Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
C. SÁBADO 26 DE MAYO DE i ov. x Aci. 12. EDICIOM i Era imposi ole contener á! a gente que había llegado á la püblacióii. Centenares de personas habían venido de la Rioja y de Bilbao. l i n a compañía del batallón de la Lealtad hizo ios honores á ¡as Reales personas. La banda municipal tocó la Marcha Rea! española y el himno Good save the king. Al llegar el tren Real una salva de aplausos y ¡vivasl a! Rey y á ta Reina llenó el espacio. El S r M o r e t fué el primero en bajar del tren para ponerse á las órdenes del Rey. La princesa Victoria recibió ramos de flores preciosos que la regalaron la señora de M e r i n o señorita Garainde y bellas señoras bilbaínas. Cumplimentaron al Rey y á la princesa Victoria los gobernadores civil y militar de L o groño y las autoridades de M i r a n d a El Rey vestía uniforme de capitán general en campaña. Revistó la compañía y fué aclamado. Durante este acto ¡a Princesa saludaba al público, el cual se hallaba entusiasmado de la belleza de la futura Reina. -Parres. p n Burgos. Burgos, 2 5 12 m. Acaba de llegar el tren Real con veinticinco minutos de retraso. A primera hora se prohibió la entrada del público á ios andenes, pero revocada después esta orden, invadió aquéllos una multitud inmensa. El número de señoras era extraordinario. Las autoridades y las corporaciones provincia! y municipal rumpliraentaron al Rey y á la princesa Victoria. Una compañía de Infantería, con bandera y música, hizo los h o n o r e s Los augustos viajeros han sido aclamados on delirio. Las tropas de la guarnición estaban formadas en el campo de Gamonal, antes de llegar á la estación, pero el tren no paró delante de ellas p o r venir ya con mucho r e t r a s o -C T n Valladolíd. TaUadolid, 2 5 4 t. Acaba de pasar el iTen i- egio. El público ha dispensado á las Reales personas una acogida delirante. t í n gentío inmenso llenaba la estación y en los andenes había más de i 5 o o o personas. E n los tranvías, en los vagones del Depósito y en ¡os tejados de los cocherones apiñábanse las personas y las filas de curiosos se extendían á lo largo de la vía desde ¡as puertas de T u dela hasta más allá del arco de ladrillo. La estación hállase vistosamente engalanada con guirnaldas, macizos de flores, trofeos, banderas y gallardetes con ¡os colores españoles é ingleses. E n un gt: an letrero, artísticamente formaao con preciosas flores, leíase la siguiente inscripción: Vaüadolid á S M el Rey y á S u Alteza Rea! la princesa Victoria. Todas las fuerzas de la guarnición hallábanse formadas, haciendo los honores y encargábanse de conservar el o r d e n E n el andén estaban todas las autoridades, el diputado S r Alba, el senador S r Gil, comisiones y representaciones de todas las C o r poraciones, Centros y Cuerpos militares y comisiones de estudiantes con los estandartes de las respectivas Facultades, Al üegar el tren regio, las bandas ejecutaron la M a r c h a Rea ¡y e ¡Himno inglés; las aclamaciones fueron delirantes y el entusiasmo indescriptible. El H i m n o británico fué coreado p o r los alumnos de! Colegio inglés y p o r los sacerdotes de igual nación, llamando la atención su entusiasmo y los constantes jhurrahsl con que saludaban á los a- ugusíos viajeros. E n el público predominaban las señoras, ricamente aíavisdas con tocados primaverales de claros V alegres colores. El Rey y la Princesa, que venían asomados á la ventanilla, fueron cumplimentados p o r las autoridades. E l alcalde ofreció a las Princesas magníficos ramos de orquídeas y preciosas canastillas de rosas y claveles adornadas con banderitas españolas é inglesa El presidente del Consejo se apeó de su d e partamento y conferenció con las personalidades más ilustres de la capital, manifestando que el recibimiento de Valladolíd superaba al- de las restantes poblaciones. También el Rey dijo que se hallaba comptacidísirao ante las espontáneas muestras de afecto que le expresaba el pueblo valisoletano. Las aclamaciones se repitieron al ponerse el tren en marcha, los ¡vivas! y los jhurrahs! ahogaban los ecos de las músicas y la ovación se prolongó hasta después de salir de agujas el regio convoy. -T icardo, p n Segovia. Segovia, 25, 5 t. A las cuatro y treinta llegó al empalme el tren Real. E n los andenes de la estación esperaban las autoridades locales, los alumnos de ¡a Academia de Artillería y numerosísimo público, que recibió á los augustos viajeros con entusiastas vítores y aplausos. También se hallaban presentes los niños de las escuelas públicas, que aclamaron al Rey y la Princesa con afectuosidad extraordinaria. Las autoridades y el administrador del Real Patrimonio entregaron á la futura Reina de España preciosos ramos de flores. -Chico. I a familia Rea! á El P a r d o A las cinco y media salieron de Palacio S M la Reina y S S A A la infanta doña M a r í a Teresa y el infante D F e r n a n d o Ocuparon el primer automóvil S M la Reina y los infantes doña María Teresa y don F e r n a n d o o t r o la duquesa de San Carlos, camarera mayor de Palacio, y el marqués de la M i n a y otro (en el que iba solo) el oficial de Húsares de Pavía, ayudante de D F e r n a n d o Sr. Pulido. S M ¡a Reina llevaba en la mano un ramo de flores, atado con cintas de los colores nacionales. E n la plaza de Oriente había numeroso p ú blico, que saludó afectuosamente á las personas Reales. Q a l í d a de los ministros. Los ministros de M a r i n a Hacienda é Instrucción pública marcharon á las cinco y media de la tarde á El Plantío, en tren especia! También marchó á aquel sitio el director general de Obras públicas. El señor conde de Roraanones y el señor García P r i e t o marcharon á El P a r d o en a u t o móvil, para dirigirse luego á El Plantío. En el tren especial iban otras autoridades y comisiones, A d o r n a n d o el arco y en los palos de la línea telegráfica se colocan banderas inglesas y españolas. A unos doscientos metros del apeadero se levanta un grandioso arco, construido p o r el Ayuntamiento de Majadahonda. E n él se lee la siguiente inscripción: El Ayuntamiento de Majadahonda á S u s Majestades y Altezas Reales. El jefe de Vigilancia, S r Jbarrola, dicta acertadas disposiciones para evitar la aglomeración de curiosos en el apeadero. E l pueblo, e ¡verdadero pueblo, agtianta sentado en los terraplenes del o t r o lado de la vía un sol de justicia. Los centenares de personas, entre las qtíe hay beüísimas damas, llegadas de M a d r i d se agrupan á los lados. E n el centro quedan solamente el elemento oficial y algunos periodistas y fotógrafos, muy pocos, provistos de pases especiales y enfundados en la levita y chistera que se les ha impuesto... I as fuerzas. P o c o después de las cinco, forma al lado derecho del andén, una compañía del regimiento del Rey con bandera y música. Detrás del arco y á unos 20 metros de distancia, dejando amplio paso para los carruajes, forma en semicírculo un escuadrón de Lanceros de la Reina. A poca distancia se halla reposando el escuadrón de la Escolta Real, al mando de SH coronel el marqués de Sotomayor. A lo largo de la línea y conteniendo á los curiosos hay numerosas parejas de la Guardia Civil y de Orden público. O e acerca la hora. A las seis menos diez minutos llega de M a d r i d un tren cargado de viajeros. Seguramente pasarán de 3.000 las personas que esperan en las inmediaciones del apeaderoÉ n el automóvil del conde de Romanones llegan éste, su compañero el ministro de G r a cia y Justicia y el gobernador, S r Ruiz Jiménez, los tres de gran uniforme, con bandas. Los ministros y el gobernador cambian impresiones con el director de Obras Públicas y el jefe de la estación del N o r t e D Israad García, ultimando los preparativos para recibir á los Reyes. ririTnn EN EL PLANTÍO h specto general, Desde las primeras horas de la tarde una muchedumbre heterogénea va reuniéndose en el apeadero que en el kilómetro 14,600 de la línea del N o r t e se ha emplazado para que descienda, de paso para El P a r d o la gentil p r i n cesa Victoria. A las tres de la tarde todavía no se na terminado el arco levantado en el andén del apeadero. Los obreros trabajan febrilmente; pero después de varias consultas se decide no concluirlo p o r falta material de tiempo. Apresuradamente se desmonta el andamiaje, se tienden cuatro magníficos tapices de la Casa Real y se esparcen p o r el suelo flores, muchas flores, especialmente rosas v claveles. 1 a familia Real. Llega en dos automóviles eléctricos, cerrados. El primero conduce á S M la Reina y á los infantes doña M a r í a Teresa y D F e r nando. E n el o t r o vienen las infantas doña Isabel, doña Eulalia y el hijo de ésta, D Alfonso, que viste el uniforme de caballero de Santiago. Descienden las Reales personas y son cumplimentadas p o r los ministros, autoridades y alto personal de la Compañía del N o r t e Doña M a r í a Cristina lleva elegantísimo vestido de seda blanca brochada- en negro, y p r e n dida en el lado izquierdo del pecho la insignia de la O r d e n inglesa de Victoria. A! servicio de S M va el caballerizo conde de F u e n t e Blanca. Al enterarse la Reina de que falta más de un cuarto de hora para que llegue el tren Real, se refugia del sol con las Infantas metiéndose en el automóvil. Se acerca la hora d é l a llegada, y el tren oficial que debe traer á los demás ministros d e s de M a d r i d no llega. D e p r o n t o á un mismo tiempo, la gente mira alternativamente á derecha y á izquierda, diciendo: ¡Ahí vienen! ¡El tren! y tienen todos razón, p o r q u e en direcciones opuestas avanzan lentamente, como si tuviesen miedo de encontrarse, d tren regio y el oficial que viene de la corte.