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B C LUNES 4 DE MAYO DE too 6. -PAG. 9 EDICIÓN DESPUÉS DEL ATENTADO EN EL VENTORRO DE LOS JARAÍCES on objeto de poder informar detalladamen te á nuestros lectores del trágicofinque el autor del atentado del jueves 3) ha tenido tn Torrejón de Ardoz, estuvo ayer tarde en dicho pueblo uno de nuestros redactores, conducido galantemente por el distinguido sporst wan D Gabriel Asíns en su automóvil. Las escenas culminantes del drama no se desarrollaron precisamente en Torrejón, sino en el Ventorro de los Jaraíces, que tal es el auténtico y completo titulo de la venta donde fue á parar el sábado Mateo Moral. Está situado dicho ventorro á dos Kilómetros de Torrejón de Ardoz, en la carretera de Ajalv r á Fxtremera, enfrente de la finca Los Jaraíces, propiedad de la duquesa de Sevillano, y á su derecha y separándole el río Henares, está el Soto de Aldovea del Sr. Suárez Valdés. El paisaje es sumamente pintoresco. Los campos, sembrados de cebada con espigas frescas, verdes y crecidas, se ven coloreados por tos puntitos rojos de las amapolas El ventorro, aislado, es un pequeño edificio oe un solo piso, con sólo tres habitaciones: una central para el despacho del público y otras los donde se alojan sus propietarios. A la izquierda, y á unos dos metros de diseia, hay una pequeña cuadra, donde tiene alSergue una muía propiedad del ventero. El dueño del ventorro es un extremeño muy simpático, de unos cuarenta años, llamado Jenaro Chamorro Méndez. Su mujer, de algunos años menos, baja, gruesa, de aspecto inteligente y fácil palabra. e llama Fermina Treissaz. Es de familia francesa. pero nació en Loeches, á ocho kilómetros de Torrejón, Ambos esposos están todavía sobreexcita dos, como influidos por la terrible tragedia, en a que jugaron tan principal papel. -Cuando el sábado á las seis menos cuarto de la tarde- -nos dijo Fermina, -se presentó aquí ese criminal, estaba yo sola en el ventorro. Después de dar las buenas tardes, me preguntó si le podía dar algo de comer, á lo que contesté que rrte dijese lo que quería. -Hágame usted una tortilla á la francesa de tres huevos, y déme además un pedazo de bacalao frito- -me respondió. Le serví lo que me pedía, un panecillo y un cuartilllo de vino, y se puso á comer fuera, en ste poyo, dijo la ventera. ¡En cuanto le vi, señorito, me dio un vuelco el corazón. Aquel hombre se me figuró en seguida el anarquista de que hablaban los papeles de Madrid! Lo primero que me preguntó fue si era verdad que la Guardia civil perseguía á los catatanes al tomar los trenes. Añadió que pensaba dirigirse á Zaragoza y que era catalán. Vinieron después el Sr. Reyes, su esposa y otra señora, y pude decirles mis sospechas, que ellos confirmaron, por lo cual avisé á mi esposo que estaba á alguna distancia de casa, y e comuniqué mis temores. Al regresar empezamos á hablar del atentado, y como yo dijese: al salvaje que hizo eso había que retorcerle las carnes con pinzas, Mateo Moral, que estaba ya visiblemente emocionado, se puso tan nervioso que todos conocimos tu turbación. Vino el guarda Alfonso Vega y tomó parte ¿n la conversación. Entre otras frases recuerdo que pronunció la siguiente: A todo el que lleve los dedos heridos habría que prenderle. E DICE LA L O Q UVENTERA día claro, á las siete y media, cuando regresa ban del trabajo los obreros del Soto de Aldovea. El anarquista que llevaoa dos dedos vendaLa primera peisona que acudió al lado de dos, se levantó bruscamente y dijo mientras- se los cadáveres fue un peón caminero llamado quitaba los trapos que los envolvían: Eso es Fiancisco. una barbaridad, porque se puede tener herido Según este, el criminal vivió un cuarto de algún dedo, como yo, y ser inocente! s hora después de pegarse el tiro. Cuando se El Sr. Reyes se despidió marchándose con acercó a él, no pudo contener su indignación su señora y la amiga de ésta. y gritó: ¡Perro! Canalla! ¡Asesino! ¡Has maAl verlos alejarse, Moral me preguntó: tado á otro inocente! Y el anarquista agoni ¿Van á la estación? Sí; hacia Madrid le zante entonces, dando patente prueba de su naturaleza sanguinaria, hizo un esfuerzo para respondí. En seguida me dijo que si podría ir él si- coger la pistola de que se habíi valido para suiguiendo el curso del río á Alcalá de Henares. cidarse, y aunque sin tener el arma cogida, esEn esto vinieron mi marido y otros dos tiró el brazo como apuntando, mientras hacia una mueca horrible, que le daba un aspecto si hombres y todos empezaron á hablar niestro y ios ojos giraban en sus órbitas... El catalán les ofreció vino y ellos tomaron una copa y dos ó tres el guarda Alfonso Vega, Luego, el br, azo, inerte, cayó pesadamente á quien el criminal se las sirvió con su propia sobre el suelo, quedando rígido, amenazador... jarra. Estando ya en camino con la pareja de la Mi marido, convencido ya de quién se tra- Guardia civil de Torrejón, supo Jenaro Chataba, dijo que iba á herrar la muía y se dirigió morro la noticia del asesinato del guarda y de! á Torrejón á avisar á la pareja de la Guardia suicidio del asesino. civil. ONDE CAYERON LOS El del guarYo no dejaba de mirarte y 10 que mas me CADAVERES da Vega cayó chocaba eran sus manosJílancas y finas, á pesar á unos ochenta metros del ventorro, al lado de de que nos había dicho que era fogonero. un montón de grava de la carretera. También me llamaba la atención su ti aje de Sobre las manchas obscuras de su sangre lienzo azul recién estrenado y las alpargatas aún no borradas, vimos ayer una cruz marcada muy nuevas también. Cubría su cabeza con con piedras, por piadosas manos. una gorra de sarga negra, con visera de charol. Internándose en un sembrado y á unos Al observar él que yo le miraba la ropa Veinte pasos de distancia se suicidó el fero? clavó en mi sus ojos, unos ojos muy grandes, anarquista, y en un espacio de más de echo hundidos y brillantes, y su mirada me hacía metros las espigas están tronchadas por los tal efecto que sentía escalofríos. curiosos y autoridades que rodearon al cada- El guarda Vega estuvo leyendo en al, ta voz ver desde los primeros momentos. lo que decían los periódicos de Madrid sobre el atentado, y el anarquista al oírle se azoró muchísimo. Marchó el guarda al soto donde tiene su C L CADÁVER En el primer tren de caseta, volvió de allí en seguida, y estando EN MADRID mercancías que pasaba en pie, dijo de pronto al supuesto fogonero: ¿Usted tendrá inconveniente en venir con- por Torrejón fue conducido ayer á Madrid el migo á Torrejón para prestar una declaración? cadáver del infame Mateo Moral, que deffde la estación del Mediodía fue trasladado al de Ninguno le contestó Moral, guardándose pósito del hospital clínico de! Buen Suceso el pañuelo, pan y queso en el bolsillo. Y me preguntó: ¿Debo algo más? á lo que le con- 1 A 1 DENTI- Llamados por el juez ins FlCAC ON tructor se presentaron en testé que no, pues ya me había pagado el gasto. El guarda y el detenido invitaron á los dos dicho sitio la esposa del dueño de la casa de hombres que aquí estaban á que les acompa- huéspedes donde cometió su espantoso crimen el anarquista y uno de los huéspedes de la ñaran. Ahora iremos, contestaron, vamos a aca- casa. El cadáver naBia sido colocado en posición bar estas copas. 1 Echaron á andar muy deprisa los otros dos, vertical, y al verle la señora de Cuesta le recoy nosotros nos quedamos comentando la conduc- noció inmediatamente y sufrió un fuerte síncope, motivado por el horror que Je produjo la ta temeraria del guarda Alonso. Apenas habrían transcurrido cuatro minutos vista del criminal. Le reconocieron también un nuespea de! oímos una detonación, no muy- fuerte. Hotel Iberia, donde estuvo unos dus el asesi- ¡Pobrecito, dije, ya le ha matado! Y a volver la cabeza vi, á unos cien pasos no y otras varías pernosas. de aquí, el cuerpo del guarda tendido al lado r ECLARAC! ONES. El Juzgado espederecho de la carretera. cial designado para instruir el proceso El asesino echó á correr, metiéndose en el campo; vimos que se apuntaba en el pecho con por la explosión del día 31, practicó ayer algunas diligencias. una pistola, vaciló dos ó tres pasos y cayó. Una de ellas fue recibir declaración del seO QUE DICE EL Jejiaro Chamorro, ñor Ribed, que, como ya se ha dicho, hizo el VENTERO dueño del ventorro viaje con el anarquista. Manifestó el testigo que ej día ao era grande los Jaraíces, me confirmó en un todo el interesante relato de su mujer, añadiendo que dísima la aglomeración de personas en la estar ni él ni ella habían hablado con ningún perio- ción del apeadero de Gracia, á cauaa de la g an afluencia de viajeros que salían de la fiesta- ie dista. Sólo discutía que á él le dijo el criminal la solidaridad. Hubo precisión de añadir al tren algunos que venía de Cobeña; de una fábrica, adonde había ido á buscar trabajo, y que pensaba ir á vagones, y en uno de líos montó el Sr. Ribed con el anarquista. Barcelona, no á Zaragoza. Fueron completamente sofos en su departaObservó su turbación sus rasgos iguaies a los que publicaban los periódicos del anarquis- mentó hasta llegar á Sigüenza, donde monte ta que se buscaba, y sobre todo el bigote, re- otro caballero llamado Sr. Peñalva. Con la llegada de este tercer viajero la con cortado desigualmente. Nos dijo que el guarda muerto era hombre versación, que hasta entonces se había reducidt de valor probado, alto, fuerte y que había sido á hablar de cosas corrientes, sin puntualizarse gastador de un regimiento de Ingenieros de en materia alguna determinada, vino á recael en política. Zaragoza. Entonces el anarquista mostróse con matea El desenlace de la tragedia tuvo lugar de D EN MADRID L