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ABC. DOMINGO 27 DE MAYO DE 1006. PAG. 8. EDICIÓN i. palco vacío que ocupará la Princesa. Al fin llega esta acompañada de su madre Ja princesa Beatriz y de li princesa Victoria; también ocupan el palco varias damas de la Corte inglesa qne las acompañan. Con gran trabajo, á causa de la penumbra en que estamos envueltos todos los espectadores, puedo ver que la Princesa lleva un precioso pero sencillo traje de raso azulado, y como único adorno en toda su persona prende una gran rosa en el centro de su busto exuberante. Sus rubios cabellos, en ¡os que no hay, siguiendo la moda inglesa, ni un prendido, ni una alhaja, ni una flor, están artísticamente entretejidos y como preparados a prender en ellos una regia corona. La Princesa mira con atención al escenario, y mas atentamente aun cuando Mimi y Rodolfo, los admnables bohemio se confiesan el uno al otro quienes son, sin otro motivo que la mutua simpatía despertada en ambos en supremo y único momento. ¿Quienes no hemos experimentado esta sensación, esta terrible o gratísima sensación, según los casos, de la mutua simpatía? Todos, todos la hemos experimentado: reyes, principes, poetas y filósofos Por eso me parece ver a la princesa Victoria Eugenia de Battenbeig reír graciosamente y entornar sus hermosos ojos, como recordando la momentánea y reciproca impresión que en uno de los suntuosos salones del Palacio rea 1 de Londres experimento e hizo experimental al Monarca joven, simpático y risueño, con e que en breve compartirá un trono. Y cuande Mimí y Rodolfo marchan con los brazos enla zados, jurándose eterno amor, me parece ad vertir en el semblante de la Princesa una mas pronunciada soñadora sonrisa, y que sus ojos, sus hermosos ojos tranquilos y apacibles, se a cortísima distancia de donde vivo, si se tiene en cuenta las oidtnartas aquí de uno a otro pinto. La representación esta anunciada para las ocho y treinta, y seguramente empezara a esta hora. Son las ocho y quince, el coche atraviesa veloz el centro de Londres. Yo tengo impaciencia por llegar, pues aunque no esta anunciado, se ha dicho que la representación de La Bohemia sera presenciada por la princesa Victoria Eugenia de Battenberg nuestra futura Rema. Desde que estoy en Londres, he tratado de verla sin conseguirlo, curiosidad disculpable al ser objeto de ella persona tan importante en lo sucesivo para los designios de España y que en tanta atmosfera de beldad y encanto han envuelto las crónicas penod sticas y los retr tos fotografieos. Pensando en toao esto voy, sin dejar de consultar el reloj de tiempo en tiempo Y ¿el fíansom Cob ha sorteado los infinitos automóviles y carruajes que van en nuestra dirección y sin duda se dirigen al mismo sitio, adeíantando a muchos de ellos- -jBravo -exclamo yo. -He aquí un cochero valiente jLlegate a tiempo Llego al fin al teatro; cruzo el foyer, por el que veo pasar bellas y elegantes damas i iglebas; subo por una gradería, y me encuentro en la espaciosa saja de butacas de T (oyal Opera, La Bohemia ha empezado, son las ocho y treinta y tres minutos. El teatro esta medio a obscuras; algunas de las lamparas eléctricas que hay encendidas lo ebtan con ¡a mitad del flluido ordinario espaiciendo asi una tenue luz rojiza. Poco a poco mi vista se acostumbra a aquella semi- cbscundad, y voy distinguiendo personas y objetas, Asi es como veo e! palco que ha de ocupar la ALSASUA. LA FUTURA REINA RECOGIENDO UN RAMO DE FLORES EN EL MOMENTO DE PONERSE EN MARCHA EL TREN REAL Fot Rivero princesa Victoria Eugenia; esta situado en lo que nosotros llamaríamos piso entresuelo, y es doble de glande que los otros, y, por lo tanto, tan espacioso como un entresuelo del teatro Real de Madrid. Mientras llega la Princesa, veamos quiénes interpretan la obra de Puccini. Caruso, Scotti y Miles. Donaldo y Parkins. Como si dijésemos, nadie, dirige la orquesta Campamni. Yo miro alternativamente al escenario y al VITORIA. ASPECTO DE LOS ANDENES DE LA ESTACIÓN AL LLEGAR EL TREN REAL io I ve o