Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. VIERNES i. DE JUNIO DE 1906. PAG. EDICIÓN 1. abuela el relato, entre otros, ael atentado de Oxford, aquel desdichado que quiso destrozar la felicidad de dos recién casados, disparando contra ella y contra el príncipe Alberto, cuando sólo llevaba cuatro meses de matrimonio. Después, más de una vez le habrá referido la emperatriz Eugenia la monstruosa hazaña de Orsini, arrojando dos bombas contra el coche en que la acompañaba Napoleón III y que quedó atravesado por j 6 proyectiles. Y ayer mismo, de fijo, le recordaría la Reina Cristina cómo ella también, antes de que hubieran pasado dos meses desde el día de su boda, estuvo á punto de morir con D. Alfonso XII ante la pistola de Otero. Sí. Todo esto lo sabía la Princesa Ena antes de ser la Reina Victoria; todo esto lo saben las Princesas cuando aceptan el amor de un Rey. Entre las muchas amarguras de los Reyes no faltan alegrías. Y acaso la mayor de todas sea sentirse amado con ese amor que en en nada repara, ese amor más fuerte que la muerte. F. DB LLANOS Y TORRIGL 1 A CRÓNICA POLÍTICA p L ATENTADO. ¡Día que comenzó con tanto júbilo cuan sombrío y trágico carácter revistió al fin! La inmensa mayoría de la multitud, que había presenciado el espléndido despie de grandes y de Príncipes habíase retirado satisfecha. Aunque muy de antemano se había presumido que la ovación íba á ser grande, fue ésta mayor que lo que se había supuesto, y además espontánea, efusiva, cordialísima, tal que los hombres de edad avanzada declaraban no haber visto otra igual en Madrid, De presencia, la joven Reina se ha captado todas las simpatías del pueblo. Reúne á su admirable belleza lo que la gente llama ángel. Es angelical su semblante, angelical su mirada, angelical su sonrisa. Así, los saludos, los ¡vivas! los aplausos eran unánimes y verdaderamente sinceros; no había necesidad de que ningún elemento oficioso los iniciase. Mucho antes de divisar el coche donde iban los regios desposados, ya se percibía su aproximación, merced al estrépito ensordecedor de vítores y aclamaciones. Irradiaba del semblante de los augustos desposados la felicidad, y la muchedumbre la reflejaba en su entusiasmo. Sólo faltaban algunos minutos para que en la regia mansión tuvieran aquéllos el descanso debido á una dicha y ceremonia abrumadoras, cuando una bomba lanzada por mano aleve trocó el idilio en tragedia. Los cuerpos de los augustos cónyuges quedaron felizmente ilesos, pero su espíritu fue alcanzado por los proyectiles anarquistas. Un día que debió ser tan feliz, tan esplendoroso, que sus rayos iluminasen dilatados horizontes de su existencia, quedó ya sombreado por el recuerdo del espectáculo horrible, que sucedió al estallido; por los cadáveres de los infelices, que en cumplimiento de su deber ó atraídos por el interés más noble se hallaban en aquellos lugares, muy ajenos de que tenían la muerte tan cercana; oor los dolores y sufrimientos de los numerosos heridos, que ocasionó la explosión. W ver á los Reyes en salvo, al observar el valor de D. Alfonso XI 11 y la presencia de ánimo de la joven que reina, que apenas puesta la mano sobre la Corona ya experimentaba los tremendos riesgos que ofrecen en los tiempos que corren las supremas alturas sociales, la ovación popular fue inmensa. Había cambiado de índole, pero había ganado colosalmente en intensidad. No era el aplauso á la belleza del idilio; era el jhurrah! á los héroes en el campo de batalla. El infame autor del atentado había sacrificado á víctimas modestas y había dado una fuerza incalculable á la Monarquía. Ya para expresar la indignación y aplaudir á los Reyes no había republicanos ni monárquicos; no había más que españoles. Algún pedazo de la bomba ó de las bombas alcanzó también al Gobierno. El rumor de que se preparaba un atentarlo anarauista se había condensado y concretado mucho en losv últimos días. Por todas partes se decía que el Ministerio español había recibido despachos del Gabinete italiano, participándole que cuatro de los más fanáticos y feroces anarquistas de aquel país, habían salido para España; asegurábase que por ese motivo habían venido á nuestra Península policías de Roma; se observaba ayer que no se había vigilado lo bastaste las casas de huépedes y los hoteles de la carrera ni los balcones y tribunas de alquiler que daban sobre la misma. El furor que se había apoderado de madrileños y forasteros por ver estropeadas las fiestas y el dolor por las víctimas encontraban ahí un asidero y lo utilizaban bien. ¡Se ha ocupado demasiado en el reparto de billetes para los festejos, y se ha distraído su atención! Este era el cargo más suave que se le hacía. Un día que iba á hacer tan hermoso y brillante el amor, lo ha entenebrecido el odio. La reacción del espíritu público es tan fuerte que seguramente no parará en el severo castigo del criminal. ¡Si es que á éste se le halla! MANUEL TROYANO AMOR DE REINA V a es Reina. Los candidos azahares que ayer de mañana ciñeron suavemente las sienes de la desposada, trocáronse al mediodía en agudas espinas. Ya es Reina. Esas son las verdaderas coronas de los Reyes. Los que un día alcanzamos la honra de verla en el umbral de Mouriscot, esquivando nuestras miradas impertinentes y como sorprendida de la curiosidad ajena, sentimos ayer un estremecimiento de temor al verla en el atrio de la iglesia nupcial. Allá era la niña enamorada, envuelta en ilusiones, pintada en el semblante la alegría de verse cortejada por tan alto galán. Su traje sencillo, su cabeza destocada, la risueña casita de campo á cuya puerta tímidamente se asomaba, la ausencia de todo formalismo y etiqueta, sin otro protocolo á que someternos más que el dictado por nuestra respetuosa cortesía, todo contribuía á que no viéramos en ella más que á la mujer hermosa, vencedora y vencida á un tiempo en las lides de amor. Aquí era ya la desposada, en cuya mirada, por radiante que sea, se enturbian siempre los destellos de alegría con confusa visión del porvenir, retratadas en la expresión del rostro las mudas interrogaciones del alma. Su manto de corte, su tocado regio, la severa iglesia cuyo dintel atravesó apoyada firmemente en el brazo del Rey, los uniformes, los bordados, las músicas, los repiques, todo estaba proclamando que la ingenua enamorada de Mouriscot era ya toda una Reina, una mujer llamada á compartir con un monarca la no siempre incruenta misión de reinar. Poco después la salvajada infame arrancaba á la Soberana de su triunfal carroza. El estampido horrísono la aturdió; la sangre vertida en torno suyo la hizo verter lágrimas; la sensación de su dicha menospreciada por un bárbaro debió herir la sensibilidad de su corazón como una flecha envenenada. En su primera impresión debió haber de todo: angustia, espanto, ternuras de llanto, sacudimientos de energía. Todo, menos sorpresa. La Princesa que da su mano á un Rey, ya sabe que al pie del altar hace el sacrificio de su vida. De niña oiría, la que Dios quiera que sea por muchos años nuestra Reina, á su insigne Extraordinario de Blanco y Negro La popular revista Blanco y Negro, que ha sido maestra de la moderna Prensa ilustrada española, hasta el punto de que los principales semanarios sigan hoy las huellas por ella marcadas y los procedimientos adoptados por ella, publicará MAÑANA SÁBADO UN VERDADERO NÚMERO EXTRAORDINARIO en donde va recogidos en forma muy artística é interesante todos los antecedentes y las principales notas de actualidad de la boda de SS. M M conforme al siguiente SUMAT O. Portada: Medalla de oro, en relieve, con el busto de Sus Majestades. Bodas Ideales, con dibujos de Méndez Bringa y Regidor. Escudo de armas en colores de Su Majestad la Reina Victoria y de Su Majestad el Rey. Varios retratos de la Reina Victoria. El trousseau de la Reina. Juégalos de boda. Retratos de los representantes extranjeros que han asistido á las Bodas Reales. LA PRINCESA VÍCTOR AL ENTRAR EN ESPAÑA. El primer ramo deflores. Revistandola tropa en El Plantío. Su llegada á El Pardo. LA, BOBA. La plaza de Castetar el día de la boda. SS. MM. saliendo de la iglesia después de la bendición nupcial. El cortejo Real en la calle de Jllcalá EL ATENTADO. Varias fotografías interesantísimas.