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ABC. VIERNES J. DE JUNIO DE 1906. PAG. EDICIÓN 1. PROGRAMA PARA HOY Por la noche. A las ocho, banquete en Palacio en honor de tos Príncipes extranjeros, embajadores, y jefes de las misiones extraordinarias. De uniforme de gran gala; tas señoras, de vestido escotado, con banda. Jt las nueve, iluminaciones, bailes populares en todos los barrios de Madrid y en tos mismos sitios que anoche se quemarán vistosos fuegos artificiales, tomando parte tos orfeones y rondallas J tas nueve y media, recepción en eljfeal palacio de los séquitos de las Príncipes extranjeros y del personal de las Embajadas y misiones extraordinarias. De uniformes de gran gala. un bajonazo, levándose Antonio el estoque. hijos de Alonso son merecidísimas. El publico premió sus delicados trabajos con nutridos En baaderillas, superior. Bombita fue el héroe de la tarde. Una brega aplausos, al que unimos el nuestro. lucidísima, dos pinchazos recibiendo, otro á volapié y una delantera en la misma suerte empleó con eí segundo bicho. (Muchas palmas. Con el quintó ejecutó una faena de muleta inmejorable para dos medias estocadas bien dirigidas, citando á recibir. Sacó el estoque, le corrió por el cerviquíllo y descabelló á la primera. (Ovación grande y merecida. CLÍNICA DEL DR. GONZÁLEZ OSSORIO, CONSULTA DIARIA, DE i á 4. Banderilleó á este toro con dos y medios ECONÓMICAS PARA LOS OBREROS, DE 7 á 8. pares muy buenos. Maebaqutto en el tercero se metió literalmenARGENSOLA, 19, PRAL DCHA. MADRID te ea Tos pitones al torear de muleta, y tras un buen pinchazo se acostó en el morrillo al dar El mejor calzado, Plaza de Bilbao, 11 un volapié inmenso. Gran oración. Mató al sexto de una superior, después de una faena de valiente. Ovación al tío de los hígados. DON SILVER 1O BE LIS US URINARIAS TOROS or exceso de original nos vemos precisados, á dar una breve reseña de la corrida extraordinaria celebrada ayer tarde. Los dos novillos de Bíencinto fueron rejoneados admirablemente por los portugueses, D Manueí y D José Casimiro. Los seis saltillos, de estos cinco bravos y nobles, tomaron s 3 varas, dieron 18 caídas á los montados y mataron cinco caballos. El último bicho fue quemado por manso. Fuentes realizó con su primer enemigo una faena muy movida para media estocada en lo alto. (Palmas. En el cuarto toreó cerca y valiente, y al enJendrar el viaje se arrancó el toro, resultando P OCASIÓN Se vende un lando de cinco luces, en buen estado. Razón: calle de Zorrilla, núm. a 5, cochera. Interesa átosfotógrafos NOTICIAS noche tuvimos et gusto de presenciar la velada de fuegos artificiales celebrada en la Puerta de Atocha, y cuantas alabanzas se prodiguen á los pirotécnicos palentinos señores A Con motivo de las fiestas Reates, admitiremos las fotografías que nos envíen los profesionales y aficionados, pagando 10 pesetas por cada una de las que se publiquen. Las pruebas en papel deberán entregarse antes de las siete de la tarde deí día en que ocurran los asuntos fotografiados. jQP BIBLIOTECA DE A B C SAMUNCHO l í loridos y quejándose al retorcerse y romperse sus ramas, no notaba á su alrededor más que un solemne silencio. Ya no oía ni aun con el oído atento el soplar zrrollador del ventarrón del oeste, ni el conmoverse de toda la Naturaleza atormentada, herida en las tinieblas. N o no escuchaba más que un ruido lejano, regular, potente, continuo y formidable: el rugir de las aguas en el fondo dei golfo de Vizcaya, que desde sus orígenes y sin descansa está revuelto y alborotado. Escuchábase un. rugido rítmico, como la respiración del Océano en el sueño, una serie de golpes poderosos que semejaban el chocar de un ariete en la muralla, continuados, incesantes: la música de las olas reventando en las peñas... Pero eí aire, los árboles, todo cuanto á Ramuncho rodeaba manteníase inmóvil; la tempestad había pasado sin causa razonable, como comenzara, y únicamente el mar daba al aire su queja dolorosa. Para mirar esta región, la costa de España, que acaso no volvería á ver, puesto que su partida estaba tan próxima, abrió la ventana; así tenía delante el horizonte, aún pálido, la virginidad del alba melancólica. Un resplandor gris salía de un cielo también gris; por todas partes veíase la misma inmovilidad de cansancio, eomo cuajada con la indecisión en las cosas de conservar aún el aliento de la noche y del sueño. El cielo estaba opaco; mostrábase consistente y como formado por capas horizontales acumuladas, igual que si lo hubieran pintado, superponiendo, unos encima de otros, brochazos de colores muertos. Por allá abajo se alzaban las montañas parduzcas; después, Fuenterrabía divisábase con su silueta lúgubre y su campanario secular, que parecía más negro y usado por los años. A esta hora de la madrugada y tan misteriosa, en que los ojos de la mayor parte. de los hombres no están aún abiertos, parece que se sorprende á cuanto nos rodea en afligido coloquio de laxi- A España... í ¿Que, cómo piensa astea apoderarse de ella, Jtchúa? Cree usted que habrá que realizar graves hazañas... -Oh, no, no temas tal cosa; no tengo ganas de asesinar á nadie. -Hombre... ¡Como habla usted de ponerse en salvo... -Bien, he dicho eso sin saber lo que decía. Además, que los negocios no marchan como en otras épocas, Y suponte que eso sale mal y que la policía hace una información en toda regla... Entonces preferiría marcharme... porque cuando estos señores de la justicia meten la nariz en una cosa no se contentan con menos que con averiguar todo lo que ha pasado hasta en tiempos remotos, y el asunto no se acaba fácilmente... En el fondo de sus ojos, expresivos de repente, aparecieron el crimen que cometiera y el presidio á purgarlo. Ramuncho miraba con inquietud creciente á aquel hombre á quien se le creía sólidamente establecido en el país, hasta con riquezas, y que aceptaba con tanta facilidad la idea de huir de él. ¿Qué crimina! sería, pues, para temer tanto á la justicia... ¿Y cuáles podían ser aquellas cosas que habían pas ado en tiempos remotos Después de un silencio entre ellos, dijo Ramuncho en voz muy baja y con extrema desconfianza: -Encerrarla... ¿Lo dice usted seriamente, Itchúa... ¿Y dónde la voy á encerrar? Si no tengo castillo ni calabozos para tenerla oculta... Entonces, Itchúa, con sonrisa de fauno, que hasta entonces no le conoció, le dijo golpeándole en el hombro: -Oh, encerrarla... bastará con una noche... para dar el escándalo y que las religiosas no vuelvan á admitirla... Por el brazo y la mano de Ramuncho pasó como una sacudida eléctrica. Tentado estuvo de sopapear á aquel rostro sombrío. Pero le contuvo la larga costumbre de respetar al antigtro sochantre de la liturgia, y se quedó