Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C VIERNES i. DE JlíNJO DE 1906. PAG. EDICIÓN 1. por la aglomeración de lindos grupos de muchachas con toilettes espléndidas. Los esquinazos de las calles son el lugar obligado para el refugio de los carruajes. Por las anchas aceras apenas circula el gentío enorme que invade toda la ciudad desde muy temprano, y que después de haber visto los cortejos Reates dirigirse á la iglesia, quieren ver 1 regreso de los novios. Es más de mediodía, Una rubita deliciosa bosteza á mi lado. Yp la imito con cierta pena. Ella, si quisiera, podría irse á almorzar; yo no puedo; tengo el deber de divertirme viendo todo esto. El calor es cada vez mayor y el cielo por algunos sitios está velado suavemente. Por fin empieza el desfile del cortejo, lento, momento pasa por delante de miel coche Real... Una manecita enguantada y con una pulsera de perlas saluda cariñosa. Es ella. Es la ya Reina de España, radiante de juventud y de belleza; sólo puedo ver brillar sus ojos de un azul intenso y resplandecer los rizos de oro de sus cabellos bajo el blanco manto orlado de una diadema fulgurante... Ya pasó. Las corazas de la escolta reflejando el sol deslumhran y marean... Lo demás no rae interesa. Ahora lo importante es verlos entrar en Palacio, verlos luego aparecer en el gran balcón saludando al pueblo. M e pongo rápidamente de acuerdo con mi cochero y trazamos un itineraio al través de Madrid que nos permita adelantarnos al cortejo y llegar á la plaza de Oriente á tiemgre coagulada mancha las colgaduras de la casa desde donde arrojaron la bomba. Las caras de los soldados están pálidas. Los furgones de Sanidad militar huyen al trote largo llevándose los muertos. El sol deslumhra y ciega y un sudor frío corre por mi frente. Allí, junto al portal de la casa maldita, en el borde de la acera, caído en tierra veo el cadáver del pobre tambor de Wad- Ras. Está destrozado, medio cubierto con una manta de munición. Un montón de trapos empapados en sangre es lo que queda de su uniforme; la caja del tambor está hecha añicos; una de sus manos, agarrotada, oprime todavía un palillo; sus pies, engarabitados, están medio descalzos, y su boca desmesuradamente abierta, en convulsiva mueca, pa- LA COMITIVA NUPCIAL A SU REGRESO POR LA CALLE DE ALCALÁ solemne y aparatoso. Apenas vemos el plumaje de los tricornios de los palafreneros y la parte alta de las carrozas de gala de la grandeza. El espectáculo es monótono; sólo se me ocurre evaluar mentalmente lo que todo aquello repre senta. Las cornetas baten marcha. Lejos la banda de un regimiento toca con apresuramiento, rápidamente moderado, la Marcha Real. Un estremecimiento agita á la muchedumbre que instintivamente se precipita hacia adelante empujándose con rabia. La rubita, mi vecina, incina hacia atrás con gesto infantil su sombrilla blanca, obligándome á admirar el exquisito bordado de sederías que imitan violetas y crisantemos. La sombrilla es preciosa. Temo que sólo podré hablar de ella en esta crónica... Hago un esfuerzo, logro asirme al pescante del carruaje y con una violenta flexión sobrepaso el nivel de la sombrilla. En aquel po todavía... Ha sido imposible. Antes de desembocar en la plaza, la noticia llega hasta mí, repetida por mil oocas, á trozos, incoherente y trágica. Todos repiten las mismas frases, de horror y desorda cólera. Algunos corren todavía sin saber hacia dónde. Rápidamente se forman cordones de Guardia civil y de soldados, que aislan el trozo de la calle Mayor y sus afluentes, próximas al lugar del atentado. No se puede pasar. Todo es inútil. Invierto media hora en tanteos emocionado y ansioso de llegar. Por fin, logro acercarme á un retén de policías que, galantes, me abren paso, solo y á pie. Al entrar en la plazoleta que forma la calle frente á la Capitanía general, veo un tropel de soldados y voluntarios de la Cruz Roja conduciendo en camillas heridos y muertos. Grandes charcos de sangre señalan el sitio en donde cayeion aquellos infelices. Otro torrente de san- Fot, Franzen rece quejarse aún de la treme. njusticia. Me descubro ante el pobre soidadito muerto y me alejo de allí pisando hojas de rosa y chapoteando sobre! a sangre, encharcada entre las piedras de la calle... Luis PARÍS LOS ÚLTIMOS PREPARATIVOS A maneció el día espléndido y pocas veces como ayer habrá madrugado tanto M a drid. No solamente Madrid, sino la enorme po blación flotante que encierra en su seno, con motivo de la solemne ceremonia, desperezóse más temprano que de ordinario y mucha gente se echó á la calle desde las primeras horas de la mañana.