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w ar r r r r w UOTsZI cuyas fuerzas están aaotadas, con dolores en ios ríñones, 4 con la vitalidad perdida ó con alguna enfermedad? Aquí se te ofrece nueva vida, nuevo vigor y los nervios y ios músculos que pertenecen á ios fuertes EL VIGORIZADOR ELÉCTRICO del Dr. McLaughlin vale su peso en oro para los hombres que han perdido las fuerzas y la vitalidad. Llena el cuerpo de fuerza nerviosa estimula la circulación de la sangre y restaura toda la enei gia mental y física perdida en otros tiempos. i -el remedio de la Naturalezí. El trabaja mientras tú duermes. Satura ei cuerpo con una corriente eléctrica, cu a suave sensación es agracable, y c ú r a l a s e n f e r m e d a d e s d e l s i s t e m a nervioso, d e l o s riSoiies, vejiga, e s t o m a g o e s t r e ñ i m i e n t o i m p o t e n c i a varieoeele, l u m b a g o y t o d a c l a s e d e dolores y debilidades. MI VlGORi ADOR LE CURARA A USTED y, después de haberle usado unas cuantas- veces, dirá lo que otros han dicho: No lo daría aunque me ofrecieran iiez veces su coste. MIRAD LAPRUEBA DE ELLO RECIBIMOS CARTAS COMO L A SIGUIENTE TODOS LOS DÍAS Sr. Dr, McLaughlin. -Madrid. Matará (Barcelona) May señor mío: Por la presiente tengo el gusto de manifestarle qae, en uaanto á mi estado, puedo asegurarle que estoy bien y nunca me arrepentiré de haber empleado el dinero- en su aparato; al contrario, si oeho ó diez años antes lo hubiese conocido, me hubiera ahorrado de sufrí r tanto. De modo que las punzadas que con frecuencia me sentía ea las espaldas y en el vientre han desaparecí dd; la vista, que la tenía muy débil, la tengo muy bien; la memoria, que tenía muy poea, todos los días conozco que voy teniendo más; de tal modo hallo mejorado- mi cuerpo, que me parece imposible. Si usted quiere hacer públicas estas declaraciones, le autorizo para que lo haga. Queda altamente reconocido á usted su afectísimo seguro servidor, q. b. -s. m. Juan Farrarón. -Su casa, Santa Marta. 1 y 2. Los m i l l a r e s d e c a r t a s q n eo b r a n e n n u e s t r o poder como l a a n t e r i o r d e m u e s t r a n l a b o n d a d d e este h e r m o s o a p a r a t o TODO EL QUE SUFRE DEBE PEDIR MI LIBRO CONSULTAS Y UIÍ H E B M O S O L I B R O GRATIS A TODOS v a il e l 1 e n pasar por nuestro establecimiento á fin de hacerse cargo de nuestro maravilloso aparato, y tengan presente j que durante la aplicación de nuestro VigorisnadorEléctr. co estarán aconsejados de nuestros médicos. El que no pueda hacernos una visita recorte este anuncio y mándelo con sus señas, y le remitiremos G R A T I S á v u e l t a d e c o r r e o un folleto, esmeradamente impreso, dando todos los detalles. íTnUíVPfííTitP ilUjJulüUltti HORAS: r p M O M r l A I Í O H l I N C L E D S VL A 16, entl. AL E E I L VIADRIO m De nueve mañana a ocho noche Lr- ix i L l l V í- (n i U V H l l- (l l i SOCIEDAD VINÍCOLA ESPAÑOLA E x q u i s i t o s Tinos d e t o d a s lases, s: B a r q u i l l o Sí, y S a n B e r n a r d o 4 y 8. -Teléfonos 1.191 y 1.181. í e a l q u i l a nuevo lujoso Jhojíel, 17 ds. mensuales, electricidad y tranvía. Roma, 2, Madrid Moderno, informarán. dos casas bien situadas. C r u z 4 2 pral. De 12 2 Yendo sin corredores JO, 2 BIBLIOTECA DE A B C ftAMUNCHO un intenso color moreno. También, algunas mañanas di helada, veíanse, al despertar, las arrogantes cimas nivosas y blancas. A Rarauncho, con frecuencia, le daban ganas de acometer su empresa bruscamente, arrollándolo t o d o Pero tenía el temor, que le anonadaba, de no salh triunfante, de volver á caer en sí, solo para siempre, nc quedándole ninguna esperanza en la vida... Además, que no faltaban pretextos razonables para esperar. Era preciso acabar los asuntos que le ligaban al pueblo, vender la casa y reunir, para la huida, todo el dinero posible. Por otra parte, quería conocer también la respuesta del tío Ignacio, al que había anunciado su próximo viaje y en casa del cual, en cuanto llegara, pensaba encontrar refugio Así pasaban los días y pronto empezaría á surgir precoz y olorosa la primavera. Las primuláceas amarillas y las gencianas azules, de aquí á algunas semanas, florecerían en los bosques y á! o largo de los caminos, doradas por los últimos reflejos de! sol invernal... XI En la sidrería del caserío de 5 astelugain, cerca de h frontera, están los contrabandistas esperando el momentc de salir? con cajones de bisuterías y de armas Itchíia habla: -Si duda, mira... y no dudará, estoy seguro... perc en fin, si duda... ¡bueno! la cogemos... Déjame dirigit el plan. Eso será por la noche, ¿entiendes... La llevamos, no importa adonde, paia cerrarla en un cuarta contigo... jA. li! si sale mal... Suponte que por ti, por darte gusto, por ayudaite, me veo obligado á abandonar el país... Entonces tendrás que darme más dinero ya lo comprendes... A menos qu pueda ir á ginar el pan a Espina... Bebieron- 1 a última ronda juntos, chocanao muy fuerte los vasos; después volvieron á partir, siempre entre el espesor de la noche y bajo la lluvia incesante, pero ahora poi la carretera y andando en banda, cantando. No llevan nada en las maños, nada en los bolsillos: parecen gentes cualesquiera, volviendo de un paseo ó de una ex tursión campestre En retaguardia, un poco lejos de los cantores, Itchúa, con sus piernas como zancos, camina junto á Ramuncho, con la mano apoyada en el hombro del joven. Interesado ya en la empresa, deseoso de su éxito, desde- que está acordada la suma que ha de ganar, le da al oído sus órdenes. Igual que Arrakoa, quiere que se ejecute todo con brusquedad- aterradora, en la sorpresa de una primera entrevista, que ha de realizarse por la tarde, tan tarde como lo permita la regla de la comunidad, á una hora indecisa y crepuscular, cuando la aldea, á los pies de? pequeño convento mal guardado, empiece á dormirse. -Y sobre todo, chico- -le dijo, -no te des á ver antes de intentar lo que te propones. Que no te vea, óyeme bien, que ni sepa tu vuelta al país... Si no, perderías la ventaja de la sorpresa... Mientras Ramuncho escucna y piensa en silencio, los demás, que abren la marcha, cantan todos la misma antigua canción para llevar el paso á compás Y así entraron en Landakoa, aldea de Francia, pasando el puente de U Nielle, junto á los carabineros españoles Los cuáles no tuvieron que averiguar qué misión llevó allí á aquellos hombres tan empaparlos de agua y en noche tan negra... Ei invierno, el verdadero invierno, se tendió sobre el país vasco después de ¡Jgu. ios di tb uc n. ua t que, que-