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A B. C. VIERNES i. DE JUNIO DE JOPÓ. PAG. la iglesia la primera embajada: la de ¡os marroquíes, tres de ellos que forman la principalía avanzan majestuosos envueltos en sus niveos jaiques y cubiertos con sendos turbantes. Detrás otros cuatro moros, también con albornoces, también cubiertos con turbantes. Con esta indumentaria y con la temperatura que reina dentro y fuera del templo no tendrán frío. Momentos después llega otra misión extraordinaria, igualmente pintoresca: es la de los chinos, con fantásticos trajes de seda de todos colores. Desfilando con pasos diminutos sobre la aterciopelada alfombra, parecen desde nuestra tribuna figuritas automáticas de biscuit. Ya están en la tribuna núm. 2, con los árabes, á quienes no se podrá, con justicia, llamar indolentes. Han madrugado como nadie. Unos y otros miran á todas partes. Atrae sus miradas especialmente el altar mayor. La sagrada mesa se ha convertido en especie de jardinera de rosas blancas, cuya canastilla la forman los candeleros dorados coronados de cirios. Es el único adorno del altar, pero también el de mejor gusto y el más ajustado á las circunstancias. Palmas y caunas cubren los rincones del presbiterio. Ei trono de los Reyes está fuera del presbiterio, á lá derecha. E s e l que se usa en los: actos de la capilla de Palacio. Los sillones son de talla dorada y su tapicería de raso bordado con seda de colores. El dosel que los cubre es EDICIÓN J. 1 íif a- í 9 L del mismo tono, con el escudo de España bordado en el centro. Más acá está el sitial destinado á la Reina Cristina: un sillón y un reclinatorio sobre un estrado cubierto de terciopelo rojo. La primera dama que entra en la iglesia es bella, de aspecto extranjero, viste traje de corte color- violeta, ser cubre con velo de encaje blanco, sujeto á la cabeza por rica diadema de pedrería. Debajo del coro hay una tribuna con un cartel quereza: A disposición de S. M el Rey En esta tribuna entra y se acomoda la madrugadora dama. También madrugadores se muestran los diputados á Cortés. Los Sres. Jover, conde de Garay, Jorro y otros ocupan la tribuna destinada al Congreso. Cerca de las diez la invasión aumenta. Las damas de la Reina entran pisando los ricos ta- ftaRBümam fr I t ¿tf: -i PIÉ i JE i1. sí Iir ¿fr 1 ÍJ 1 i 1 i I i lvS l I i i l i II I S I JÓ S N 1.1 11 i ill il 1.1 IO Ii I 1 i i vi iI DE) A t S. i, DESPUÉS DEL ATENTADO. LA CARROZA REGIA Y EL CABALLO DE LANZA QUE QUEDÓ MUERTO Á CONSECUENCIA DE LA EXPLOSIÓN Fots. Goñi pices de Palacio y arrastrando por ellos las I detrás de los Príncipes y sus servidumbres. largas, espléndidas colas de sus mantos. Algu- J Lucen los ricos, vestidos encargados á París, nos ministros recorren toda lá nave para si- aquellos que conjuraron la última crisis ministuarse en su puesto á la izquierda del altar. terial. Ya la tribuna del Cuerpo diplomático ofrece una mancha brillante de colores. Los uniformes de todos los paises con su variedad de tonalidades constituyen esa nota indescriptible. Más acá, saltando la del venerable Senado, ocupada por los abuelos de la Patria, con su presidente á la cabeza, estaba la de las damas de S. M ofreciendo otro brillante cuadro de