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A B C. V 3 ERNB- DE JUNIO DE 1906. PAG. EDICIÓN i LOS MALDITOS nada, amantísima. luchó cara á cara con la muerte, y al fin, gracias á incesantes cuidados, recobró la salud aquel hermoso y delicado cuerpo. Recelosa contra todo lo que pudiera perjudicar á la hija de sus entrañas, huía de las gentes, temía siempre el contagio, y la pequeSuela crecía sana y vigorosa. Un día cedió á sus ruegos ae mujercilla cuitosa, y. la vistió con infantiles galas, peinó cuidadosamente su fino cabello castaño y fue la familia feliz á presenciar el mágico espectáculo desde un balcón, lejos, de la muchedumbre pobrecita estuvo muy enferma; y la I a madre, unaniña esas madres leonas, apasiode pira en sus brazos sin pronunciar una queja y en cuyo rostro la muerte grabó una última sonrisa; aquella mujer reflejaba con toda su grandiosa energía el amor épicamente salvaje de la madre. Y mientras á borbotones se desparramaba por todo raí ser una pena inmensa, una sensación inexplicable dé amorosa y acongojada compasión, experimenté á mi vez las mismas rabiosas y sordas convulsiones de la ira que presenciaba; una ira sin freno, de epiléptico; ansia, de golpear á ciegas; sed de venganza pronta, unida á la desesperación de la impotencia fatal é irremediable. No son concebible en el corazón humano actos de tamaña villanía. La criminalidad ostenta asesinatos. Me repugnan sus procedimientos de fiera, sin justificación posible, y yo que nunca sentí el odio, ahora sufro sus horribles mordeduras en el corazón. Sí, odio á esos malditos como diría la pobre madre á esos degenerados sin gallardía. ¿Sabéis lo que haría con ellos? No quitarles la vida, no. Convertíales en sujetos de experimentación científica, ya que pretenden sacrificarse por la humanidad. Así sería posible resolver obscuros problemas biológicos y veríamos si tenían verdaderamente el estoico valor de que blasonan. Y la humanidad progresaría, como progresarán los hombres cuando sientan el verdadero amor que hace al hombre bueno, generoso y fuerte; cuando las imbécn 1 S. M LA REINA VICTORIA EUGENIA AL SALIR AYER DEL MINISTERIO DE MARINA PARA ENCAMINARSE A LA IGLESIA DE SAN JERÓNIMO, Fot DONDE SE CELEBRÓ LA SOLEMNE CEREMONIA NUPCIAL Gon donde no pudiera haber el menor peligro. En medio de la universal alegría, cuando la niña palmoteaba de gozo, embriagada por sensaciones placenteras, resuena un estampido, obscurécese la atmósfera ¡uminosa, y caen, en racimo ensangrentado, el padre, la tierna criatura y muchas otras personas de su familia. ¡Yo la he visto, Dios mío, inerte, fría, destrozada! Yo he presenciado el cuadro más horrible que puede soñarse en una espantosa pesadilla. líos rugidos de aquella mujer vigorosa, me han estremecido de doloroso espanto. Olvidándose de su marido mal herido, sin lágrimas en los ojos, con la protesta ruda en los labios, estrujando el inanimado cadáver de su hija, que ex- formas de cruel refinamiento; la bestia humana 1 ataca, destroza, hiere, mata; acecha á su víc- j tima en la sombra ó afronta los peligros en la j lucha frente á frente; la infección misma producida por los seres microscópicos, consisníe la defensa, da treguas, es posible vencerla, pero ¿quién puede prever el atentado ciego, brutal, que aniquila á centenares de inocentes? Yo amo á los pobres, á los desgraciados, á les infelices; por hermanos los tengo á todos, y no puedo ni quiero cir que se invoque el porvenir de los desheredados para justificar esos. crímenes que rae avergüenzan de ser hombre. Yo desprecio á esos malditos que ocultos en sus guaridas fraguan tan innobles y cobardes ¡es lucubraciones de unos cuantos grotescos personajes no induzcan al crimen á inconscientes verdugos de centenares de pobres gentes desconocidas, entre las cuales yacen niños ensangrentados y madres sin ventura... EL DOCTOR FAUSTO AL AIRE LIBRE en busca de un La peregrinación bien me arrastrasitio para verlo todo obligándome á recorrer medio Madrid desde la Puerta del Sol hasta las verjas del Retiro. Hay allí rincones apacibles de sombra perfumada pot la brisa que agita las enramadas del Parque y