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A B C. MIÉRCOLES. 3o. DE MAYO DE roo 6. PAG. 8. DESDE ROMA a 5 Mayo. Con el nombre ¿le condesa de Pierrefonds, y viajando bajo el más riguroso incógnito, ha llegado á Roma! a exemperatriz de los franceses, S. M Eugenia del Montijo. El príncipe D. Próspero Cclonna, senador, y el conde Malvezzi de Médicis, diputado, acompañaron á! a augusta viajera en su visita á los monumentos de la Ciudad Eterna. En el mismo hotel Regina se aloja M r Joseph Fernand Racík, el audaz y originalísimo joven yanqui, de San Francisco de California, que está dando la vuelta al mundo con la automisión de limpiar las botas de ios soberanos. Apenas supo la llegada de la emperatriz, se apresuró á solicitar permiso para limpiarle los zapatos, á lo cual contestó ella negativa, aunque amablemente. Pero luego, ante la insistencia cortés del excéntrico limpiabotas, le envió un par de zapatitos, á los cuales él dio lustre con una habilidad y una rapidez que envidiarían los más notables profesionales. Racik ha limpiado ya las botas del presidence Roosevelt, de Eduardo Vil de Inglaterra, ie M r Loubet, del Kronprinz de Alemania LA EMPERATRIZ Y EL LIMPIABOTAS LOS PRINCIPES DE GALES A SU LLEGADA A MADRID EN LA TARDE DE AYER Fot. Goñi -M S TTTS Wfe 3- V rí í V Kr -i ¿í i ñ 1 1 -f EL PRINCIPE ALBERTO DE PRUSIA QUE LLEGO AYER TARDE Fot. AseJijo EL ARCHIDUQUE FRANCISCO FERNANDO DE AUSTRIA QUE LLEGO AYER TARDE Fot. Goñi EL GRAN D U Q U E V LAD 1 M 3 RO (X) T Í O DEL ZAR D E R U S I A S A L I E N D O D E LA ESTACIÓN DEL NORTE Fot. Goñi J y de numerosos senadores, diputados, generales, almirantes. Príncipes y Princesas. Se consideraría feliz si pudiera limpiar las botas á todo el Gotha; pero hoy por hoy limita su ambición á conseguir permiso para lustrar las botas del r e y Víctor Manuel y cuidar las blancas sandalias del Papa. De temer es que. no lo consiga. L D U Q U E D E LOS DesdeEntsbbecoABRUZZOS munícan noticias poco tranquilizadoras. El comandante Humberto Cagni, compañero fiel é intelectual en todas! as expediciones del duque de ¡os Abruzzos, y que en! a realizada al Poío Norte llegó á la mayor latitud boreal alcanzada hasta nuestros días, ha caído enfermo en Eutebbe con una fiebre infecciosa que le impide acompañar á ¡os expedicionarios á la conquista del Ruwentzori. Y como si esto no fuera bastante, otro de los miembros de la expedición, el teniente de navio Eduardo Winspeare, ayudante del duque de los Abruzzos, ha caído enfermo también y ha tenido que emprender e) viaje de regreso para repatriarse. El duque Luis, contrariado por estas desgracias, no se arredra por ellas y continúa valerosamente su viaje a Ruwentzori. E DK. FRANCO FRANCH 1