aún, fué una fiesta digna de una Reina como la Reina Victoria, en que ¡a juventud, la belleza, la bondad y la elegancia forman un conjunt o tan encantador que parece nacido para estar siempre rodeada de amor, de flores, de alegría y de luz Lá Reina vestía primoroso traje blanco b o r dado en o r o sobre viso azul. E n su cabeza lucía la diadema de brillantes regalo del Rey y en el cuello un rico collar de gruesas perlas. S M el Rey vestía uniforme de capitán general con pantalón y levita de infantería del regimiento del Rey núm. j Recibieron á las augustas personas! a ilusti- e duquesa de Fernán- Núñez y sus hijos los marqueses de la M i n a E n el rigodón de honor bailaron: S u M a jestad la Reina, con el marqués de la M i n a y la duquesa de F e r n á n- N ú ñ e z con S M el Rey. A la una se retiró la Real familia, y poco después terminaba la magnífica fiesta. NÉSTOR Dos víctimas de un suicidio p n la caüe de A tontserrat, núm. 24, atentó contra su vida, disparándose dos tiros en la cabeza, Francisco López y López, de veintinueve años de e d a d E n el piso principal, inmediato al que ocupaba e! suicida, habitaba una señora de cincuenta y seis años, llamada doña Isabel Díaz, que padecía unn afección cardíaca Tal impresión la produjo el estampido de los disparos, que ia desdichada señora falleció en el acto