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A B C JUEVES 3i DE MAYO DE 1906, PAG. 7. EDICIÓN i. i PLUMA DE ORO Y RAMO DE ORQUÍDEAS, CLAVELES Y LIRIOS QUE LOS PERIODISTAS MADRILEÑOS QUE HAN HECHO INFORMACIÓN ESTOS DÍAS EN EL PARDO, OFRECIERON AYER Á LA PRINCESA VICTORIA Fot. Goñ! de un dosel muy rico, donde S. A. estuvo miy cortesano con la Reina. El día de Santiago se verificaron al fin los desposorios. El Príncipe llegó el primero con su séquito á la iglesia, que estaba muy bien toldada con muchos y ricos paños de brocado carmesí y pardo, y llena de estandartes y banderas. Cuando se presentó la Reina, ella y sus damas sentáronse á la izquierda del crucero y el Príncipe, con las embajadas, á la derecha, hasta que el obispo de Vincestre y los otros cinco, todos revestidos de pontífices, entraron en el templo. Subieron entonces á un estrado ó tabladillo que había en el centro los regios desposados, yendo ella en medio de dos mancebos por casar, así como una vez bendecida la unión la acompañarían al retirarse dos viejos casados. Y una vez sobre el estrado, el regente Figueroa y el metropolitano, leyeron en alta voz el previllejo del Emperador, en el cual éste por el amor que tenía á la Reina, hacía merced de dar y renunciar al Príncipe el reino de Ñapóles celebraron acto seguido el matrimonio. Después cada consorte se fue á su cortina respectiva y dijéronles sendas misas rezadas, á cada uno la suya, mientras decían la mayor... Y al tiempo de la paz, el obispo besó á la Reina en el carrillo, que en esta tierra se da la paz así, y S. M el Rey besó á la Reina Acabada la misa, dieron á S S M M sendas rebanadas de pan y sendas veces de vino, haciendo lo mismo con los embajadores y grandes que allí había, después de lo cual los reyes de armas publicaron los títulos del Rey y Reina de Inglaterra y Francia primero; luego, Ñapóles y Hierusalem que andan juntos; luego, Hibernia, y tras esto príncipes de las Españas, archiduques de Austria, duques de Milán, Borgoña y Brabante, condes de Flandes y del Tirol, etcétera, etc La comida nupcial fue suculenta y aparatosa, sirviendo la mesa señores y caballeros del reino. Debía haber luego baile, pero entonces se presentó un conflicto. Ni el Rey sabía las danzas de Inglaterra, ni las de España la Reina. Para salvar este inconveniente, Felipe mandó á los embajadores del Rey de Romanos y del de Bohemia que bailasen una alemana. Esto se hizo porque la Reina pudiera danzar la lemaña con el Rey; y acabada la danza de los embajadores, S S M M se levantaron y danzaron la misma danza, que no hubo poco con- tentamento en los que lo vieron. c i resto del día se pasó en placer, que debió ser comer y beber, pues los ingleses de otra cosa no entienden dice un comentarista de sus costumbres de antaño. Y cuando ya fue hora de retirarse, los seis obispos llegaron á la alcoba nupcial bendiciendo la cama con oraciones y solemnidades acá de antiguo acostumbradas Hasta aquí llega lo que yo puedo decir de aquel día termina Figueroa en su carta á Carlos V, como excusándose de no poder sa tisfacer más allá su imperial curiosidad. Lo demás de la noche júzguenlo los que han pasado por ello concluye Juan de Yaraona. La Reina no quiso que nadie la viera al día siguiente, costumbre propter honestitaíem que allá y por aquellos tiempos se observaba, y pocos después, los novios salían para Vendelisora (Wind sor) donde, apartados del mundanal ruido, pisaron el resto de la luna de miel... ¡Cuan risueños aparecerían entonces en la memoria de Felipe aquellos ya lejanos días de Salamanca, de Tordesillas, de Simancas y de Yalladolid, donde corrieron los días de su tornaboda con la predilecta de sus ilusiones, la hechicera María de Portugal! Acaso antaño le importunaran, por cuanto le distraían de su amor, los torneos, las cañas, las fiestas de toros, los juegos de sortija conque los españoles festejaban su enlace; y bailaría á regañadientes las danzas que hubieron de bailar los jóvenes recién casados por distraer la melancolía de su infeliz abuela doña Juana, que aún vivía llorando el recuerdo del Rey Hermoso. De fijo, en el retiro de Yendelisora, echó de menos todo aquel bullicio y suspiró por algo que le amenizaba la soledad ¡de dos en compañía á que le condenaba su destino... Y en cuanto pudo, huyó de allí para no volver más. F. DE LLANOS Y T 0 RR 1 GL 1 A PARDO. GRUPO D E PERIODISTAS MADRILEÑOS Q U E FUE PORTADOR DEL REGALO CUYAS FOTOGRAFÍAS APARECEN E N ESTA PLANA Fot. Goñi