Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C V I E R N E S a 5 D E M A Y O D E Q o6. P A G E D I C I Ó N i. Pérez de Moya en su Varia hiifoi ia de sanctas étllustues mujeres, hablando de la reina Isabel, -tenía avisado á los de su Consejo que cuando hubiese algún negocio arduo, se quedasen allí con ella, hasta que el rey fuese ido, y les tornaba á decir: Mirad que os encargo las conciencias, y que miréis estos negocios como si fuesen propios míos y de mis hijos. ¿Qué influjo podrá ejercer en estas conciencias do que Isabel hablaba la nueva y belJa reina? AZOR 1 N VOTOS CUMPLIDOS en En la retirada montañapinos que trazamos estas líneas, entre rumorosos, no tenemos nosotros á mano la última crónica que escribimos á nuestro regreso de Londres. Pero recordamos que habíamos ya pasado el canal de la Mancha y que nos habíamos metido en un confortable coche del expreso; corría el tren por las llanuras de Normandía; recordábamos nosotros á Flaubert; el campo era de una verdura suave, aterciopelada; todo se veía cubierto de vegetación, de prados llanos; en el fondo aparecía una fronda espesa de árboles corpulentos; acaso de cuand o en cuando, por entre sus ramajes, se c o l u m b r a b a la techumbre gris y pina de una granja. Y comenzó á llover torrencialmente; una cortina de agua Velaba la lejanía y empañaba los cristales del vagón; el tren corría desenfrenado, vertiginoso; un silbido agudo y estridente, largo, nos indicaba á ratos el cruce instantáneo con otro tren que corría igualmente veloz p o r la vía paralela. Entonces, en aquellos momentos de diluviar, en que no podíamos contemplar el panorama, cogimos un libro, lo colocamos sobre nuestras rodillas, pusimos sobre él unas cuartillas y comenzamos á escribir un artículo. En aquel artículo, con que cerrábamos nosotros la serie de los escritos durante nuestro viaje, dedicábamos, sí mal no recordamos, unas palabras á Londies y á París; luego hacíamos un lig e r o paralelo entre l i s dos princesas á q u i e n e s la opinión miraba como debiendo ser, una de las dos, reina de España. La princesa Patricia tía sencilla, discreta callada; tenía la mira da dulce y los moví mientos lentos; traía 2 nuestro espíritu el re cuerdo de estas mu chachas b u e n a s que hemos visto tantas veces en los pueblos es- S M E L R E Y Y S A R LA PRINCESA VICTORIA EUGENIA, SU PROMETIDA ESPOSA. pañoles, dispuestas á fcot. Undervood ULTIMO RETRATO HECHO L LONDRES todo sacrificio, resignadas, atentas en silencio á todos los detalles de la casa; la princesa Victoria, era otro temperamento: era vivaracha, rápida, enérgica; en sus ojos brillaba la luz de un espíritu vigilante en todos los momentos, que n j se doblega jamás y que no puede consentir ni una deslealtad ni una injusticia. Nosotros habíamos observado en Londres la instantánea convergencia del espíritu del Rey y el de la princesa Victoria al conocerse por vez primera; había en el rostió de nuestro Monarca una alegría súbita, irreprimible, cada ve ¿He aquí una nueva reina que pone sus lindos pies en las gradas del viejo solio. ¿Qué honzonte desconocido van á descubrir nuestros ojos? ¿Qué rumbos inmarcables van á seguir los días de España? ¿Qué trazos nuevos va á señalar sobre la historia esta linea de reinas y princesas que comienza con aquella enérgica mujer que se llamó Isabel 1? ¿1 recuerdo de esta mujer extiaordinaria es aquí oportuno; en el trono mismo en que ella se sentó, va á sentarse esta encantadora princesa. Tenía fwibiido á los Cz su Consejo- -dice el bachiller que se hallaba en presencia de la princesa rubia. Diríase que todas las cosas habían sido hechas para que estas dos almas se encontraran, que debían encontrarse forzosa y fatalmente, y que al encontrarse, una lu ¿misteriosa, indefinible, había surgido entre los dos... Y nosotros, modestos periodistas, en aquellos momentos en que lo futuro era aún una nebulosa, terminábamos nuestra crónica diciendo: ffHacemos los más fervientes votos porque esta bella princesa rubia sea la reina de nuestra España. Los votos se han cumplido. Noviazgos reales i a manera como lie- garon á ser novios ¡os actuales Reyes de Inglaterra, fue romántica en extremo. Eduardo V i l entonces príncipe de Gales, había cumplido la edad en que todo heredero del trono de una gran nación debe casarse, pero ninguna de las jóvenes de regia estirpe con quienes se trataba de unirle era de su gusto, y los hombres de Estado comenzaban á alarmarse ante el temor de que el futuro monarca quisiera permanecer soltero. Pero un día, visitando el Príncipe la catedral de una ciudad que encontró al paso en uno de sus frecuentes viajes, mientras el cicerone le enseñaba t o d o s los rincones del sagrado recinto, señalándole esta ojiva ó aquella escultura, Eduardo V I J notó, entre los fieles que llenaban el templo, una preciosa joven tan llena de belleza y distinción, que mirándola olvidó por completo los artísticos tesoros de la catedral. ¿Quién es esa señorita? -preguntó A 1 ciceione. -lina hija del Rey de Dinamarca- -contestó el interrogado. Con razón escribió después en sus Memorias la reina Victona que fue una verdadera suerte que aquella devota joven llevara sangre real en sus venas, pues si el Prín cipe hubiei a encontra do algún obstáculo para casarse con ella, es. seguro que Edirardo Vil estaría soltero á estas fechas. El Príncipe apresuróse á ir en busca de! Rey danés, y después de contar con su consentimiento, obtuvo de los labios de la misma Ptincesa ese sí que hace tan feliz á un Príncipe como al ultimo de los mortales, rjocos monaicas conocemos que tengan un carácter tan oiiginal é independiente como el Kaiser. Kn su juventjd demostraba ya su temperamento. Mas la Rem? de ingUteira, qui