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ABC. VIERNES i. DE JUNIO DE 1006. PAQ. EDICIÓN i. Desar la mano á su madre; pero la madre no se contentó con tan poco. La ternura y el cariño se impuso al ritual. Otro tanto ocurrió con la ya Reina y con su madre. Descendió del presbiterio. fue á buscarla al último puesto, en la fila de Príncipes, hízola una graciosa reverencia, besóla la mano y también triunfó el corazón sobre la etiqueta: madre é hija se abrazaron y se besaron con efusión. Sigue la misa de vejaciones mientras el Orfeón de Pamplona cantó el Tota pulchra de Guilleman y el 0 salutaris de Laurent de Rilli. Terminó la misa. Los Reyes pasaron al trono. Ciento cincuenta ejecutantes entre cantantes y músicos interpretaron el gran Te- Deum del maestro Mateos, obra de gran efecto para dos masas corales y orquestales situadas en ambos extremos del templo. Fue este el instante de mayor brillantez de la ceremonia. Todo el templo resultaba de im ponente grandiosidad. Los dos jóvenes Reyes, de pie en el Trono, sonreían de felicidad. Las trompeterías de los órganos, las voces de la capilla; las melodías de los instrumentos, el resplandor de millares de luces, la confusión de colores de trajes y uniformes, todo parecía contribuir á una fan tástica apoteosis del amor. Terminada la ceremonia, los Reyes y los Príncipes penetraron en el claustro, en uno de cuyos rincones se habían colgado tres soberbios tapices, formando una estancia que recibía la luz de la monumental arcada por donde la hiedra trepa, se firmó el acta notarial y se cambiaron muchas felicitaciones. Volvióse aún al templo, donde príncipes e infantes desfilaron ante el Trono saludando á los Reyes, á la Reina Cristina y al Cuerpo diplomático, y acabó todo. A la salida del templo fueron aclamados con verdadero delirio por el pueblo. Los invitados desfilaron, comentando las dos notas más salientes de la solemnidad, fuera de lo que motivaba ésta, ó sea la boda, y eran la presencia del infantito, que despertó todas las simpatías por su carita de ángel y por su porte general y gracioso, y el relieve que tuvo en el cuadro admirable de la ceremonia la figura de la Reina Cristina, interesantísima siempre, pero más ayer que, dominando en su interior la lucha entre la felicidad presente de su hijo querido y el recuerdo de la hija adorada, muerta hace bien poco, sabía mostrarse, no sólo Reina por derecho que su hijo proclamó después de jurar él en las Cortes, sino Reina de la distinción, de la bondad y de la grandeza. C. reo iris, en el cual relampagueaban coronas, cuadernas y collares de riquísimas pedrerías, heridas por los millares de lámparas que ya daban luz y bordaban, como cordón de perlas luminosas, t o d a s las líneas de la fábrica del templo. Enfrente hay otra tribuna semejante, la de las señoras de los diplomáticos residentes. Son numerosas, bellas en su inmensa mayoría, elegantes sin excepción. Están amontonadas, constituyen un emblema de la confraternidad universal. Uentenle, es un hecho, por lo menos en este momento. Son tantas, que no hay asientos para todas; pero sus vecinos, los diputados á Cortes, presididos ya por el ilustre Canale as, las pasan sus sillas. Por esta vez el Parlamento representa algo genuinamente nacional: la tradicional galantería española. Más acá de esa tribuna estaba la de los capitanes generales, los caballeros del Toisón y de los embajadores. Capitanes generales no hay más que Primo de Rivera. Embajadores hay algunos, como León y Castillo, que ha entrado apoyándose en un bastón, porque el reúma le ha traído á mal traer; Polo de Bernabé y el marqués de Tovar, á quien también el reúma hace renquear. Así anda la diplomacia de articulaciones. Es maravilloso que esta tribuna no se hunda, si no al peso mortal que sostiene, al peso de los años: hay en ella personajes como Beránger, Vega de Armijo y ítros veteranos cuyas edades juntas suman siglos. Más hacia la puerta principal, están en una tribuna los concejales, los diputados provinciales y Dios con todos. La tribuna está a) pie de un pilar y en el pilar está colgado un santo Cristo. En mejor compañía no pueden estar los administradores de Madrid; pero hay que el Redentor está cubierto con un velo morado y esto, no hallándonos en Semana Santa, pudiera interpretarse como deseo de Cristo de no ver ciertas cosas. Maura, que entra con Osma, se dirige á la tribuna de exministros y pasa al pie de la tribuna de las damas de la Reina. Algunas le llaman, le retienen, le hablan, ¿será maurista la aristocracia femenina? A las diez de la mañana la iglesia está llena; encendida toda su profusa iluminación; á la derecha del altar dan una nota rojo amapola el grupo de cardenales; la dan morada á la izquierda los obispos y los capellanes de honor; Jos grandes de España vistiendo variados y vistosos uniformes forman, sentados en los bancos delante de las tribunas, la carrera por la cual ha de desfilar la regia comitiva. A las diez y media salen los capellanes de nonor con el palio y tras ellos los obispos de Madrid y de Sión, encaminándose á esperar á S. M Por este orden van entrando y ocupando sus respectivos sillones más acá de los de los Príncipes herederos: la infanta doña Paz, con vestido verde claro y manto del mismo color; la infanta doña Eulalia, con traje blanco y manto carmesí; la infanta doña María Teresa, de rosa, y la infanta doña Isabel de amarillo claro. Siguen entrando las princesas de Coburgo y su hija, de Teck y de Hannover, con vestidos blancos. Se observa bastante confusión al ir á ocupar estas Princesas sus puestos. También los sesudos diplomáticos se eauivocan ó se confunden slguna vez. La infanta doña Isabel ejerce de improvisada gobernadora y da órdenes para arreglarlo todo. Poco más tarde se la ve hasta disponer que se distribuyan bien los almohadones de las Princesas que tiene enfrente, porque para dos de ellas no hay más que un almohadón. Entran los duques de Genova; la duquesa viste soberbio traje de tisú de plata. Les siguen los príncipes de Gales, deslumbradora la Princesa con su traje blanco, cuajado de Der- las, su manto color malva y con su corona también de perlas y pedrería. Finalmente, van ocupando sus puestos el archiduque Francisco Fernando, el príncipe de Portugal, el conde de Flandes, gran duque Vladimiro, duques de Genova, príncipe regente de Brunswick, príncipe Andrés de Grecia, príncipe Eugenio d e Grecia, príncipe Luis Fernando de Baviera y príncipe heredero de Monaco. Detrás de éstos hallábanse el príncipe Jenaro de Borbón, con uniforme de oficial de M a rina y la banda de Carlos 111; sus hermanos D. Raniero y D Felipe, alumnos de la Academia de Caballería. Las diez y cuarenta minutos marcaba el reloj de la iglesia en su esfera de la nave, cuando sonó una vez más la Marcha Real y penetró el Rey bajo palio y seguido del infante D Carlos y del infantito, Príncipe herederoLa presencia de éste constituyó una de las notas más interesantes de la solemnidad de ayer. El infantito, vestido de blanco y con su cara de ángel sonriente, iba de la mano de su padre detrás del Rey, pero no se resignaba á ir en segundo término y deslumhrado por el espectáculo grandioso del templo quería adelantarse á su augusto tío. Después le recogió la duquesa de Santo Mauro y se le llevó sacristía adentro á una tribuna reservada, donde lo vio todo á su completa satisfacción. Vestía el Rey uniforme de capitán general de gala y cruzaba su pecho la banda de la gran cruz roja del Mérito Militar. Ocupó uno de los sitiales del trono, oró un momento, se sentó, dirigió saludos á varios de los personajes presentes y por primera vez miró el reloj. Los minutos pasaban. La impaciencia era visible en S. M Benalúa se acercaba al trono, llamado por el Rey, salía á la puerta, volvía al lado de D Alfonso y nuevamente S. M miraba su reloj y después el de la iglesia para ver quizá cual de los dos andaba más despacio de lo que él quería. Pasaron treinta y cinco minutos. A las once y veinte llegaba la Princesa. La orquesta entonó el Himno inglés. Entraron p r i m e r o el príncipe Alejandro Alberto de Battenberg, con uniforme de guardia marina de la Armada inglesa, con la banda de Carlos 111; sus hermanos, los príncipes Leopoldo Arturo y Mauricio Víctor, vestían los elegantes trajes de los highlanders, el primero con pantalón largo, y el otro con la característica faldilla. La futura Reina entró bajo palio, dando su mano izquierda á la Reina doña Cristina y llevando á su derecha á su madre la princesa Beatriz. La santidad del lugar no pudo impedir en la concurrencia un murmullo de admiración. Estaba la Princesa sencillamente encantadora. Avanzó majestuosa, haciendo resaltar con el blanco de su traje bordado en plata y salpicado de azucenas y azahares, el oro de sus cabellos y el suave y nacarado rosa de su cara y de sus manos (no se las enguantó hasta momentos antes de salir del templo) Su corona y su collar eran de gruesos brillantes. La figura soberanamente distinguida y elegante de la Reina doña Cristina, que vestía rico traje color malva claro con encajes y manto del mismo color, y llevaba valiosísimas joyas, y la de la princesa Beatriz, vestida con traje gris obscuro y encajes, eran marco digno de aquella figura ideal de la futura Reina. La novia y el Rey subieron al altar y con ellos los padrinos: S. M la Reina Cristina y S. A el infante D Carlos. La princesa Beatriz se quedó en su puesto entre el cortejo de Príncipes. Y dio comienzo la ceremonia, oficiando el cardenal Sancha vestido de pontifical. Cumplidos los requisitos de ritual y hechas las mutuas promesas, él Rey se levantó y fue á EL DÍA DE HOY CULTOS. Santos de hoy: Santos Juvencio, Panfilo, presbítero; Valente, diácono; Pablo, Re veriano, obispo; Tespesio, Isquirión, Firmo, Fe lino, Gratidiano, Próculo, Segundo y Crescenciano, mártires; Fortunato, presbítero; Cropasio, abad; Simeón, monje, y en España, Iñigo, abad, confesoresLa Misa y Oficio divino son de San Antomno, con rito doble y color blanco. Se gana el jubileo de las Cuarenta Horas et la iglesia de los Hermanos de la Doctrina Cris tiana. Visita de la Corte de María: Nuestra Señora de la Almudena, en Santa María; la Blanca, en San Sebastián; del Consuelo, en San Luis, ó del OlvS de, en San Francisco el Grande. TIEMPO. Probable: Despejado. La temperatura en Madrid en las últimas veinticuatro horas, ha sido: Máxima, 34,2 grados. Mínima, 15,9. Primavera hasta el 20 de Junio, que empiezi el Verano. ESTRENOS. En el Cómico, sino perro