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A B C JUEVES 3i DE MAYO DE 1906. PAG. 10. EDICIÓN i. BOLSAS DEL DÍA 3o MADRID. Cierre. Interior contado, 8i,o5; fin de mes, 8i,o5; fin próximo, 81,60; Amortizable, 99,25; Banco, 437; Tabacos, 404. Franeos, 9; Libras, 17,38. Sigue la baja, pero la liquidación se efectúa con telativa tranquilidad á pesar de ser onerosa la doble para los compradores. Después de la hora oficial valen los francos 9,5o. PARÍS. Cierre. Intenor, 75,87 (Paridad con los francos á 9 por 100, 81,70) Exterior, 96,57; Renta francesa, 98,75; Ruso nuevo, 91,85; Turco, 95,47; Nortes, 249; Zaragozas, 4o5; Riotinto, 1.673; Goldfields, 109. Mercado muy firme. El Interior español y el Ruso nuevo ganan cerca de un entero. Los N 01 tes ganan 11 francos y i3 los Zaragozas. La f n- i ncia ha variado por completo. I AL AIRE LIBRE s allá del puente de los Franceses, el silencio de la noche es augusto. Resuena á lo lejos, perdiéndose poco á poco, el tableteo chillón de los pianos de manubrio y la algazara ruidosa de los restaurants de la Bombilla, llenos de gente y de luz. El coche avanza carretera adelante, proyectando la luz rojiza de sus faroles al través de una niebla de polvo finísimo que se eleva y vuelve á caer como cernido por manos invisibles. La noche serena, calurosa, iluminada por la luna en creciente, es admirable. De las altas copas de las acacias en flor despréndese enervante perfume; á veces ráfagas tibias del monte, impregnadas de olores silvestres, de romero y tomilfo, orean mi frente abrasada por los calores tórridos del día. Delante y detrás de mí corren otros coches cargados de Príncipes y dignatarios, cuyos uniformes bordados brillan un momento como luciérnagas sobre el fondo obscuro del boscaje. De cuando en cuando la bronca bocina de un automóvil que pasa rapidísimo, llenándonos de tufo acre, rasga el silencio de la noche, y otra vez la monotonía adorable del campo, lleno de paz y de armonías, me invade sumiéndome en un dulce sopor que se parece al sueño... Ya hemos llegado. Por los balcones abiertos del Palacio de El Pardo salen torrentes de luz. El ir y venir de la servidumbre denuncia los comienzos de la fiesta palatina. Delante, en la ancha plazoleta, estacionan carruajes de todas clases y automóviles de distintos modelos. Los invitados entran presurosos entre filas de palafreneros, lacayos y soldados. Allá, al fondo, bajo la sombra de los árboles copudos y silenciosos, permanecemos los curiosos y los desocupados formando grupo de comentaristas. El espectáculo es monótono. Prefiero dar la vuelta á los jardines y gozar de la noche espléndida y de sus encantos infinitos. Hace veintiún años, en una noche del mes de Noviembre, aquí mismo, frente á ese Palacio en donde se celebra ahora una fiesta que trae evocaciones del reinado de María Luisa, en una noche lluviosa y fría, también permanecí enfrente de esos muros de piedra que encerraban el cadáver de un Rey... Aquí fuera, aguantando el soplo helado de la sierra vecina había muy pocas personas. Ahora es distinto. Aquel fue día de muerte; hoy lo es de vida. Entonces se cerraba lúgubremente un período histórico. Ahora comienza radiante otro... Decididamente también tiene sus encantos esto de ir envejeciendo frente á unas cuartillas en donde se van apuntando sucesos é impresiones tan diversas. Creo oír entre los mil rumores de la noche los ecos de un clave... N o es una ilusión creada por el lugar y sus remembranzas. El viejo clavecín con incrustaciones de oro y adornos de bronce, yace empolvado y roto en un rincón del guarda- muebles. Nadie volverá á arrancar de su teclado marfileño las cadencias del ceremonioso minué... La fiesta ha terminado. Son las once. Ei remolino de carruajes y automóviles comienza y el desfile de Príncipes. Ahí van, el de Gales ¡al fin le veo! El de Portugal, el de Italia, el austríaco... La infanta Isabel con su magnífico tiro de briosa mulas; más príncipes. Allá van todos, de vu Jta hacia Madrid. Mañana se encontrarán de nuevo bajo las bóvedas de San Jerónimo. Esta es la última noche de El Pardo. Yo prefiero aguardar á que salgan los comediantes que están cenando convidados por el Rey, y así, cuando ellos acaben, volveremos juntos para saludar al paso, en la ermita de San Antonio, al espíritu de Goya que flota allá arriba en la cupulilla, junto á los angelones con zagalejo que parecen majas y alas majas con alas que parecen angelones... Luis PARÍS ¡Qué adelantos, maestro, qué adelantos! No sabe usted muy bien lo que se inventa. Esto es muy grande, pero too está lleno y la geníe no sé dónde se cuela; no se pué por las calles dar un paso y á uno entre rempujones se lo llevan. ¡Y eso que de festejos... Ayer mismo no hubo ni el más sencillo tan siquiera para los pobres, como yo, que vienen para ver algo bueno, de su tierra... Dicen que hubo en Palacio muchas cosas, y en El Pardo también no sé qué fiestas; pero son pa los altos personajes y exigen un papel y una etiqueta. En yo no sé qué hoteles, donde viven las representaciones extranjeras, hubo mucho jaleo y comilonas; dicen que dalja gloria ver las mesas. a A usted, don Nicanor, que me ha enseñado, cuando era chico, las primeras letras, que son, como usted sabe las que aún tengo porque nunca pasé de las primeras, hoy le dirijo la presente carta con el fin de cumplirle mi promesa. Y hoy le escribo, porque hoy precisamente me he acordado de usted, cuando en la escuela, para que me fijara en las lecciones me daba un coscorrón en la cabeza, diciéndome con aire cariñoso: ¡No te distraigas, Facol ¡Eres un bestial Y si entonces lo fui, me se figura que lo soy entoavía. ¡Ya me pesa no haber aprovechao las enseñanzas que usted quiso meterme en la mollera! Y eso que aunque se enfade usted, maestro, me parece que no era mucha ciencia deprender á leer y el catecismo, saber palotes y las cuatro reglas... Eso es muy bueno pa quedarse en casa; pero en seguida que se sale fuera, ni es una ayuda, ni de na nos sirve ú, vamos al decir, nos aprovecha. Si usted mismo, que sabe tantas cosas, en estos días á Madrid viniera, se iba á ver en bastantes compromisos, y usted me disimule la franqueza. ¡Conque, yo que á su lado soy un zote, calcule usted si pasaré las negras... Ayer me fui á bajar de un coche de esos que tienen unos palos con banderas y como van corriendo, me di un tumbo que me dejó baldado de una pierna; si no ando listo me destroza un tío que iba sentado en medio de dos ruídas, me metí en un café que tiene lámparas, creyéndome que entraba en una iglesia, y le tomé á un bombero por un Príncipe, lo cual que se rió de mi torpeza. Y algo más me ocurrió; sentí en la calle ganas de... de... de... ¡bueno! ¿usted se acuerda cuando yo le miraba, alzando un dedo, y usted me permitía que saliera... ¡Pues de eso... Y como aquí para estos casos hay chozas bien pintas en las aceras, vi una en no sé qué calle, muy majica, quise meterme para aquello en ella y me encontré con varios culatazos que me dio enfurecido un centinela. ¡Y es que han puesto garitas supletorias y es para confundirse la ocurrencia... ¡Yo aspiré el olorcillo de los platos por unas ventanitas muy pequeñas. Y vi á unos señorones con cuchillos, con delantales blancos y monteras... Anunciaron ayer las luminarias, pero nos fuimos á aeostar sin verlas sólo en algunas casas y casinos hicieron gasto de la luz eléctrica, lo cual que oí que murmuraban muchos, y que algunos decían: ¡Qué miseria... También en una fuente con leones se hicieron por la noche algunas pruebas, y vi saltar un chorro azul y verde dicen que de agua, pero yo dijera que es posible que fuese de otra cosa, ¡de medicina ó de licor de menta... Y aquí me tiene usted, señor maestro, que pasé el día entero dando vueltas, pa no ver más que gente y mucha gente buscando los festejos que no llegan. Y como usted me dijo: ¡Qué mal haces en ir á desprenderte de unas perras para quedarte in salbisH Hoy recuerdo sus palabras de sabio de experencia, y por eso le escribe, y le saluda su amigo que le estima y que le aprecia y le besa la mano, su afectísimo, que lo es FACO SÁNCHEZ GORDEJUELA. Por la copia, GIL PARRADO El Kaiser y Turquía POR TELÉGRAFO erlín, 3o, 8 m. Coméntase como una nueva prueba del aprecio que el Kaiser dispensa al sultán de Turquía, el que el emperador Guillermo haya concedido la Gran Cruz del Águila Roja al hijo menor y al segundogénito del Sultán. B