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AÑO CUATRO. NUM. 5o8. CRONICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. u. u. ¿MADRID, 4 DE JUNIO DE 1906. SÜELNUMERO TO, 5 CÉNTIMOS tes del pueblo eran ayer las más indignadas. Ni el iluso más extravagante y malvado hallará en la p rsoríalidad del asesino de Fructuoso Vega algo que pueda servir para la insana sugestión que en esa esfera se pretende y practica asegurar, i Repugnancia- eterna, preparada por él mismo, será lo que inspire su memoria! Y si la Prensa, después de haber llenado los primeros elementales deberes de información sobre lo que á Mateo Moi al Roca se refiere, no da realce alguno á su odiosa figura histórica, rebuscando según se ha hecho torpemente en otras pcasiones detalles de la misma, y poniéndolo un día y otro ante la imaginación dé Jos lectores, de igual suerte j e el crimen no ha alcanzado la finalidad perseguida ni otros resultados que los de lesa hwrra nidad, el ejemplo no servirá de estimula é incentivo á otros análogos dementes. jCon sólo conseguir esto, se habría logrado mucho! ¡Y tan alto objeto no demanda extremados sacriñc Ofe! ¡Bastará con un poco de buena voluntad! MANUEL TROYANO CRÓNICA POLÍTICA E L SUICIDIO DEL Ej. sentimiento ASESINO colectivo de justicia no ha quedado bastante satisfecho con el castigo, que á sí propio se ha impuesto el criminal autor de la catástrofe de la calle Mayor. La vida de un malvado, cortada momentáneamente con un rasgo de desesperación, no podía pagar ía de tantas inocentes víctimas. La gran masa social habría preferido á pena tan inmediata que ei feroz anarquista, encerrado en un calabozo, donde se hubiera dado clara cuenta del daño producido y de la ineficacia del atentado para alcanzar. el perseguido objeto; hubiera visto su sueño turbado por la imagen de los infelices, que perecieron bajo su traidor instrumento de destrucción, y hubiera, á impulso de los remordimientos, confesado todo ei proceso de su delito y decía í adó quizá quiénes habían sido sus cómplices, y desde donde en fin hubiera ido á encontrar la muerte revestida con todos los horrores del cadalso. Mas, mirado el hecho con aquella sangre fría, que es la mejor arma para combatir lossíniestros propósitos del anarquismo, habrá que reconocer que Ja sanción expeditiva, puesta por el feroz asesino á su maldad, es lo mejor que, para el efecto político y social, podía ocurrir. Por muy i- ápído que se hubiera desarrollado el proceso, aun bajo un tribunal militar, habría caminado con relativáHentitud, si como era natural, alguna luz, que alumbrara su obscuro fondo, se quería sacar de él. En ese tienpo los anarquistas de todo los países habrían forjado una leyenda al asesino; se habrían revuelto los posos de prevenciones y preocupaciones, que contra nuestra nación que tanto se agitaron con motivo de Monjuich y de Alcalá del Valle; el espectro de la inquisición, que, á los ojos del vulgo europeo, bate aún sus alas sobre la Península española habría sido evocado una vez más, y se hubiera tratado de hacer del Criminal un mártir ante la imaginación de los sectarios de sus ideas, y de prepararle un fanático vengador. Ninguno de esos peligros probables existe ya. Al hacerse justicia por su propia mano, Vlateo Moral Roca, ó como se llamara, ha roto cuantos materiales pudierorí utilizar sus vesánicos y tenaces correligionarios para tejerle una falsa corona. Su último crimen, la muerte. del infeliz guarda jurado le dará eternamente en ¡a conciencia del pueblo, de todos los pueblos indeleble carácter de, bestia feroz, que hace por instinto la carnicería. Porque resuelto á matarse él, ¿para qué asesinar á un infeliz proletario, amparo y sostén de una familia? Las gen- pero todo ello fue una bromita más de cielo. La corrida de toros aburrió bastante á los señores de la Plaza. Son muchos 3o toros en cuatro días. Así ó más elocuentemente se lo diría ayer á la empresa la taquilla, enferma de empacho de papel. Por la noche siguieron las iluminaciones cautivando la atención de la gente forastera que aún queda por losMadriles. La función regia celebrada en el Reals magnífica. ¡Lástima que cuadro tan brillante sólo puedan contemplarle pocas y privilegiadas ciases de l- a. sociedad! AEMECE DE ur, MADRID AL DÍA l a noticia de haber sido conducido á Madrid el cadáver del anarquista autor del infame atentado de la calle Alayor, fue el acontecimiento del día. Todo el mundo hubiera querido verle, pero vivo para haberle hecho ver su indignación. ¡Justicia hecha! No se la hizo él menos de la que le esperaka, ni con cogerle vivo hubiera podido devolverse la vida á las infelices víctimas ni de repararse los quebrantos grandes causados á Madrid. La gente se ha marchado aterrorizada y aún palpita en el ambiente la impresión producida por el nefando crimen. La tranquilidad debe renacer. Madrid la necesita. La magnitud del acontecimiento y sus efectos lian tapado muchas cosas que el paciente ha sufrido resignado. Las iluminaciones han privado al centro de Madrid, durante la noche, de servicio de tranvías, y esa. medida ha sido injustificada y ha merecido la censura unánime de todo el mundo. Los cocheros de punto han hecho! o que les ha venido en gana. Han abusado del público, negándose unas veces á- hacer los servicios que no Íes convenía y cobrando otras ¡o que han. querido. Se han puesto por montera á 1 a autoridad y la autoridad se ha cruzado de brazos. Hora es ya de que se restablezca la normalidad y de que los vecinos de Madrid respiremos, ya que I ti mpo abusa también todo lo que puede Por la tarúe hubo amago de tormenta; fov que no esles en vili querida Rufa, pa escribirte olra carta tomo la pluma... Pa que tú veas que tu marido, F ico, de ti se acuerda! Sigo perfectamente güeno, á Dios grscia y á pesar de los sustos no tengo nada... Digo, sí, tengo de andar por todas partes los pies dí- shechos. Como quiero ver todas las diversiones y pa uno soio nunca se encuentra un coche pus voy á pata... ¡Si vias tú de qué modo las tengo darabas! Como las fiestas, dicen son populares, pus claco esta que todas son en la caite... Las otras fiestas son pa los seíiorones, con papeleta. Junto al Paiscio estuv ¿con mucha gente, contemplando á los que iban á ver los Reyes... y fu! á ia puerta del teatro Rial... ¡que es prande, más que la iglesia! ¡Cuánta gente qu entiab? toda la noche... Qué rUido que metían los otromóvilesl Y ciué señoras con plumas, con collares y con coronas!